Forma parte del
grupo de artistas nacidos en Galicia en la década de los años ochenta
del siglo XIX, una época de grandes innovaciones en el arte figurativo
europeo, de cambios significativos e importantes pintores. 1880 también
es el año en el que se establece el marco cronológico
histórico del regionalismo gallego
[1]
,
que se sitúa hasta 1918 y se publica el poemario de Follas Novas de Rosalía de Castro.
En el panorama
artístico gallego de fin de siglo y en el español en general,
conviven poéticas muy diversas, desde el romanticismo hasta el realismo,
así como el naturalismo y el simbolismo. Su curiosidad y la continua
experimentación pictórica le llevaran a expresarse a
través del modernismo, simbolismo, prerrafaelismo y art decó en
el que todo se acumula y se superpone en un camino continuo hacia la
renovación plástica.
En la década
anterior en Galicia, ya habían destacado un reducido grupo de pintores
bautizados como Generación
Doliente o Xeneración Doente
[2]
formada por Jenaro
Carrero (1874-1902); Ovidio Murguía (1871-1900); Parada Justel
(1871-1902) y Joaquín Bahamonde (1872-1900) con los que Máximo
Ramos comparte temas e inquietudes. Con pintores ferrolanos de su
generación como Felipe Bello Piñeiro (1886-1952) e Imeldo Corral
(1889-1976) con los que mantiene amistad, tiene en común fórmulas
neo-románticas y su condición de pintor autodidacta le favorece
en cuanto a su originalidad para resolver problemas de índole técnico y
que suele solucionar con indudable acierto. Felipe Bello Piñeiro
[3]
,
su primer biógrafo, manifestaba que “en un momento de vida
artística sin ambiciones llega de regreso a Madrid el hombre de la
chalina y el chambergo”,
[4]
por otros historiadores que han buceado en su vida y trayectoria profesional
sabemos que llevó una vida novelesca, muchas veces mostrando paralelismos
a las novelas que tantas veces ilustró a lo largo de su vida
[5]
.
Señala
Fernando Mon
[6]
que esa originalidad se advierte
en el tratamiento lumínico de sus cuadros, en la profundidad y hondura
de sus composiciones y coincidimos con el crítico en afirmar que en su
plástica más temprana es evidente la influencia literaria de
Valle Inclán y de los simbolistas ingleses. En su pintura están
presentes a la vez varias corrientes estéticas, siempre dentro de la
figuración: el romanticismo, el realismo, el simbolismo, además
de ciertos guiños hacia la estampa japonesa y la asimilación del
Art and Crafts británico en los rótulos de sus ilustraciones a su
vuelta del continente americano en 1915. Ilustraciones que guardan un gran
parecido a otros pintores coetáneos como Penagos o Federico Ribas
quienes también trabajan asiduamente como colaboradores de revistas
ilustradas madrileñas, aunque la mayoría de los artistas
españoles durante la primera mitad del siglo XX suelen colaborar
ilustrando revistas .
Desde sus primeros
pasos artísticos, Máximo Ramos muestra un sólido
conocimiento de su oficio y unas excelentes cualidades técnicas y esta exhibición que agrupa casi un centenar de obras
inéditas procedentes del taller del pintor, es extraordinaria no
sólo por la cuantía del número de obras sino
también porque a través de ellas podemos estudiar la
evolución de su obra y confirmar sus grandes dotes como dibujante e
ilustrador, campo en el que se desarrolló sobre todo en la década
de los veinte. Las obras estudiadas testimonian el entorno cultural del pintor:
regionalismo, costumbrismo e intimismo, se articulan con propuestas más
vanguardistas, poniendo de manifiesto un proceso de modernización que
determinaron su desarrollo artístico tomando como eje cronológico
desde los inicios del siglo XX hasta casi los años 50.
Sus primeros
trabajos comienzan alrededor de 1900 en su ciudad natal, colabora con El Correo Gallego, realizó
algunos trabajos como ilustrador a principios del siglo para ediciones gallegas
cubanas y también como publicista pero por las dificultades
económicas por las que atraviesa se ve obligado, como muchos otros, a
emigrar a América en 1910
[7]
,
consigue sus primeros encargos en México gracias a un hermano que vive
en Cuba para decorar una iglesia y es curioso contemplar en esta
exhibición un reducido conjunto de bocetos de vidrieras de asunto
religioso y uno costumbrista que bien se podría titular El sacamuelas, todos ellos realizados a
tinta y acuarela que se conservan sin poder contrastar si formaban parte de ese
primer encargo por falta de documentación.
