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VIRGILIO,

LA PINTURA RECUPERADA

ISABEL GARCÍA

El más de medio centenar de obras que se exponen en la Galería José de la Mano hablan lenguajes muy distintos que sitúan a su autor en un complejo cruce de caminos entre la formación y la madurez, entre la búsqueda de un estilo personal y la adopción de otros registros; sin duda, los más sobresalientes son el postcubismo decorativo y la abstracción geométrica. Y es que fueron muchos los artistas que se aventuraron en estas poéticas cuyo desarrollo nunca fue lineal. De hecho, una de las primeras impresiones que tenemos ante una obra de Virgilio Vallmajó es relacionarla inmediatamente con el cubismo... pero, qué cubismo: analítico, sintético, hermético, científico, órfico.


En mi opinión, creo que lo primero y más importante es conocer la naturaleza y los aspectos que rodearon la concepción de las primeras obras de este artista, obras que serán, en efinitiva, la guía de toda su producción posterior. Es cierto que sus paisajes se reducen a esquemas geométricos que, en gran medida, heredan la tradición iniciada por Picasso y Braque ya desde 1906, en concreto los paisajes de Horra de Ebro y 1'Estaque; también es cierto que su temática predilecta es la de los cubistas: naturalezas muertas con periódicos, frutas, botellas,  jarras u otros objetos, guitarras que se descomponen, veladores, etc.; igualmente, existió una relación con el genio andaluz que le pudo incorporar a la nómina de aquellos artistas que experimentaron la influencia de su pintura.


Sin embargo, ¿cuánto hay realmente del cubismo de Picasso en nuestro pintor? La verdad es que si retrocedemos a los últimos años de la década de los treinta, fecha en que se datan los primeros cuadros conocidos de Virgilio, Picasso se encuentra en otras coordenadas bien  distintas.


Inmerso en el conflicto civil español, en 1937 acababa de exponer El Guernica en el Pabellón de la República en la Exposición Internacional de París -con obvias connotaciones políticas- y, dos años más tarde, ayudaría a numerosos artistas españoles a escapar de los campos de concentración franceses. En cuanto a su pintura, Picasso había alcanzado un estilo de madurez protagonizado por una figuración de grandes planos geométricos, en ocasiones de ecos cubistas, con una gran carga de expresividad emocional ¿Qué hay de todo ello en la pintura de Virgilio? Realmente nada. Por ejemplo, en el Retrato de Picasso (1939) se advierte una facetación muy simplificada donde predominan los rasgos figurativos, en contradicción con la ortodoxia del cubismo analítico de retratos como el de Daniel-Henry Kahnweiler (1910).


Picasso, si cabe, se convierte en un destello que deja paso a un cubismo más decorativo, el de finales de la Primera Guerra Mundial de un Braque, de un Juan Gris, de un Ozenfant, etc. Decodos ellos, el más influyente fue Juan Gris, el artista español prematuramente fallecido en 1927.


Su legado permanecería muy vivo en la retina de Virgilio, tanto en los bodegones a lápiz, que aún recordaban los años de la Section d'0r, como en la vuelta a la figuración desde presupuestos clasicistas que abunda en su producción.

 

 

Virgilio, Retrato de Picasso, 1939
Juan Gris, Naturaleza muerta con
guitarra
, 1924

 

Virgilio, instalado en Toulouse, comenzaría una incesante aunque corta carrera artística donde se fueron combinando las diversas variedades y evoluciones del cubismo practicado en París, de tal manera que en esa amalgama de lenguajes se cruzan, cohabitan y se instalan otros, hasta rundirse gradualmente con la abstracción geométrica. Desde el orfismo del matrimonio Delaunay pasando por el sincromismo americano de McDonaId Wright y Morgan Russell, el suprematismo creado por Malevitch y seguido en las formas por Alexander Rodchenko, Ivan Kliun... o el neoplasticismo holandés hasta el grupo Abstractiun-Création, sucesor del mítico grupo Cercle et Carré, fundado en 1930 por Georges Vantongerloo y entre cuyos miembros más destacados se encontraban Augusre Herbin, Kupka o Gleizes... todos ellos son nombres y propuestas plásticas que sin lugar a dudas acuden a nuestra memoria cuando contemplamos una obra de Virgilio.


