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MARIANO MAELLA Y LA DECORACIÓN DE LA CASA DEL LABRADOR:
Programas pictóricos para una villa rural de Carlos IV*

José Manuel de la Mano

 

Entre las obligaciones casi contractuales de Mariano Maella en su dignidad de Pintor de Cámara se enumeraba el esbozo de la decoración mural de los diversos Sitios Reales. Desde su juventud las escenas alegóricas no fueron ajenas a la producción del pintor, a raíz de su incorporación a las campañas decorativas del Palacio Nuevo. Casi desde los albores de su carrera el valenciano aborda diversas comisiones de esta naturaleza, eso sí al principio siempre bajo las doctrinas de su maestro Antón Rafael Mengs. El retorno del bohemio a la Ciudad Eterna así como su posterior fallecimiento en 1779 brindarían al valenciano la oportunidad de mostrar su potencial, emancipado ya del pintor filósofo. Durante el reinado de Carlos III resultan innumerables las ocasiones en que el Príncipe de Asturias recurre a los pinceles del valenciano para el ornato de sus espacios más íntimos, como la Casita de El Escorial o la de El Pardo. Tras su proclamación en 1789 como Carlos IV, el favor de este mecenas no se vuelca tan sólo en Francisco Goya como se ha venido en afirmar. Además el fallecimiento de Francisco Bayeu en 1796 elimina cualquier tipo de competencia en el campo de la decoración mural para la candidatura de Mariano Maella.  No obstante el valenciano, casi con sesenta años, presenta ya ciertas dificultades a la hora de abordar el ornato de una bóveda que comportan no sólo un importante esfuerzo creativo sino sobre todo físico. De ahí que hacia estos años, se advierte como nuestro protagonista recurre en estas comisiones palatinas a la ayuda de artistas de una generación más joven, como su cuñado Zacarías González Velázquez o su discípulo Juan Gálvez.

 

Hacia 1794 Carlos IV aborda la construcción de su Casa del Labrador en el Real Sitio de Aranjuez. El arquitecto comisionado para su delineación sería Juan de Villanueva  en compañía de sus ayudantes Antonio López Aguado e Isidro González Velázquez. La imagen de este casino de recreo tal como subsiste en la actualidad, es resultado de la yuxtaposición de dos etapas constructivas. En la primera se procederá a levantar el cuerpo principal con una intencionada austeridad exterior. Este triunfo de la naturaleza sobre la arquitectura queda inmortalizo en la pareja de acuarelas que hacia 1798 esbozaría el propio Isidro González Velázquez [1] . Más adelante en 1799-1800 se aborda una segunda fase en la que se procede a ennoblecer la presencia del edificio. En esta última intervención se añaden dos alas en los laterales con la intención de articular un patio de honor. De igual modo con objeto de subsanar la pobreza de materiales iniciales, se ubicaran bustos clásicos a lo largo de toda la fachada así como se comisionan diversos relieves modernos. Por expreso deseo del monarca en esta casa de campo la primitiva sobriedad exterior contrastaba con la suntuosidad interior. En esta frenética campaña decorativa se requiere la intervención de una extensa nómina de artistas de todas las especialidades. En el capítulo de la decoración mural se desplazan a Aranjuez pintores de la categoría de  Zacarías González Velázquez, Juan Duque, Luis Yapeli, Juan de Mata Duque y por supuesto su Primer Pintor de Cámara Mariano Maella. De todos ellos será el tandem formado por el valenciano y su cuñado Zacarías, el que acoja los encargos más emblemáticos de la Casa del Labrador. Este eficaz equipo de trabajo, ya sea pintando en el mismo andamio o en estancias contiguas, monopolizará el ornato pictórico durante estas dos épocas.