Se sabe que durante
estos años viajó por varios países del continente
americano y nos inclinamos a pensar que un dibujo realizado a tinta, acuarela y
plata que muestran a unas jóvenes danzando procedan de su viaje por
Brasil, época en la que trabaja como redactor jefe artístico en
la publicación
La Ilustración
española y Americana.
Su curiosidad
artística no está limitada a la pintura sino que estuvo abierta a
otros campos como la literatura y desde su vuelta definitiva a España y
más concretamente a Madrid en 1915, con toda su familia, Máximo
Ramos publica al año siguiente la novela Mientras llega la hora
[8]
en las que incluye
ilustraciones. Entabla relación con otros escritores como Emilio Carrere
(Madrid, 1881-1947)
[9]
y mantienen una amistad común con el
músico Ricardo Corral, quien le dedica un vals lento para piano al dorso
de una acuarela pintada por Ramos titulada N’a
Seran, firmada en 1920 y presente en la exposición.
Su trabajo es
intenso en el mundo de la ilustración, su carácter se refleja en
su obra y emplea a menudo y sobre todo a partir de 1916 un anagrama en sus
dibujos y grabados (como también lo emplea otro gran aguafortista Ricardo
Baroja) muy dentro de la estética del momento marcada por el
decó, un semicírculo con sus iniciales trazado con lápiz
Faber que siempre utilizó para dibujar. Es, insistimos, la época
relacionada sobre todo con el mundo de la ilustración. Contraportadas de
revistas como Blanco y Negro
[10]
y La Esfera
[11]
, ambas
publicaciones de mayor tirada y
éxito en el país, su grafía demuestra que ha asimilado el
Art and Grafts y la estampa japonesa por las escenas representadas y por la
idealización de la mujer, como apunta Andrés Mosquera
[12]
y antes de proseguir es necesario constatar la recurrente presencia de lo
galaico en su obra, de la muerte, del mar, de los desheredados pero al mismo
tiempo luchando por experimentar e incorporar la modernidad en su pintura y
podemos afirmar que dentro de su obra se dan confluencia fortísimos
contrastes, sobre todo cuando retrata a las mujeres de las que hablaremos
más adelante.
Muchas de sus obras
se han perdido por su constante devenir y por las circunstancias adversas con
las que el pintor se tuvo que enfrentar a lo largo de toda su vida. Por ello,
esta exposición es una ocasión única e irrepetible para
contemplar una colección inédita hasta el momento pues reúne
casi un centenar de obras y fotos personales, todo un universo sobre papel que
demuestra sus grandes dotes de pintor, forjado casi en exclusiva desde el
trabajo, ya que como hemos señalado por su espíritu inquieto y
controvertido su profesión se labró fuera del mundo
académico.
Figuras
La colección
de dibujos, acuarelas, gouaches y óleos reunidos para esta
exposición y que provienen del taller del pintor, reflejan con acierto
que el artista ha recorrido buena parte de los ismos del primer tercio del siglo
XX y los ha asimilado como un divertimento en su quehacer artístico. Los
retratos bien trabajados con lápiz o bien sanguina, tinta etc…
sobre papel de color o blanco, están
en algunos casos mezclados con gouache para conseguir el color blanco, ya pertenecen
en su mayoría a la década de los veinte. Ya hemos comentado la
disparidad a la hora de tratar a las mujeres, por un lado las señoritas
trazadas con tinta y acuarela son féminas muy esbeltas, chic y
elegantes, elaboradas a partir de unos trazos de líneas limpias y
depuradas que parecen salir de figurines de moda, donde el parecido
técnico es muy similar al de Federico Ribas y realizadas para formar
parte de revistas ilustradas como ABC
[13]
.
Si sólo conociéramos este grupo de mujeres idealizadas y vinculadas
al art decó
[14]
que es ante todo el reflejo de un tipo de vida de una alta sociedad
frívola y cosmopolita en la que se tiene muy en cuenta la elegancia, la
vestimenta y el refinamiento, además de cuidar el entorno donde se las
representa, pensaríamos que Ramos
es un pulcro dibujante modernista. Otro ejemplo sería Día de mercadillo en la plaza del
pueblo, realizado en acuarela y tinta, composición impregnada
asimismo de la estética art decó, cuyo término se acepta
hoy de una manera generalizada para denominar la producción
artística del periodo de entreguerras. Pero nuestro artista tiene una
personalidad más compleja pues el contrapunto a este conjunto lo
encontramos en otros dibujos resueltos con lápiz, más abigarrado
en las que está latente el recuerdo hacia su tierra natal, como el Retrato de una anciana con lápiz
y color en las que demuestra sus grandes dotes como dibujante y debemos
fecharlo entre 1915 y 1920 por la firma empleada y quizá ejecutado en
una estancia en su tierra natal, la misma anciana la volvemos a encontrar en
otro dibujo a lápiz representada en un interior acicalando a su nieto.