Pero quién fue realmente Virgilio. Sabemos muy poco de su biografía aunque sí se conservan algunos documentos personales, sobre todo fotografías de su escancia en Toulouse. Al artista que llega a esa ciudad meridional sólo podemos imaginarlo en los que fueron escenarios del arte español moderno previo a la guerra civil.

 

 

Virgilio en Toulouse, c. 1941
Virgilio y su mujer en Capbretm, 1943

 

 

Desde muy joven siente una gran atracción por la pintura, influido seguramente por la Escuela de paisaje de su ciudad natal, Olor. Muy pronto se instala en Barcelona, uno de los centros artísticos más importantes de la Península, donde desde 1912 se habían desarrollado movimientos de vanguardia como el cubismo, plamsmo, vibracionismo, biologismo... tendencia reforzada por la presencia física de muchos de sus representantes, huidos de la guerra. Tras un cierto repliegue hacia la figuración en los años veinte, en la década siguiente se vuelve a activar la maquinaria vanguardista, en arquitectura con la devoción al Movimiento Moderno del GATCPAC y en as artes plásticas con la experimentación dentro del surrealismo, que estará abanderada por ADLAN.


Hacia 1936 abandona la ciudad condal para instalarse en Madrid, centro que conocía momentos de esplendor artístico que muy pronto, sin embargo, quedarían interrumpidos por el estallido de la guerra civil. Hasta entonces, Virgilio pudo asistir a numerosas muestras interesantes, como la primera gran exposición retrospectiva que ADLAN organizó a Picasso en la capital.


El inicio de la guerra le sorprende en Madrid. Regresa de inmediato a Cataluña, donde realiza labores propagandísticas para la causa republicana, ingresa en la FAI (Federación Anarquista Ibérica) y combate en el frente de Aragón, concretamente en la batalla de Belchite (agosto de 1937). En febrero de 1939 parte al exilio francés. Logra escapar del campo de Argeles y se instala en París, donde entra en contacto con Picasso, de cuya relación se conservan varios retratos. También entabla amistad con el poeta Jaume Sabartés, con quien discutía sobre filosofía, y contacta con la colonia española de exiliados. En ese mismo año, Robert Delaunay y otros defensores del arte abstracto — Van Doesburg, Fredo Sidés... — organizan en la galería Charpenrier el Primer Salón des Réalités Nouvelles. Se trataba de una  gran muestra de artistas abstractos que, seguramente, tuvo que ver en persona Virgilio, tal y como se deduce de su obra más tardía. En particular, el predominio del lenguaje de los Delaunay en las composiciones de Virgilio se podría deber a la existencia de algunos cuadros del matrimonio francés, que además residió en Barcelona durante los años veinte.


Más cercana en el tiempo, si cabe, se encuentra la gran Exposición Internacional de París en 1937, donde se exhibió, en el hall del Palacio de los Ferrocarriles, todo un compendio de arte simukaneísca, en la que supuso una de las primeras exhibiciones a escala monumental del arte abstracto. Es probable que el eco de aquella gran intervención pública aún latiese en el París de 1959. En cualquier caso esta relación Virgilio-Delaunay continuaría en el exilio, ya en el sur de Francia.

 

 

Sin embargo, como ya se ha dicho, su primera producción comienza siendo en clave neocubista, con obras que fueron expuestas en la parisina Galería Casrelucho. En aquella ocasión formaba parte de una muestra colectiva dedicada a los artistas de la guerra bajo el título Exposición de Pintores de la España Libre.


