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Francisco Bayeu(1734-1795)

Majo huyendo del toro

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Lápiz negro y clarión/Papel grisáceo. 470 × 400 mm

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El virtuosismo de Bayeu como dibujante queda una vez más manifiesto a través de los certeros trazos de este magistral tanteo compositivo. Este diseño de igual modo que los estudiados en la ficha precedente constituyen rasguños del aragonés para el cartón conocido como Novillada en Carabanchel que custodia el Museo Municipal de Madrid como depósito del Museo del Prado. En concreto este dibujo es el pensamiento inaugural de este Pintor de Cámara de Carlos III para el personaje que ubica en primer término en el extremo izquierdo de la escena en manifiesta actitud de huida del incidente con el toro enmaromado. Hasta la localización de este repertorio de bosquejos, el único dibujo que se vinculaba con este tapiz era el que se conserva en los fondos del Courtauld Institute of Art de Londres procedente de la Witt Collection(1).

La maestría de este artista en el campo del dibujo ya era objeto de admiración incluso entre sus contemporáneos pues Ceán Bermúdez no presenta reparo alguno en afirmar como: “Muy pocos ha habido en este siglo que le igualasen en la correccion del dibujo”(2). La arraigada formación clasicista alcanzada por el aragonés en su años de trabajo bajo la supervisión del bohemio Antonio Rafael Mengs habituó al pintor en el planteamiento de minuciosos estudios de cada figura de manera previa a tomar los pinceles. Pero mientras que en los diseños planteados en la consecución de sus frescos Francisco Bayeu se nos presenta como un pintor de espíritu bastante frío en estos rasguños para cartones se descubre como un magnífico captador de instantáneas de la naturaleza. La pasión de nuestro protagonista hacia el mundo del toro a la que ya se ha aludido sin duda fue determinante en la plasmación de escenas de esta inusitada libertad creadora. Se puede aventurar como en más de una ocasión el aragonés habría acudido a admirar en directo estos espectáculos populares y aunque resulta imposible que esta colección de diseños procedan de un taccuino del natural, estas auténticas anécdotas callejeras quedaron grabadas en su retina con gran nitidez. La genialidad de Bayeu radica en la magistral inmediatez con que procede a recuperar estas imágenes casi subconscientes para transcribirlas sobre el papel con absoluta soltura y sin ningún arrepentimiento.

Ya se ha planteado la trascendencia de estos diseños preparatorios para cartones de tapiz dentro de la producción de este artista pues resulta evidente que en ellos “la observación de la realidad, más directa y vivaz, se traduce en un trazo muy nervioso y vibrante” (3). En el reglado proceso creativo de Bayeu tras el planteamiento de estos dibujos se procedería a ultimar sobre el lienzo la composición con objeto de ir configurando el boceto de presentación. La ingente cantidad de diseños parciales de estas características localizados hasta la fecha contrasta con la casi inexistencia de dibujos proyectando panorámicas completas de una escena. Además las diferencias compositivas entre estos rasguños inaugurales y el modelo definitivo son casi siempre inexistentes. La genial capacidad creativa del aragonés no suplanta a un profundo proceso intelectual previo ya que a través de un continuo y fluido trazo en lápiz negro su autor puede presentar codificados por completo contornos, volúmenes, gestos o actitudes. No obstante es cierto que sólo en alguna ocasión su autor procedería entre ambos estadios a materializar alguna grisalla para la adecuada resolución de las luces y las sombras. Indudablemente sólo el colorido se escapa al planteamiento de este dibujo ya que incluso la expresión de pánico del personaje aparece aquí ya perfectamente representada. Este rasguño de un majo huyendo del toro descuella por su inmediatez y sensación de movimiento aunque la destreza de su hermano Ramón no alcanza a transmitir la fuerza de este diseño al cartón definitivo dando origen a una pintura bastante más estática.

El inventario de los bienes de Francisco Bayeu tras su fallecimiento ha dejado constancia de la ingente cantidad de dibujos atesorados en su taller hasta su fallecimiento. La función didáctica de estos papeles resulta incuestionable y figuras como la que nos ocupa constituyeron con toda seguridad una continua fuente de aprendizaje para discípulos que acudieran a introducirse con este maestro en los rudimentos del arte de la Pintura. Es de sobra conocido que dibujos planteados por Francisco Goya en los estadios inaugurales de su carrera palatina como pintor de cartones son extremadamente deudores del estilo de su cuñado. Resulta sintomático que escenas como El cazador (Fig. 1) concebido para su cartón Partida de caza o Majo sentado (Fig. 2) para La merienda difieran muy poco estilísticamente de los ejemplares objeto de este estudio. Todos ellos se presentan esbozados sobre el mismo papel de color que sin duda servía como una herramienta más para captar sobre el papel los efectos que su autor deseara plasmar sobre el lienzo. En ambos artistas la utilización del clarión como un medio de experimentación de la incidencia de la luz sobre los personajes y un concienzudo rayado acompañado por un suave difuminado para las sombras resultan casi análogas. La seguridad en el trazo nos descubre a artistas perfectamente conocedores del alcance de su maestría. Estas escenas aunque consideradas por Francisco Bayeu como obras de escasa relevancia dentro de su trayectoria artística sin embargo a nuestros ojos se erigen en inmejorables testimonios de una desbordante capacidad creativa. Estos perfectos ejercicios académicos que no ocuparían a su autor más de media hora de su tiempo servían, sin embargo, para resolver escenas que para otros contemporáneos podían ser causa de bastantes semanas de frustradas tentativas.

1 Mayer, August L. “Los dibujos españoles de la colección Witt en Londres”. Archivo Español de Arte, 1926, p. 2.

2 Ceán Bermúdez, Juan Agustín. Diccionario Histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España. Madrid, 1800, t. I, p. 100. 3 Pérez Sánchez, Alfonso Emilio

 

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