Lo mismo que
[15]
otro lápiz en el
que reprenda a una dama ataviada con un mantón de flores de Manila sobre
sus hombros que mira fijamente al espectador. Pero tiene composiciones
más sombrías en las que la muerte es protagonista, en este caso
podemos contemplar un dibujo vestida de soldado pero este tema fue recurrente y
en otras ocasiones realizó estampas calcográficas en las que la
representa a caballo.
[16]
En otros casos, la desesperación y la angustia se retrata en un
lápiz de una mujer en primer término, de factura abocetada de
gran fuerza expresiva, situada en primer plano delante de la fachada de una
iglesia que lleva como único adorno lo que parecen ser abalorios y
escapularios o en otra ejecutada con un trazo rápido, nervioso y certero
titulado Las estatuas de sal, posiblemente realizado para ilustrar una novela del mismo título.
Sus grandes dotes
de dibujante se basan en el trabajo y la dedicación, por ello el retrato
de paisanos, tanto hombres como mujeres y niños están presentes a
lo largo de toda su obra, una obra deliciosa es una acuarela que podemos datar
por su firma en la década de los treinta en la que representa a un
niño balanceándose en el aire sujeto por varios monos capuchinos,
quizá sea parte de un nuevo trabajo como ilustrador pues parece
extraído de la colección de cuentos de animales de la selva india
de Rudyard Kipling titulado El libro de
la Selva.
José Francés,
íntimo amigo de Máximo Ramos, escribe en
La Esfera
artículos
sobre algunos artistas a los que considera pilares del arte moderno como
Gustave Moreau y Beardsley lo que indica sus preferencias artísticas y
que coinciden de pleno con los gustos de nuestro artista. Bajo el
pseudónimo de Silvio Lago, Francés señala la influencia
del dibujante inglés en los contemporáneos y en el propio Ramos.
De carácter
historicista es otro dibujo resuelto con gran maestría el claroscuro
titulado Hamlet, tema muy recurrente
en la pintura del siglo XIX. Está firmado con anagrama utilizada a
partir de 1916. En ella se muestra en primer plano al rey, hierático y
fantasmal seguido por un grupo de soldados armados con lanzas.
Mención
aparte precisa un dibujo realizado a lápiz que sirve de base para su
aguafuerte del mismo título Mi
abuelo el pirata
[17]
obra con la que consigue ser premiado con la medalla de segunda clase en la
sección de grabado en la Exposición Nacional de 1934.
También y
con espíritu de naturalista retrató animales, carpetas de
acuarelas realizadas entre 1930 y 1939, con clara vinculación del
romanticismo británico, tanto por sus planteamientos estéticos
como por el temático y que según señala Andrés
Mosquera se asemejan a las realizadas por J. W. M. Turner
[18]
de la que tenemos un ejemplo en la exposición, una lámina que
representa a un grupo de aves: marabú,
pato y grulla real, realizada con lápices de colores y firmada con
la caligrafía típica de los años treinta.
Tras la guerra
civil, regresa a Madrid en 1940. Al año siguiente es galardonado de nuevo
en
la
Exposición Nacional
por un aguafuerte que presenta
titulado Las dos viudas. Trabaja
realizando cartones para alfombras de El Pardo y continúa colaborando
como ilustrador en revistas como el semanario infantil Flechas y Pelayos.
[19]
En la
exposición podemos contemplar cinco grandes viñetas realizadas a
tinta china protagonizadas por un niño y muy probablemente para esta
publicación con un sentido narrativo, minucioso y realista.
Dentro de la
estética simbolista hallamos una obra de los años treinta
realizada con gouache y acuarela sobre cartón y titulada Las Tentaciones de San Antonio, tema que
ha representado en alguna otra
ocasión
[20]
en la que hay que
destacar su espléndido colorido y acertada ejecución, bien
resuelto compositivamente. Ramos, en alguna otra ocasión ha abordado
asuntos religiosos como una Dolorosa dentro de una estética simbolista.
