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Virgilio: mensaje en una botella

JUAN  MANUEL  BONET

 

Uno siempre ha sido receptivo a los mensajes en una botella. Mensajes en una botella son ciertos cuadros o libros como caídos del cielo, o más bien habría que decir emergidos del suelo, del arroyo, y que desencadenan en nosotros el deseo de saber más, de emprender o proseguir una quest. Así Andalucía (1930), de Alfonso Ponce de León, constituyó un acicate para saber más sobre nuestro gran realista mágico, y lo mismo sucedió, en el caso de Federico Castellón, a partir del encuentro con cierto paisaje alménense de 1934, de connotaciones dalimanas. Por el lado de lo impreso, un ejemplar de Buenos Aires 1936, de Horacio Coppola, terminó siendo, por un azaroso conjunto de circunstancias, el desencadenante de la primera exposición europea del fotógrafo argentino cuyo centenario en vida celebraremos el año que viene.


José de la Mano me descubre ahora la pintura de Virgilio Vallmajó (Olor, 1914 - Toulouse, 1947), apenas una sombra doliente, de vida breve y atribulada, del que nada sabíamos, y sobre el que existen bien pocos datos. Virgilio Vallmajó prescindió de su apellido, para quedarse en "Virgilio", a secas, como a secas Manuel Hugué es por siempre "Manolo", o Alberto Sánchez, '"Alberto", o el compositor húrgales Antonio José Sánchez Palacios, "Antonio José". Para José de la Mano, Virgilio ha sido eso, un mensaje en una botella, azarosamente recibido de Francia, y que ha decidido transmitir al público entendido español.


Olor, la ciudad natal de Virgilio, en el Norte de la provincia de Gerona, a orillas de un lago, es conocida como centro productor de imaginería religiosa, y también como sede de un movimiento de pintura paisajística fundamentada en el naturalismo. El, que había trabajado en uno de aquellos talleres de imaginería, rompió pronto con tan limitado horizonte, para instalarse en la Barcelona de 1932. Apenas nada se sabe de aquellos sus años de formación, durante los cuales debió empaparse de modernidad cultural - era la época final de la acción de Josep Dalmau como galerista pionero, y también la época de ADLAN y del GATCPAC-, y de inquietudes sociales. La guerra civil condujo a Virgilio a enrolarse en las filas de la CNT-FA1, y a luchar en el frente aragonés. Siglo de siglas, dijo el poeta. Luego vendrían la derrota, el éxodo, el campo de concentración de Argelés-sur-Mer, el hospital de la ingresca Montauban - donde se le detectó una tuberculosis, y donde conoció a la que sería su esposa - París - donde en 1939 traba contacto con Picasso, al que retrata a lápiz, tratando además a su fiel Sabartés -, la Segunda Guerra Mundial, la ocupación alemana de Francia, la instalación en Toulouse - la ciudad más hispánica de Francia, en la que el pintor frecuenta a otros exiliados republicanos-, las estancias como convaleciente en Amélie-les-Bains, en un territorio de alta densidad artística moderna como el Rosellón, ya conocido por él -obviamente en peores circunstancias- cuando lo de Argeles...

 

Henn Matisse, Vw de Collwure (Lectocher), 1905
José Jorge Oramas, Roca y pitas, s.í.

 


Sobre este fondo digamos novelesco, común a tantísimos españoles de su edad, Virgilio es, sí, apenas una sombra doliente, sobre la que disponemos de pocas pistas, de pocos "detalles exactos". Casi un personaje de ficción, de una ficción, digamos - ya que hablamos de los tristes años de la guerra civil-, maxaubiana, más por el lado de los Campos que deiJusep Torres Campalans. Pero por fortuna quedan, como preciosas reliquias, sus lienzos, sus tablas, sus papeles. Lienzos, tablas y papeles que ahora se verán en Madrid, en la nueva galena de arte moderno que abrió hace poco José de la Mano.


