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Carnet de pensionado por el Gobierno francés, en febrero de 1955.

 

CRISTÓBAL ÁLVAREZ

EL ARGUMENTO de esta historia, más bien peripecia, parece sacado de la trama argumental de una película de suspense, de ésas en romántico blanco y negro. Y es que azar, fronteras, aduanas, política y arte de vanguardia se dan la mano en este suceso que se remonta al año 1955, y tiene como protagonista una carpeta de dibujos y obras sobre lienzo de Luis Feito y Canogar, dos creadores que con el paso del tiem­po se erigirán en figuras fundamentales del arte español. Sin ellos, la evolución del arte español no hubiese sido la misma. Éste es el argumento:

Exterior. Día. Feito se encuentra en Madrid viviendo a duras penas del salario recibido como profesor de dibujo en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, intentando ser pintor en un país que vive una situación asfixiante de posguerra. En estas fechas, estamos hablando de los años 1951-1954, todavía practica una pintura muy cercana al ya obsoleto tardocubismo, e, incluso, aún confecciona lienzos en las que el sujeto figurativo está presente.

Pero, con los sucesivos viajes que realiza a Francia, que por entonces seguía siendo un eje primordial del arte contemporáneo, antes de que Nueva York le robase la idea del arte moderno, su obra comienza a tornarse más abstracta y arquitectónica, muy alejada de su etapa figurativa.

Es el punto de inflexión dentro de su carrera. Sus trabajos se tornan esquemáticos, de referencias ortogonales que, con el tiempo, se romperán y harán desaparecer ese grafismo imperante abriéndole el paso a la materia pictórica.

El tránsito por el arte informalista le proporciona ese despojamiento del referente y la adopción de la estructura del cuadro como verdadero contenido de la creación pictórica. Lo abstracto entonces se abre camino, a pesar de que no era una pintura bienvenida en España.

¿ARCHIVOS SECRETOS?

Las estancias en la ciudad del Sena se suceden: 1953, 1954 y, finalmente, 1955, cuando planea una estancia más duradera. En esta última ocasión, logra que una galería parisina se fije en él y le organice una exposición individual. Es de recibo señalar que anteriormente ya había mostrado su trabajo no figurativo en España. Primero lo hizo en la Galería Buchholz, en Fernando Fe y en Círculo Tiempo Nuevo, donde se presenta parte de la obra abstracta y tardocubista.

La exposición que se celebra en París, concretamente en la Galería Arnaud, resulta un éxito de crítica, aunque no de ventas, ya que aún se compraba muy poco arte de vanguardia. Aquí es donde comienza la supuesta trama tintada de tonos

políticos. Tras la muestra, el artista envía los cuadros a España, pues por aquellas fechas existe un complícado trámite por el que hay que dar cuenta a las autoridades de lo que se ha vendido y lo que no, y por el cual debe retornar a España el material expuesto no vendído. El pintor, obligado por las circunstancias, envía todo el material sobrante de París a Madrid.

El viaje de esta carpeta con dibujos conjuntos de Canogar y de Feíto en solitario desaparece literalmente en el trayecto que va de la aduana francesa a la española (ambos creadores se encontraban en París por entonces, e íncluso habían trabajado juntos en la confección de algunas obras). Se pierde por completo la pista material de este conjunto de obras.

El artista comienza sus pesquisas y, tras varios intentos, consigue que desde instancias aduaneras francesas le respondan que ese cartapacio ha salído con normalidad de la frontera francesa hacia la española.

El pintor español sigue indagando y las autoridades peninsulares le responden que no saben nada, es decir, que ha desaparecido literalmente del mapa. No hay manera de recuperarla; se ha esfumado como si se hubiese caído al Bidasoa en el viaje de retorno a España.

Sin título, 1953, 32 x 43,6 cm,
técnica mixta sobre papel.

Entonces, tras dos meses de indagaciones y plantones, el artista la da por perdida y abandona su búsqueda. Pero ¿por qué desaparece? Dónde está? da han robado o se trata de una simple pérdida? No sabemos con certeza si aquel día llovía lánguidamente, o si los que la cogieron vestían de uniforme oscuro y fruncían el ceño.

Lo que sí conocemos es que la carpeta estuvo a buen recaudo y muy vigilada porque, siempre según la versión del artista, ésta fue retirada premeditadamente por la policía política. Al cabo de un año, más o menos, Luis Feito recibe información de que ese envío ha salido en subasta pública en San Sebastián y que ha sido comprada por un trabajador del Museo del Prado por unas dos mil pesetas.

¿A qué se debe este hecho? ¿Por qué.se retiene premeditadamente? La razón es simple y tiene como protagonista a un galerista aficionado de Madrid, sobre el cual recaen numerosas sospechas sobre sus supuestas actividades políticas relacionadas con el partido comunista de Francia. De nombre Fulgencio, había sido diputado comunista durante la república.

Posteriormente, una vez finalizada la Guerra Civil, se exilió en Francia y,

casi una década después, en 1955, volvió a Madrid y creó, encima de la legendaria librería Femando Fe, una galería de arte con el mismo nombre, regentada por una sobrina suya muy bien relacionada con el ambiente de los jóvenes pintores de la ciudad; pero, en el fondo, era él el que manejaba los hilos del establecimiento. Y ésta es la clave.

SOSPECHAS Y RELACIONES
Las autoridades sospechan, muy lejos de la realidad, que este ex diputado comunista podía estar estableciendo contactos políticos con marxistas galos. Por ello, según Luis Feito, se retiene su carpeta para ver si este envío procedente de París, contiene archivos altamente secretos de actividades ilícitas según el Gobierno de Franco.

Obviamente, allí no hay nada relacionado con fines políticos, lo único que contiene son significativos dibujos abstractos. Hay que decir, en honor a la verdad, que el pintor nunca había sido investigado ni interrogado por la policía, por lo que no existen sospechas de su implicación en esta aparente trama conspirativa. Las dudas recaen sobre el antiguo diputado que, por curioso que resulte, nunca fue retenido, pues jamás se comprobó que siguiese ejerciendo actividades políticas en la clandestinidad.

Los años pasan y ninguno de los actores de esta historia vuelve a saber nada de las obras subastadas. Sólo se sabe que "alguien" de Madrid relacionado con el Mu­seo del Prado las posee a nivel particular.

No se tiene noticia de este valioso cartapacio hasta hace aproximadamente unos cinco años, cuando los herederos de aquel señor que compra esta carpeta en subasta, se lo hacen saber a Luis Feito, antes de intentar darle una salida comercial.

Los restos de aquel "naufragio" -la carpeta con su nombre donde viajaron las obras rumbo a París, los sellos de la aduana y demás documentación- se exhiben en la galería madrileña José de la Mano (Claudio Coello, 6), hasta el 31 de mayo.

En definitiva, es la oportunidad de observar un hallazgo casi arqueológico, más cercano a la fantasía cinematográfica que a la realidad, oculto durante cincuenta años, para revindicar de esta forma un período trascendental que permite redescubrir la pintura de Feito.

 

n87 año 2006 "Descubrir el arte"

 

 

 

Claudio Coello 6 28001 Madrid tel. (34) 91 435 0174 galeria@josedelamano.com