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La Poesía Pictórica De
Máximo Ramos

(A Graña, Ferrol, 1880-Madrid, 1944)

 

Por María Blanco Conde

 

 

Forma parte del grupo de artistas nacidos en Galicia en la década de los años ochenta del siglo XIX, una época de grandes innovaciones en el arte figurativo europeo, de cambios significativos e importantes pintores. 1880 también es el año en el que se establece el marco cronológico histórico del regionalismo gallego [1] , que se sitúa hasta 1918 y se publica el poemario de Follas Novas de Rosalía de Castro.

 

En el panorama artístico gallego de fin de siglo y en el español en general, conviven poéticas muy diversas, desde el romanticismo hasta el realismo, así como el naturalismo y el simbolismo. Su curiosidad y la continua experimentación pictórica le llevaran a expresarse a través del modernismo, simbolismo, prerrafaelismo y art decó en el que todo se acumula y se superpone en un camino continuo hacia la renovación plástica.

 

En la década anterior en Galicia, ya habían destacado un reducido grupo de pintores bautizados como Generación Doliente o Xeneración Doente [2] formada por Jenaro Carrero (1874-1902); Ovidio Murguía (1871-1900); Parada Justel (1871-1902) y Joaquín Bahamonde (1872-1900) con los que Máximo Ramos comparte temas e inquietudes. Con pintores ferrolanos de su generación como Felipe Bello Piñeiro (1886-1952) e Imeldo Corral (1889-1976) con los que mantiene amistad, tiene en común fórmulas neo-románticas y su condición de pintor autodidacta le favorece en cuanto a su originalidad para resolver  problemas de índole técnico y que suele solucionar con indudable acierto. Felipe Bello Piñeiro [3] , su primer biógrafo, manifestaba que “en un momento de vida artística sin ambiciones llega de regreso a Madrid el hombre de la chalina y el chambergo”, [4] por otros historiadores que han buceado en su vida y trayectoria profesional sabemos que llevó una vida novelesca, muchas veces mostrando paralelismos a las novelas que tantas veces ilustró a lo largo de su vida [5] .

 

Señala Fernando Mon [6] que esa originalidad se advierte en el tratamiento lumínico de sus cuadros, en la profundidad y hondura de sus composiciones y coincidimos con el crítico en afirmar que en su plástica más temprana es evidente la influencia literaria de Valle Inclán y de los simbolistas ingleses. En su pintura están presentes a la vez varias corrientes estéticas, siempre dentro de la figuración: el romanticismo, el realismo, el simbolismo, además de ciertos guiños hacia la estampa japonesa y la asimilación del Art and Crafts británico en los rótulos de sus ilustraciones a su vuelta del continente americano en 1915. Ilustraciones que guardan un gran parecido a otros pintores coetáneos como Penagos o Federico Ribas quienes también trabajan asiduamente como colaboradores de revistas ilustradas madrileñas, aunque la mayoría de los artistas españoles durante la primera mitad del siglo XX suelen colaborar ilustrando revistas .

 

Desde sus primeros pasos artísticos, Máximo Ramos muestra un sólido conocimiento de su oficio y unas excelentes cualidades técnicas y esta exhibición  que agrupa casi un centenar de obras inéditas procedentes del taller del pintor, es extraordinaria no sólo por la cuantía del número de obras sino también porque a través de ellas podemos estudiar la evolución de su obra y confirmar sus grandes dotes como dibujante e ilustrador, campo en el que se desarrolló sobre todo en la década de los veinte. Las obras estudiadas testimonian el entorno cultural del pintor: regionalismo, costumbrismo e intimismo, se articulan con propuestas más vanguardistas, poniendo de manifiesto un proceso de modernización que determinaron su desarrollo artístico tomando como eje cronológico desde los inicios del siglo XX hasta casi los años 50.

 

Sus primeros trabajos comienzan alrededor de 1900 en su ciudad natal, colabora con El Correo Gallego, realizó algunos trabajos como ilustrador a principios del siglo para ediciones gallegas cubanas y también como publicista pero por las dificultades económicas por las que atraviesa se ve obligado, como muchos otros, a emigrar a América en 1910 [7] , consigue sus primeros encargos en México gracias a un hermano que vive en Cuba para decorar una iglesia y es curioso contemplar en esta exhibición un reducido conjunto de bocetos de vidrieras de asunto religioso y uno costumbrista que bien se podría titular El sacamuelas, todos ellos realizados a tinta y acuarela que se conservan sin poder contrastar si formaban parte de ese primer encargo por falta de documentación.