 

Por espacio casi de una década, los pinceles de Maella serán sucesivamente emplazados para la decoración de cuatro de las piezas del piano nobile de la Casa del Labrador. Entre 1798 y 1799 interviene en los dos salones más emblemáticos del primitivo edificio, la denominada en la actualidad como Sala de María Luisa y la Sala de Baile. En la posterior etapa constructiva, en el curso también de dos jornadas en 1805 y 1806 Maella acomete la bóveda de la Sala de Billar. Uno de los descubrimientos recientes más interesantes es que en 1805 nuestro artista pinta cuatro lienzos, personificando las Estaciones con destino al Gabinete de Platino. Hasta el momento estos célebres cuadros se conservaban en el museo del Prado, procedentes de la colección real pero huérfanos de todo contexto histórico. El actual conservador de Aranjuez, Javier Jordán de Urríes, ha presentado recientemente la noticia en una exposición organizada sobre el pintor francés Louis Girodet. Desde estas páginas no sólo se refrenda esta novedad sino que se refuerza con nueva documentación inédita hasta la fecha. Gran parte de estas estancias de Maella en Aranjuez acontecían concurrentes con la jornada de Carlos IV y su corte en este Real Sitio. La proximidad al monarca serviría asimismo para ir afianzando su cargo de Primer Pintor de Cámara, frente a la ya arrolladora candidatura de Francisco Goya. 

 

Los últimos meses de 1797 serían empleados por Mariano Maella en la concepción de varios bocetos para uno de los gabinetes de la Casa del Labrador. Inmersos ya en 1798 los albañiles del pintor acudirían a esta residencia a preparar el mortero que habría de acoger la pintura. La primera noticia del valenciano es una misiva fechada en Madrid el 3 de febrero en la que expone: “... Para pasar de ordn. de S.M. a encargos del Rl. servicio al Rl. Sitio de Aranjuez. Necesito un coche de colleras cuyo carruaje he de merecer a Vm. me facilite” [2] . Por otra parte el 25 de abril nuestro artista redactaba la pertinente instancia para coordinar su partida: “Dn. Mariano Maella Pintor de Camara de S.M. hace presente a V. qe. de ordn. del Rey bine a este Rl. Sitio el dia 5 de febrero a pintar un techo en la Casa del Labrador y áviendo concluido la obra y encargo de S.M. Necesito un coche de colleras para regresar a Madrid como asimismo un carro para conducir los trastos y materiales de la profesin [3] . Habían transcurrido mas de dos meses, Maella ya había culminado su intervención inaugural en la decoración de esta emblemática casa de campo de Carlos IV. El 10 de septiembre siguiente el duque de Frías participaba a Francisco Antonio Montes como, “... Haviendo estado sirviendo al Rey Dn. Mariano Salvador Maella en el Rl. Sitio de Aranjuez, de su Rl. orden desde el dia 4 de Febrero inclusibe hasta el dia 15 de Abril, y no haverse habonado la Mesilla que le corresponde dispondrá VS. se le habone por nomina de gastos en el presente mes” [4] .  En efecto al consignar las mesillas devengadas en el curso de la jornada en Aranjuez se anota: “... A dn. Mariano Maella, Pintor de Camara, qe. estubo en dicho Sitio de rl. orden 71 dias desde 4 de febrero hasta 15 de abril , se libran por su Mesilla de 15 rs. en cada uno” [5] .

 

Las sucesivas cartas de Mariano Maella al droguero Manuel Ezquerra y Trapaga solicitando materiales y colores se erigen asimismo en una crónica del desarrollo de esta bóveda en la Casa del Labrador. El 26 de febrero de 1798 redacta desde Aranjuez la siguiente misiva: “Amigo y Sr. Manuel Ezquerra a fin de qe. me hagan falta algunos materiales se me ofrece avisar a Vm a fin que me remita media arroba de Albayalde de fino de la mejor calidad y una libra de Ancorca, otra de carmin, si tuviera del que se cambio por el de Clavillo que se dice  de Inglaterra, y sino del de tableta. Todo esto servira Vm. mandar lo hagan empaquetar cubriéndolo con una Arpillera y remitirmelo por la dirección de los faetones y remitirmelo por la dirección y sobre para mi, pues deste modo vendrán seguro y con brevedad pues me hace falta estos Generos” [6] . Unos días más adelante,  el 28 transmitía ante su interlocutor en la corte la recepción en Aranjuez del paquete: “Muy Sr. mio acavo de recibir el paquete que me remite por el faetón con el albayalde, carmin y ancorca, agradezco el quidado de Vm. y he de merecer qe. en la primera ocasión me remita media arroba de azul y otra libra de Ancorca pues considero es poca cantidad la qe. ha venido de este color” [7] . Aunque el valenciano se había aprovisionado en Madrid de los materiales necesarios, en el momento de la realización de la bóveda se requiere nuevo utillaje. 

