ANTONIO LUCAS
MADRID.-Andaba Luis Feito en 1955 haciendo oficio en París, en plena transición estética -que no en crísis-, buscando hueco en el arte y en las entonces todopoderosas galerías francesas, al margen de banderías políticas -aunque con la aguja de la brújula imantada hacia la izquierda-.
Iba despojándose de un realismo inicial de ecos neocubistas para adopunos iniciales tanteos abstractos, a la vez que su primera exposición parisina tomaba cuerpo. Se hizo en la galería Arnaud, se clausuró el día previsto y hubo que enviar de nuevo a Madrid parte de la obra, una veintena de telas y trabajos sobre papel.
Pero nunca llegaron, naufragaron en el océano bufo de la burocracia franquista. Las obras quedaron retenidas en la aduana española, confiscadas como material susceptible encerrar códigos y documentos comunistas procedentes de París, un disparate propio del torpe inspector Gadget.
¿Cómo descodificar documentos y claves comunistas en la obra de un pintor abstracto? Nadie encontró más que pintura indescifrable. La carpeta quedó estancada en un almacén de aduanas y, un año después, fue subastada en Irún dentro de un lote de objetos perdidos, entre crucifijos hechos con pinzas, maletas de cartón, una perdiz disecada, una dentadura, un par de escapularios, un cepo para ranas... Y la adquirió un particular por ¡2.000 pesetas! |
Aquellas piezas quedaron inéditas y ahora, 50 años después, Luis Feito las ha reconocido, las ha firmado -«entonces sólo firmaba la obra cuando la vendía, y por aquellos años no vendíamos una escoba, imagínate», bromea el artista-. La galería madrileña José de la Mano (calle de Claudio Coello, 6) las expone hasta el próximo 31 de mayo bajo el lema de Memoria recuperada.
También Feito se ha reencontrado, medio siglo después, con estas piezas. «En aquellos días,
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Una de las obras inéditas, recuperada 50 años después. |
iniciaba esta primera obra mía no figurativa, que muy poca gente conoce. Toda la historia fue delirante. Lo que alertó a los funcionarios de aduanas del Régimen era mi relación con la galería Fernando Fe, que dirigía un antiguo diputado comunista de la República, Fulgencio Romero, que en esos años había regresado a España desde el exilio».
Las obras se perdieron, sí, y las energías de Feito se centraron en seguir avanzando en su obra, ya |
entonces dentro del significativo Grupo El Paso (19551965), del que era miembro fundador junto a Antonio S aura, Manuel Millares y Martín Chirino, entre otros. Los sabuesos desnortados del franquismo no hallaron huellas ni ceniza comunista en sus obras y éstas pasaron a manos de quien fue, por accidente, el mejor coleccionista de la primera época de Feito.
«El señor que adquirió el lote con mis cuadros y papeles trabajaba en el Museo del Prado. Jamás supe nada de él ni de toda esta rocambolesca aventura, hasta que murió. Fueron sus hijos los que se pusieron en contacto conmigo y después de varios encuentros y de la cesión a mi colección de varios de aquellos papeles y una tela, firmé los originales que ahora exhibe la galería José de la Mano», recuerda Feito.
En este cambalache aduanero se perdió también una serie de obra sobre papel que el artista realizó junto a uno de sus compañeros de grupo, Rafael Canogar, en los mismos días que buscaban la gloria a cara o cruz por las jabonadas calles de París.
Feito ya había olvidado esta aventura, y daba las piezas por desaparecidas, sin remedio, probablemente destruidas en algunas de las salas calentadas con llama de gasógeno en los sótanos de aduanas, Pero han vuelto para subrayar el itinerario del artista, para iluminar ese kilómetro cero de su obra, cuando la abstracción.
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