Fallecido a los 33 años, un tercio de los cuales fueron, sí, de guerra civil, de guerra mundial, de ocupación alemana del país en que se había refugiado. Virgilio, el catalán trasterrado, no tuvo apenas tiempo ni espacio para consolidar su proyecto estético, su poética. Sin embargo, las reliquias que ahora tenemos la oportunidad de contemplar, realizadas siempre sobre materiales pobres, precarios, que nos hablan de las penurias de aquellos tiempos, son muy hermosas. Testimonios, en aquellas circunstancias difíciles, de una búsqueda personal, hecha de una especialísima mezcla de rigor, y de pasión. Nada sabemos de los prolegómenos, sobre el telón de fondo de la agitada Barcelona de los años republicanos. Francia es pues el escenario único en que, a lo largo de apenas siete años, transcurre la aventura ahora evocada. Virgilio transita entonces del cubismo a la abstracción geométrica.

 

Luis Fernánde2, Abstracción, s.í.
Auguste Herbin, Composition cinulain, 1918

 


Pese a que trató, como se ha dicho, a Picasso, el cubismo del de Olot se nos aparece más bien como de estirpe grisiana. La guitarra flamenca y la mandolina - ya presentes en el primer Juan Gris, el de las ilustraciones simbolistas para Francisco Villaespesa y otros poetas-, el violín, el velador, la botella, la copa de cristal, la jarra asimismo cristalina para el agua, la metálica y humilde cafetera, la paleta, el tazón, el porrón -tan catalán-, la prosaica geometría de los azulejos o del enlosado del suelo, el doméstico tapete primorosamente bordado, la carra entreabierta -en unos años de muy frecuente censura de la correspondencia-, el folleto desplegado -e ilegible-, el clásico frutero con manzanas, peras o uvas, el florero, los pescados en la ovalada fuente frugal, los jarrones de loza, las macetas, el tablero de ajedrez, la ventana abierta a un paisaje —como en el Juan Gris de los primeros años veinte-, la calavera -picassiana, y también fernandezca-, son algunos de los motivos -en su mayoría familiares para los amateurs de pintura cubista y post-cubista, y especialmente de pintura cubista y pose-cubista española- que le sirven de pretexto para construir sus austeros y escolásticos bodegones.


Desde el punco de vista cromático, reinan en ellos una austeridad, una sobriedad -melancólicos grises, azules, ocres, pardos, naranjas, verdes- que han podido ser interpretadas en clave románica, es decir, primitivista... Especialmente rigurosos son sus papeles, enrre los que destacaré Guitarra y calavera, combinación muy epocal de la juerga flamenca y la vanitas, que opera asimismo en el lienzo de mismo título, que se complica con un fondo netamente geométrico. De ahí pasamos a vistas urbanas de Toulouse, a Paisajes con casas cúbicas que tienen mucho de égloga... virgiliana, a un fantástico Paisaje del Mediterráneo... En dos ocasiones al menos, el paisaje al que acabo de hacer referencia, y Casas de Collioure, comparece en esta zona de la obra la clásica visión del precioso campanario-faro de la iglesia marinera de la localidad rosellonesa aludida en el título del segundo cuadro, localidad donde en 1939 había fallecido Antonio Machado, y donde a comienzos de siglo habían pintado, entre otros, Matisse, y Juan Gris, el cubista más puro. En Virgilio, y pese a que como ya lo he indicado hay ecos del segundo, el cubismo se anima, se eriza, se curva, vibra, y por momentos casi se tuerce hacia el expresionismo, un expresionismo con tramontana.


Paisaje con casa, la tabla de la casa o masía clásica junto a un gran árbol, en medio de un paisaje con mar, y presumiblemente pintado en Collioure, me parece uno de los más conseguidos de su autor.


Resulta felicísima la síntesis que en él opera. El idioma básico es ese cubismo digamos "animado" al que acabo de hacer referencia. El magnifico, esplendente cactus en primer plano, resuelto en clave geométrica, remite a los años del realismo mágico europeo, en que, sobre todo en Alemania —pero también tenemos ejemplos más cercanos: por ejemplo, otro pintor doliente, el grancanario José Jorge Oramas, el mecafísico solar-, era la planta moderna por excelencia. Algo, por lo demás, en la atmósfera general, y muy especialmente en la tipología de estirpe romana de la casa —tipología que reaparece en otros cuadros aquí presentes, uno de ellos. Casas sobre paisaje, acentuadamente geomerrizado-, nos habla de un sustrato "local": una atmósfera, a la postre, clasicista, que por encima de las diferencias estéticas y políticas -no olvidemos que estamos hablando de un Genetista- remite a los ideales noucentistes, grecorromanos, clasicistas, de una cierta Cataluña orsiana, uno de cuyos protagonistas, Aristide Maillol, tan admirado por Manolo, era de Banyuís, localidad próxima a Collioure.