 

Durante 1798 Mariano Maella tan sólo residió en Aranjuez estos meses, el resto del año permaneció en Madrid pintando en el Palacio Nuevo. No obstante en la Casa del Labrador existen un par de bóvedas firmadas y fechadas por el pintor en el 98, la Sala de María Luisa y el Salón de Baile. La única solución para vincular esta documentación con su salón correspondiente será la de recurrir a las descripciones contemporáneas. La primera crónica de las bóvedas de Mariano Maella nos la facilita Nicolás de la Cruz y Bahamonde a los pocos meses de su conclusión: “... En el quarto principal y sala de trucos Maella pintó al fresco en la boveda el confluyente de los ríos Tajo y Xarama, las lluvias del Tajo, los quatro vientos, y el cazador apuntando á la garza con un perro al lado, suceso verdadero imitado del natural. Zacarías Velázquez pintò las diosas Cibeles, Ceres, el dios Pan, la abundancia, la primavera, Venus y el lucero del alba que allí se observan” [8] . Aunque la fecha de publicación de esta crónica del conde de Maule sea de 1812, su autor advierte como este itinerario lo redactó en octubre 1798. Esta escueta crónica, redactada casi de modo concurrente con la finalización de esta bóveda, resulta vital para precisar la intervención de Maella en la decoración de la Casa del Labrador. La Sala de María Luisa precede a la llamada Sala de Baile a la que ni siquiera menciona en octubre de 1798 Nicolás de la Cruz cuando redacta su itinerario por este casino. Además otro dato valioso es el uso de la estancia como Sala de Trucos en clara alusión al Juego de Trucos, esparcimiento bastante parecido al Billar. Esta sala mantendría esta función hasta la ampliación de la Casa del Labrador en que se erigiría la nueva Sala de Billar y en la documentación este cuarto pasa a ser designado como Sala de Compañía.

 

Durante el Siglo de las Luces la contemplación de estas alegorías por parte de sus contemporáneos, detentaba una inmediatez de lectura que se ha perdido por completo para el espectador actual. Como evidencia de esta realidad, la somera descripción del conde de Maule, transcrita con anterioridad, resulta más fiable que todas las tentativas por desentrañar el argumento de esta bóveda practicadas por sus cronistas del siglo XX. En lo que respecta a la escena principal, a Cibeles se la simboliza a través de su iconografía tradicional como diosa coronada por un torreón y sentada en su carro arrastrado por dos leones, encarnación del castigo a los amantes Hipómenes y Atalanta. A su derecha se emplaza a su hija Ceres coronada de espigas de trigo y portando una azada como encarnación de la diosa de las cosechas y asistida por la Labranza. Los dos grupos que flanquean éste central son por un lado, a su derecha una personificación del Otoño a través de Baco en compañía de un sileno, que acostumbra a formar parte de su comitiva. La otra banda situada a la izquierda de Cibeles se ha pretendido identificar por Carmen Díaz Gallegos como “... figuras alusivas a los sacerdotes que celebraban sus fiestas con danzas, al son del tambor y los címbalos” [9] . No obstante se trata de una alegoría a la Primavera , encarnada por Flora, que reparte flores entre un corrillo de amorcillos. Esta fórmula de interpretación de las Estaciones resulta concurrente con el que adoptaría Mariano Maella, inmersos ya en el siglo XIX,  para la Sala de Platino en esta misma Casa del Labrador.