 

Se sabe que durante estos años viajó por varios países del continente americano y nos inclinamos a pensar que un dibujo realizado a tinta, acuarela y plata que muestran a unas jóvenes danzando procedan de su viaje por Brasil, época en la que trabaja como redactor jefe artístico en la publicación La Ilustración española y Americana.

 

Su curiosidad artística no está limitada a la pintura sino que estuvo abierta a otros campos como la literatura y desde su vuelta definitiva a España y más concretamente a Madrid en 1915, con toda su familia, Máximo Ramos publica al año siguiente la novela Mientras llega la hora [8] en las que incluye ilustraciones. Entabla relación con otros escritores como Emilio Carrere (Madrid, 1881-1947) [9]  y mantienen una amistad común con el músico Ricardo Corral, quien le dedica un vals lento para piano al dorso de una acuarela pintada por Ramos titulada N’a Seran, firmada en 1920 y presente en la exposición.

 

Su trabajo es intenso en el mundo de la ilustración, su carácter se refleja en su obra y emplea a menudo y sobre todo a partir de 1916 un anagrama en sus dibujos y grabados (como también lo emplea otro gran aguafortista Ricardo Baroja) muy dentro de la estética del momento marcada por el decó, un semicírculo con sus iniciales trazado con lápiz Faber que siempre utilizó para dibujar. Es, insistimos, la época relacionada sobre todo con el mundo de la ilustración. Contraportadas de revistas como Blanco y Negro [10] y La Esfera [11] , ambas publicaciones de mayor tirada  y éxito en el país, su grafía demuestra que ha asimilado el Art and Grafts y la estampa japonesa por las escenas representadas y por la idealización de la mujer, como apunta Andrés Mosquera [12] y antes de proseguir es necesario constatar la recurrente presencia de lo galaico en su obra, de la muerte, del mar, de los desheredados pero al mismo tiempo luchando por experimentar e incorporar la modernidad en su pintura y podemos afirmar que dentro de su obra se dan confluencia fortísimos contrastes, sobre todo cuando retrata a las mujeres de las que hablaremos más adelante.

 

Muchas de sus obras se han perdido por su constante devenir y por las circunstancias adversas con las que el pintor se tuvo que enfrentar a lo largo de toda su vida. Por ello, esta exposición es una ocasión única e irrepetible para contemplar una colección inédita hasta el momento pues reúne casi un centenar de obras y fotos personales, todo un universo sobre papel que demuestra sus grandes dotes de pintor, forjado casi en exclusiva desde el trabajo, ya que como hemos señalado por su espíritu inquieto y controvertido su profesión se labró fuera del mundo académico.

 

Figuras

 

La colección de dibujos, acuarelas, gouaches y óleos reunidos para esta exposición y que provienen del taller del pintor, reflejan con acierto que el artista ha recorrido buena parte de los ismos del primer tercio del siglo XX y los ha asimilado como un divertimento en su quehacer artístico. Los retratos bien trabajados con lápiz o bien sanguina, tinta etc… sobre  papel de color o blanco, están en algunos casos mezclados con gouache para conseguir el color blanco, ya pertenecen en su mayoría a la década de los veinte. Ya hemos comentado la disparidad a la hora de tratar a las mujeres, por un lado las señoritas trazadas con tinta y acuarela son féminas muy esbeltas, chic y elegantes, elaboradas a partir de unos trazos de líneas limpias y depuradas que parecen salir de figurines de moda, donde el parecido técnico es muy similar al de Federico Ribas y realizadas para formar parte de revistas ilustradas como ABC [13] . Si sólo conociéramos este grupo de mujeres idealizadas y vinculadas al art decó [14] que es ante todo el reflejo de un tipo de vida de una alta sociedad frívola y cosmopolita en la que se tiene muy en cuenta la elegancia, la vestimenta y el refinamiento, además de cuidar el entorno donde se las representa,  pensaríamos que Ramos es un pulcro dibujante modernista. Otro ejemplo sería Día de mercadillo en la plaza del pueblo, realizado en acuarela y tinta, composición impregnada asimismo de la estética art decó, cuyo término se acepta hoy de una manera generalizada para denominar la producción artística del periodo de entreguerras. Pero nuestro artista tiene una personalidad más compleja pues el contrapunto a este conjunto lo encontramos en otros dibujos resueltos con lápiz, más abigarrado en las que está latente el recuerdo hacia su tierra natal, como el Retrato de una anciana con lápiz y color en las que demuestra sus grandes dotes como dibujante y debemos fecharlo entre 1915 y 1920 por la firma empleada y quizá ejecutado en una estancia en su tierra natal, la misma anciana la volvemos a encontrar en otro dibujo a lápiz representada en un interior acicalando a su nieto. Lo mismo que [15] otro lápiz en el que reprenda a una dama ataviada con un mantón de flores de Manila sobre sus hombros que mira fijamente al espectador. Pero tiene composiciones más sombrías en las que la muerte es protagonista, en este caso podemos contemplar un dibujo vestida de soldado pero este tema fue recurrente y en otras ocasiones realizó estampas calcográficas en las que la representa a caballo. [16] En otros casos, la desesperación y la angustia se retrata en un lápiz de una mujer en primer término, de factura abocetada de gran fuerza expresiva, situada en primer plano delante de la fachada de una iglesia que lleva como único adorno lo que parecen ser abalorios y escapularios o en otra ejecutada con un trazo rápido, nervioso y certero titulado Las estatuas de sal, posiblemente realizado para ilustrar una novela del mismo título.

