SEBASTIÁN
MUÑOZ
(c. 1650-30.3.1690)
En el caso de Sebastián
Muñoz (c. 1650-Madrid, 30.3.1690) nos encontramos con un
ejemplo del típico pintor español de la segunda
mitad del siglo XVII. Discípulo de Claudio Coello, un trágico
accidente de trabajo acabó con su vida siendo muy joven
lo que impidió que pudiese llegar al cénit de su
carrera artística. Su aprendizaje y el desarrollo de su
carrera cortesana a la sombra de un maestro (en este caso, Claudio
Coello) y de un patrón (la primera esposa de Carlos II,
María Luisa de Orleans), es habitual entre los pintores
de su época, punto final de un modo de hacer que se transformará
paulatinamente en la primera mitad del siglo XVIII hacia el aprendizaje
institucionalizado en la Academia de San Fernando. También
Sebastián Muñoz es un ejemplo de lo escasamente
estudiados que se encuentran estos pintores postvelazqueños.
Al día de hoy sigue siendo Palomino en su El Museo Pictórico
y Escala Óptica, el principal referente para el conocimiento
de su vida y obra teniendo en cuenta que, en este caso, Palomino
le conoció en vida y personalmente siendo un íntimo
amigo suyo.
El primer problema que nos presenta la biografía de Sebastián
Muñoz es el lugar y fecha de su nacimiento. Palomino le
hace natural de Navalcarnero y considera que nació alrededor
de 1654. Ambos datos han sido puestos en duda por la historiografía
artística posterior. Por lo que respecta al lugar de nacimiento,
Sebastián Muñoz se autoproclama "natural de
Segovia" mientras que los especialistas de la obra de Muñoz
consideran que se debe retrasar su nacimiento hacia 1650, aunque,
en este caso, con argumentos poco convincentes.
Desconocemos quién fue el primer maestro de Muñoz
aunque, de esta etapa, conservamos dos retratos realizados a Baltasar
Álvarez de Toledo, conde de Cedillo y a Ana Álvarez
de Toledo, de no muy elevada factura técnica. Palomino
nos informa que Muñoz fue discípulo de Coello a
través del cual entraría a formar parte del equipo
que decoraría, al temple, las pinturas profanas hechas
para la entrada en Madrid de María Luisa de Orleans con
motivo de su casamiento con Carlos II en enero de 1680.
Con las ganancias de este trabajo, Sebastián Muñoz
marchará a concluir su aprendizaje a Roma, ciudad en la
que residió hasta 1680. En ella, Muñoz participaría
en el fallido intento de crear una Academia de Pintura de la Nación
Española en Roma. Allí acudiría como alumno
a diversas academias observándose en las pocas obras conservadas
de este período, fundamentalmente dibujos, la influencia
fundamental de Carlos Maratti. De esta época se conocen
tres Academias conservados en la Galería de los Uffizi
de Florencia.
De regreso a España, Sebastián Muñoz se pondrá
nuevamente bajo la tutela de Claudio Coello para realizar la decoración
mural de la Capilla de Santo Tomás de Villanueva en el
Colegio de la Mantería de Zaragoza en donde la influencia
ilusionista de Mitelli y Colonna se plasma nítidamente.
Con su maestro regresará a Madrid donde Sebastián
Muñoz pintaría un techo del cuarto de la Reina con
la fábula de Angélica y Medoro y la Galería
del Corzo del Cuarto de la Reina -junto con Isidoro Arredondo,
Jan Van Kessel "el Joven" y Antonio Palomino-. Además
de las decoración murales, de este momento, es el retrato
de María Luisa de Orleans y varios retratos del entorno
de la soberana. Esta etapa se ve coronada por la concesión
de los honores, el 30 de agosto de 1688, de pintor del Rey y su
casamiento con Margarita Frías, de la que parece ser que
no tuvo descedencia.
Además de los encargos palaciegos, Sebastían Muñoz
también trabajó para particulares como la Congregación
de San Eloy de Artífices Plateros madrileños que
le encargaron varias pinturas para sus fiestas patronales y los
cuadros del Martirio de San Sebastián y el Martirio de
San Zoilo. De estos encargos privados el más significativo
fue el que le realizaron los carmelitas calzados de Madrid tras
la muerte de María Luisa de Orleans plasmado en el magnífico
cuadro Los funerales de la reina María Luisa de Orleans,
sin duda alguna, la obra más importante de su producción
conservada.
Tras la muerte de María Luisa, la nueva boda de Carlos
II con María Ana de Noeburgo propició una nueva
decoración de los aposentos de la reina que se encargó,
nuevamente al pintor de Cámara, Claudio Coello. Éste
vuelve a llamar a Sebastián Muñoz, junto a Isidoro
Arredondo y Francisco Ignacio Ruiz de la Iglesia, para redecorar
dichos aposentos. La tarea se estaba desarrollando sin mayores
incidentes cuando el Lunes Sant de 1690, el 30 de marzo, Sebastián
Muñoz cayó del andamio sobre el que trabajaba muriendo
instantáneamente. De esta trágica manera acababa
bruscamente la vida de uno de los principales pintores de la Corte
madrileña del reinado de Carlos II del que se conoce poco
y se conserva aún menos.
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