En este apartado,
por último hay que destacar dos obras de carácter intimista, la
primera que hemos de situar antes de su partida a América entorno a 1910
una maternidad confeccionada dentro del más puro modernismo y una
segunda que debemos fechar entorno a 1921 en la que se autorretrata abatido,
con su habitual chambergo acompañando a su primera esposa, Consuelo
Osuna que yace en la cama enferma
[21]
. Para comentar esta obra, debemos decir que
sus planteamientos estilísticos están ligados al simbolismo, los
mismos que para ciertos paisajes. El simbolismo es un movimiento que tiene sus
parámetros para los historiadores de arte entre 1860 y 1890. La vida y
la obra de muchos pintores ligados a esta corriente se adentrarán en la
centuria siguiente. En España es alrededor de
la Primera
Guerra
Mundial cuando
el simbolismo alcance su plenitud. Atraído como otros pintores como
Romero de Torres, Beltrán Masses o Néstor, Máximo Ramos
tratará de llevar su pintura al mundo de los sentimientos y para ello
nada mejor que el color para expresarlo, se mezclan en esta composición
dos asuntos, el amor y la muerte. Sin duda, Máximo también
debió conocer la pintura de los prerrafaelistas ingleses con una
producción bastante heterogénea.
Paisajes
El otro gran
género al que Máximo Ramos le presta gran dedicación es el
paisaje, gran protagonista de su obra sea cual sea el soporte y la
técnica empleada. El paisaje se erige como un auténtico
género pictórico en España en el siglo XIX, de la mano de
dos grandes tendencias, el romanticismo y el realismo. En nuestro caso,
Máximo Ramos se inclina en primer lugar por el realismo, en la
década de los treinta impera el simbolismo y la estampa japonesa. Pero
en su primera época le interesa plasmar la naturaleza tal cual es,
anteriormente otro gran pintor y paisano suyo Pérez Villamil fue uno de
los pioneros en el género, involucrado con la corriente romántica
que dotó al paisaje un tratamiento del género con
mayúsculas.
Destaca en la
exposición, en primer lugar, varias versiones y en distintas
técnicas dibujos y un óleo dedicado a carballos (robles), en las que destaca una gran preocupación
por el detalle, sobre todo en los dibujos, con un estudio depurado en la
naturaleza y del entorno, fruto de la observación y resueltos
magistralmente, las variaciones del árbol, según la
estación del año en el que fue pintado, bien a sanguina, o bien a
lápiz; también troncos de pinos de la variedad atlántica
que se erigen esbeltos, asimismo hay alguno dedicado a la fachada de alguna
iglesia barroca gallega vista desde la nave lateral. Puerta de alguna casa de
aldea gallega donde el artista tuvo que vivir durante algún tiempo tras
estallar la guerra civil.
[22]
Pero sobre todo llama la atención uno en el que la raíz de un
gran tronco está situado en primer plano y en el que además del
lápiz, incluye acuarela y gouache. Otros paisajes gallegos ejecutados
con tonalidades pasteles recuerdan a las acuarelas costumbristas de otro pintor
coetáneo pontevedrés, nos estamos refiriendo a Carlos Sobrino
Buhigas.
Muy interesantes
resultan cuatro composiciones sobre papel realizadas con gouache y tinta, con
anotaciones autógrafas del autor en el margen inferior derecho a
lápiz, se tratan de episodios para
la Biblia
,
corresponden a la creación del mundo, ilustraciones realizadas entre
1924 y 1935 con fuertes conexiones simbolistas que nos recuerdan a la pintura
del pintor canario Néstor, importante pintor canario simbolista coetáneo
suyo.
MARINAS
Para finalizar el
recorrido de esta exposición tenemos que hacer otro género en el
que el pintor también cultivó. Se trata de una acuarela que
representa un barco de guerra, firmado por los años veinte, recuerda a
otra marina titulada
La Batalla
del Callao firmado en 1902 y es el
primer óleo hasta ahora del pintor del que se tiene noticias.
Por último,
una de las obras más bellas de la exposición es aquella que
representa la playa, realizada en acuarela y gouache, con la línea del horizonte
muy alto, las ondulaciones de las olas sobre la arena suponen una fuente
inagotable de sugerencias líricas y poéticas que evocan aquellas
pinturas japonesas de Hokusai que tanto influyeron sobre los impresionistas
franceses pero adaptadas a su condición galaica, Máximo Ramos
muestra su poética pictórica en su vertiente más idealista
y más vital.
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