 

Sus grandes dotes de dibujante se basan en el trabajo y la dedicación, por ello el retrato de paisanos, tanto hombres como mujeres y niños están presentes a lo largo de toda su obra, una obra deliciosa es una acuarela que podemos datar por su firma en la década de los treinta en la que representa a un niño balanceándose en el aire sujeto por varios monos capuchinos, quizá sea parte de un nuevo trabajo como ilustrador pues parece extraído de la colección de cuentos de animales de la selva india de Rudyard Kipling titulado El libro de la Selva.

 

José Francés, íntimo amigo de Máximo Ramos, escribe en La Esfera artículos sobre algunos artistas a los que considera pilares del arte moderno como Gustave Moreau y Beardsley lo que indica sus preferencias artísticas y que coinciden de pleno con los gustos de nuestro artista. Bajo el pseudónimo de Silvio Lago, Francés señala la influencia del dibujante inglés en los contemporáneos y en el propio Ramos.

 

De carácter historicista es otro dibujo resuelto con gran maestría el claroscuro titulado Hamlet, tema muy recurrente en la pintura del siglo XIX. Está firmado con anagrama utilizada a partir de 1916. En ella se muestra en primer plano al rey, hierático y fantasmal seguido por un grupo de soldados armados con lanzas.

 

Mención aparte precisa un dibujo realizado a lápiz que sirve de base para su aguafuerte del mismo título Mi abuelo el pirata [17] obra con la que consigue ser premiado con la medalla de segunda clase en la sección de grabado en la Exposición Nacional de 1934.

 

También y con espíritu de naturalista retrató animales, carpetas de acuarelas realizadas entre 1930 y 1939, con clara vinculación del romanticismo británico, tanto por sus planteamientos estéticos como por el temático y que según señala Andrés Mosquera se asemejan a las realizadas por J. W. M. Turner [18] de la que tenemos un ejemplo en la exposición, una lámina que representa a un grupo de aves: marabú, pato y grulla real, realizada con lápices de colores y firmada con la caligrafía típica de los años treinta.

 

Tras la guerra civil, regresa a Madrid en 1940. Al año siguiente es galardonado de nuevo en la Exposición Nacional por un aguafuerte que presenta titulado Las dos viudas. Trabaja realizando cartones para alfombras de El Pardo y continúa colaborando como ilustrador en revistas como el semanario infantil Flechas y Pelayos. [19] En la exposición podemos contemplar cinco grandes viñetas realizadas a tinta china protagonizadas por un niño y muy probablemente para esta publicación con un sentido narrativo, minucioso y realista.

 

Dentro de la estética simbolista hallamos una obra de los años treinta realizada con gouache y acuarela sobre cartón y titulada Las Tentaciones de San Antonio, tema que ha representado en  alguna otra ocasión [20] en la que hay que destacar su espléndido colorido y acertada ejecución, bien resuelto compositivamente. Ramos, en alguna otra ocasión ha abordado asuntos religiosos como una Dolorosa dentro de una estética simbolista.