 

Lajos Kassák, Bildarchitektur, 1923

 


Acabo de hablar de recursos formales expresionistas, y sin embargo Virgilio, pintor, concentrado donde los haya, y de cuya producción la figura está casi del todo ausente, rehuye siempre –al menos en los ejemplos que conocemos, pero presumiblemente la obra toda tiene este tono- la vehemencia, la estridencia, la urgencia, el mensaje... Como si la historia y sus tumultos, se detuvieran en el umbral de la obra, abocada a otro tempo.


En la segunda y última etapa de que consta la breve vida artística de Virgilio, asistimos, como acabo de decir, a su canto del cisne: al salto a la abstracción, una abstracción de base geométrica. Ya en algunos de sus bodegones, los fondos iban por ese lado, algo que he indicado a propósito de la versión en lienzo de Guitarra y calavera. Si en alguna ocasión en esta fase final el pintor llega a una austeridad compositiva y cromática casi neo-plasricista, y en ocasiones hasta casi pre-minimalisra, las más de las veces prefiere un tipo de organización de la superficie más compleja, y sobre todo más dinámica: planos que se superponen, círculos concéntricos, triángulos, diagonales, flechas, cruces... De la meticulosidad con que trabajaba nos puede dar una idea Composición con números, presumiblemente un boceto destinado a ser agrandado. En cuanto a la gama cromática, sigue siendo sustancialmente la misma, aunque ahora gane en intensidad, haciendo su aparición tonos más vivos: azules celestes, amarillos, rojos... Nada sabemos a ciencia cierta de las fuentes de este segundo Virgilio, de este Virgilio de después del cubismo. Ignoramos cuál fue exactamente su grado de conocimiento de los orígenes de la abstracción. Indudablemente los cuadros y papeles ahora rescatados, entre los primeros plenamente abstractos de un español, le garantizan un lugar pionero en la historia de la nofiguración, en nuestro país: una suerte de eslabón entre el Luis Fernández de los años treinta -de la época de Abstraction-Création-, y las búsquedas de un J. Fin o de los Pórtico de Zaragoza de finales de los cuarenta. Nos dicen que además de conocer el trabajo de pioneros como Mondrian, Kandinsky, Kupka o Robert Delaunay, y tal vez el de los constructivistas rusos -esros últimos entonces casi invisibles en Occidente-, debió mirar del lado de la mencionada Abstraction- Créatton, y especialmente del de su principal animador, el francés Auguste Herbin (1882-1960), que algún tiempo antes había recorrido él también el camino que conduce del cubismo -la villa rosellonesa de Céret, Meca del movimiento, lo vio pasar, por cierto, inmediatamente antes de la Primera Guerra Mundial-, a la abstracción geométrica, vía el realismo mágico -Franz Ron reprodujo un cuadro suyo en Realismo mágico-, y al que ya en la posguerra, en la época de su Salón des Réalités Nouvelles, tratarían el tarraconense Jacinto Salvado, y el alicantino Ensebio Sempere.


Anee algunos de los últimos papeles abstractos de Virgilio, uno, considerando su esencialidad y su dinamismo, ha llegado a pensar en algún tipo de conexión secreta entre el de Olot, y Lajos Kassák, Laszlo Peri y otros pioneros de la vanguardia húngara. El mejor ejemplo de ello es el estupendo papel titulado Composición con círculo, donde los colores en presencia, el rojo y el negro... son los de la CNT. Conexión húngara que uno, por lo demás, sabe imposible, ya que si difícil era, en aquel tiempo, saber algo de Malevich, Lissitsky o Rodchenko, todavía más lo era el saber de una modernidad, la centroeuropea, que surgió y se desarrolló en circunstancias especialmente difíciles.


Vana tarea aventurar hacia dónde, de vivir más tiempo, habría dirigido sus pasos, vital y estéticamente hablando, Virgilio, la sombra doliente que ahora retiene nuestra atención. Estas cuantas reliquias hermosas, en cualquier caso, hablan, insisto, por sí solas. Mensaje recibido.

 

Claudio Coello 6 28001 Madrid tel. (34) 91 435 0174 galeria@josedelamano.com