El estallido de la segunda guerra mundial y el agravamiento de su enfermedad - padecía tuberculosis, contraída en la guerra - le obligan a trasladarse a un lugar más seguro. Francia había quedado dividida en dos zonas, la ocupada por los nazis y la supuestamente libre, en el sur del país. En ésta última se instala Virgilio, en Toulouse, que se convertirá en uno de los bastiones de la resistencia española, y se integra de lleno en la colonia de artistas exiliados que intentaban reanudar su actividad artística, entre ellos Manuel Camps-Vicens, Antonio Alos, Hilarión Brugarolas o Joaquim Vicens-Gironella.


Uno de los escasos testimonios sobre Virgilio lo escribe Michel Barde, artista exiliado de tercera generación en Toulouse, quien recuerda algunos de los relatos de su padre, un anarquista catalán que le conoció:


"Qué decir del gran pintor neocubista Virgilio que desapareció demásiado pronto, en 1947, dejando tras él una obra comparable a la de Juan Gris ¡ Un artista que en su último año se encamina hacia una total monocromía!

Los españoles de Toulouse tenían por costumbre reunirse donde se encuentra ahora la estación del metro Jeanjaurés. Al español le gustaba hablar y un buen número de obreros era gente muy cultivada. Por la noche se recreaba el ambiente de las Ramblas y cuando hacía buen tiempo, se sacaban las sillas y se hablaba, como en el 'quai de Tounis', tan largo, lugar de encuentro para tanta gente diferente. Camps-Vicens,
el viejo capitán de la amada republicana y Virgilio, el anarquista, no hablaban jamas de la revolución sino de pintura".

 

 

Sonia Delaunay, Ritmo y color, 1938
Theo Van Doesburg, Contra-composición simultanea, 1929

 

 

En los años cuarenta nuestro pintor viaja por las costas de Collioure, Vermeille y Capbreron, entre otras poblaciones, realizando paisajes que muy pronto conseguirá exponer en Toulouse bajo el título Naturalezas muertas y Paisajes del Mediterráneo.

El éxodo continuó despla2ando a los artistas. Hacia 1941 se reencontraron cuatro amigos: Sonia Delaunay, Jean Arp, Sophie Tauber-Arp y Alberto Magnelli, precisamente en el sur de Francia. Comenzaron a trabajar juntos y constituyeron el Grupo Grasse, disuelto muy pronto por las continúas persecuciones de la Gestapo. Dibujos, acuarelas, papiers froissés... cada cual se expresó a su manera. Comenzaba así una nueva propuesta artística de intensos matices individuales que partían de las formas geométricas hasta llegar a las abstractas. Este episodio del arte moderno francés vuelve a ser tangencial a una parte de la producción de Virgilio. La organización de planos fragmentados (a veces encajados entre sí, otras disociados) resulta muy familiar a la del Grupo Grasse, sobre todo a la de Alberto Magnelli y Sonia Delaunay. Y es que tres años más tarde y tres antes de la muerte de Virgilio, Sonia Delaunay se trasladaba a Toulouse para decorar el Centre d'Accueil International de la Cruz Roja. Me inclino a pensar que esa coincidencia fue trascendental para el arre último de Virgilio. De hecho, los discos simultáneos y las variaciones cromáticas, espaciales y lumínicas se apoderan de los lienzos del artista catalán en lo que sería su testamento pictórico.


Hacia 1945 su salud se deteriora, situación que unida a sus dificultades económicas y su pasión por la pintura le obliga a trabajar sobre soportes tan cotidianos como manteles, sábanas, toallas, sacos, tablas, cartones, etc. Ingresado de nuevo en el hospital de Amélie-les-Bains (la primera vez fue en París, en el hospital de Montauban, donde había conocido a su esposa), poco después fallecía, con tan sólo treinta y tres años pero con más de un centenar de obras que permanecieron durante más de medio siglo apiladas sobre las paredes de un granero.

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