 

En este apartado, por último hay que destacar dos obras de carácter intimista, la primera que hemos de situar antes de su partida a América entorno a 1910 una maternidad confeccionada dentro del más puro modernismo y una segunda que debemos fechar entorno a 1921 en la que se autorretrata abatido, con su habitual chambergo acompañando a su primera esposa, Consuelo Osuna que yace en la cama enferma [21] .  Para comentar esta obra, debemos decir que sus planteamientos estilísticos están ligados al simbolismo, los mismos que para ciertos paisajes. El simbolismo es un movimiento que tiene sus parámetros para los historiadores de arte entre 1860 y 1890. La vida y la obra de muchos pintores ligados a esta corriente se adentrarán en la centuria siguiente. En España es alrededor de la Primera Guerra Mundial cuando el simbolismo alcance su plenitud. Atraído como otros pintores como Romero de Torres, Beltrán Masses o Néstor, Máximo Ramos tratará de llevar su pintura al mundo de los sentimientos y para ello nada mejor que el color para expresarlo, se mezclan en esta composición dos asuntos, el amor y la muerte. Sin duda, Máximo también debió conocer la pintura de los prerrafaelistas ingleses con una producción bastante heterogénea.

 

 

Paisajes

 

El otro gran género al que Máximo Ramos le presta gran dedicación es el paisaje, gran protagonista de su obra sea cual sea el soporte y la técnica empleada. El paisaje se erige como un auténtico género pictórico en España en el siglo XIX, de la mano de dos grandes tendencias, el romanticismo y el realismo. En nuestro caso, Máximo Ramos se inclina en primer lugar por el realismo, en la década de los treinta impera el simbolismo y la estampa japonesa. Pero en su primera época le interesa plasmar la naturaleza tal cual es, anteriormente otro gran pintor y paisano suyo Pérez Villamil fue uno de los pioneros en el género, involucrado con la corriente romántica que dotó al paisaje un tratamiento del género con mayúsculas.

 

Destaca en la exposición, en primer lugar, varias versiones y en distintas técnicas dibujos y un óleo dedicado a carballos (robles), en las que destaca una gran preocupación por el detalle, sobre todo en los dibujos, con un estudio depurado en la naturaleza y del entorno, fruto de la observación y resueltos magistralmente, las variaciones del árbol, según la estación del año en el que fue pintado, bien a sanguina, o bien a lápiz; también troncos de pinos de la variedad atlántica que se erigen esbeltos, asimismo hay alguno dedicado a la fachada de alguna iglesia barroca gallega vista desde la nave lateral. Puerta de alguna casa de aldea gallega donde el artista tuvo que vivir durante algún tiempo tras estallar la guerra civil. [22] Pero sobre todo llama la atención uno en el que la raíz de un gran tronco está situado en primer plano y en el que además del lápiz, incluye acuarela y gouache. Otros paisajes gallegos ejecutados con tonalidades pasteles recuerdan a las acuarelas costumbristas de otro pintor coetáneo pontevedrés, nos estamos refiriendo a Carlos Sobrino Buhigas.

 

 

Muy interesantes resultan cuatro composiciones sobre papel realizadas con gouache y tinta, con anotaciones autógrafas del autor en el margen inferior derecho a lápiz, se tratan de episodios para la Biblia , corresponden a la creación del mundo, ilustraciones realizadas entre 1924 y 1935 con fuertes conexiones simbolistas que nos recuerdan a la pintura del pintor canario Néstor, importante pintor canario simbolista coetáneo suyo.

 

 

MARINAS

 

Para finalizar el recorrido de esta exposición tenemos que hacer otro género en el que el pintor también cultivó. Se trata de una acuarela que representa un barco de guerra, firmado por los años veinte, recuerda a otra marina titulada La Batalla del Callao firmado en 1902 y es el primer óleo hasta ahora del pintor del que se tiene noticias.

 

Por último, una de las obras más bellas de la exposición es aquella que representa la playa, realizada en acuarela y gouache, con la línea del horizonte muy alto, las ondulaciones de las olas sobre la arena suponen una fuente inagotable de sugerencias líricas y poéticas que evocan aquellas pinturas japonesas de Hokusai que tanto influyeron sobre los impresionistas franceses pero adaptadas a su condición galaica, Máximo Ramos muestra su poética pictórica en su vertiente más idealista y más vital.



[1] Carballo Calero, Mª Victoria: Galicia, identidad y vanguardia, una relación polémica en Arte de Fin de Siglo, Fundación Caixa Galicia, León, 1998.

[2] VV.AA.: 1871- 1902 A Xeneración Doente. Catálogo exposición. Fundación Caixa Galicia, 1993.

[3] A éste último le aconsejó que se marchara a Madrid y gracias a Federico Ribas consiguió un carnet de copista en el Museo del Prado.

[4]   Pintores Ferrolanos. Catálogo exposición. Diputación Provincial de La Coruña , 1980.

[5] Como ilustrador de libros hemos recogido más de cuarenta títulos de las novelas que ilustró, sobre todo en la década de los veinte de autores como Eduardo Marquina, Wenceslao Fernández Flores, Emilio Carrere, González Ruano, Francisco Camba, Pío Baroja, Alberto Insúa, Gustavo A. Bécquer, etc.

[6] Mon, Fernando: Pintura Contemporánea en Galicia. La Coruña. Caixa Galicia, 1987,p. 24.

 

[7] A finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX se produjeron numerosas emigraciones a  América, el mayor grupo migratorio es el gallego donde salen más de medio millón en el periodo 1880-1930.

[8]   Se editó en Talleres López, Madrid, 1916. Consta de 16 ilustraciones con dibujos trágicos sobre la vida y la muerte repartidos en 21 capítulos. Según Bernardino de Pantorba en esta novela Máximo Ramos vierte afirmaciones ideológicamente avanzadas para su tiempo en Historia y Crítica de las Exposiciones Nacionales deBellas Artes, Madrid, 1980.

[9] Emilio Carrere, novelista del Madrid popular y de los bajos fondos, autor de novelas Amor de Sacrificio (1927); La conversión de Florestan. (1921); El diablo de los ojos verdes. (1922); Las inquietudes de Blanca María; La mala pasión (1922), todas ellas ilustradas por Máximo Ramos.

 

[10] Entre 1915 y 1919. Más tarde para La Esfera entre 1921y 1931 realizó 90 originales. Para ABC entre 1924 y 1935 211 ilustraciones originales. Ver el catálogo de la Exposición Un siglo de Ilustración Española en las páginas de Blanco y Negro. Madrid, 1992.

[11] Semanario de gran éxito que sirve de trampolín a muchos artistas para darse a conocer. Bajo la dirección de Francisco Verdugo cuenta también entre sus colaboradores con ilustres articulistas como: Azorín, Unamuno, Valle Inclán, José Francés, Pardo Bazán, Emilio Carrere, Manuel Abril, Zamacois entre otros.

[12] Autor del catálogo de la exposición antológica dedicada al pintor en Ferrol en el Centro Cultural Torrente Ballester, mayo-junio, 2006.

[13] 1928 Conjunto de plumillas para ABC agrupadas bajo el título La Mujer del año. En 1926 gana el Concurso de portadas de Blanco y Negro.

[14] Es un arte que pretende ser ante todo muy contemporáneo y la exposición de París de 1925 se encargó de difundirlo y popularizarlo. Véase el manual de Javier Pérez Rojas: Art Decó en España, Madrid, Cátedra, 1990, p. 56.

[15] Reproducido en Enciclopedia Artistas Gallegos. Pintores. Regionalismo II. Vigo, Nova Editorial, 2000,p. 131, il. 159.

[16] Véase la Enciclopedia Artistas Gallegos. Pintores. Regionalismo II. Capítulo dedicado a Máximo Ramos por Andrés Mosquera Rodríguez. Vigo, Nova Editorial, 2000, pp. 124-165.

[17] Las planchas originales de éste y el de las Dos viudas, también aguafuerte, con el que también consigue ser premiado en 1941, se encuentran depositadas en la Calcografía Nacional.

[18] Véase la obra de W. Hamilton : The Water colours painters of England . T. L. D; Norwich, Ed. John and son,  1978.

[19] El primer número de la revista salió en plena guerra civil, el 11 de diciembre de 1938 hasta 1949 bajo la dirección de Fray Justo Pérez de Urbel, catedrático de historia medieval. Es el resultado de la fusión de dos revistas Flechas (falangista) y Pelayos (carlista).

[20] En el Museo Municipal de Bello Piñeiro, Ferrol, se custodia un óleo sobre lienzo de gran formato titulado Tentaciones de San Antonio, fechado en 1928.

[21] Se casa con Consuelo Osuna Nego en 1909, es de origen filipino y tuvieron tres hijos. Fallece mientras viven en Valencia donde el pintor ha abierto con otro socio una fábrica de abanicos.

[22] Al estallar la guerra civil española se traslada con toda su familia a Carballeda de Valedorras (Ourense), más tarde a Ferrol, Coruña, hasta 1940 en que regresa a Madrid.

 

 

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