 

Esta casa de campo se intitula como del Labrador, de ahí la presencia de una iconografía de la Agricultura en gran parte de la decoración de sus gabinetes. Al mismo tiempo esta concepción de la vida de campo de un modo idílico como antítesis de la incomodidad de lo urbano, parece presidir la ornamentación mural de toda villa rural casi desde Palladio. Con este contexto en otro de los laterales de esta estancia se representa la confluencia de los ríos Tajo y Jarama en alusión al emplazamiento geográfico de la villa de Aranjuez. En una de las esquinas adyacentes, Mariano Maella ubica a la Pesca que introduce visualmente a la Caza. A continuación el valenciano emplazó a la Fortuna con sus habituales atributos, del cuerno de la abundancia y el timón, con el que gobierna la existencia del hombre. Esta diosa va acompañada por una figura femenina con gallinas y una cesta de huevos en relación quizás con la Fecundidad. La Felicidad Pública comparece asimismo coronada de espigas y significada con los atributos del cuerno de la Abundancia y el caduceo a modo de emblema de la concordia así como de la paz. Esta alegoría se representa en esta bóveda asociada a la Alegría , que exhibe una copa de cristal llena de vino y una guitarra en clara alusión a la música. En el cielo se eleva una personificación de la Aurora portando su antorcha mientras va esparciendo flores y del lucero del Alba significado en un niño con otra antorcha y una estrella sobre la cabeza. El Rocío de la Mañana son las figuras femeninas que vierte sobre la tierra el agua de su cántaro, escoltadas por el viento Céfiro.

 

Justo  al día siguiente de concluirse esta bóveda, el duque de Frías trasladaba el 17 de abril de 1798 desde Aranjuez a Gaspar de Jovellanos la pretensión de un joven Zacarías González Velázquez  a la dignidad de Pintor de Cámara. Al enumerar sus servicios se advierte “... que a mas de lo expuesto según soy informado ha estado ayudando al Pintor de Camara Dn. Mariano Maella en la Casa del Labrador propia de SM en la Pintura al techo que acaba de hacerse” [10] . En efecto por documentación lateral se contrasta esta noticia de que Maella buscaría el apoyo de su cuñado en el curso de estos meses para la confección material de esta pintura. Durante esta fugaz jornada de Zacarías en Aranjuez el pintor tendrá que reincorporarse temporalmente en el mes de marzo de nuevo a Madrid. Esta coyuntura será aprovechada por el valenciano para solicitarle que se acercara por el establecimiento de Trapaga. El 21 de marzo nuestro protagonista redacta en Aranjuez la siguiente misiva dirigida a su cuñado: “Hermano y Sr. deseo aya sido con felicidad el viaje y qe. en esa su casa no ayga novedad en la salud. Continuando Vm. bueno igualmente yo no tengo novedad y me ofrezco a su disposición. He de merecer de Vm. qe. quando haga su regreso se trayga una libra de Bermellón y para el pago asi del carmin como el dho. Bermellón tendra la bondad de pasar en casa de trapaga y dejando esta esquela le satisfagan a Vm para que lo pongan en la quenta Inclusa de los demas colores que se an tomado. Procure Vm pasarlo bien y mande mis expresiones a dña. Juanita y niños con los demas de casa” [11] . 

 

Para esta comisión de la Casa del Labrador Zacarías González Velázquez recibiría todos los apuntes y bocetos de Mariano Maella, con el fin de transcribir ciertas áreas de la composición ideada por el valenciano. A falta de testimonios más directos el libro de Nicolás de la Cruz nos brinda la única crónica, redactada a escasos meses de su finalización, donde se puntualizan las zonas que abordarían cada uno de estos artistas. En base a esta descripción coetánea ambos pintores se repartirían esta bóveda por la mitad, es decir un par de laterales de la sala por autor. Según el conde de Maule, Zacarías transcribiría todo el lado de la alegoría de la diosa Cibeles con Ceres escoltadas por el Otoño y la Primavera , así como el contiguo de la Abundancia acompañada de Venus. Con esta división tampoco se interferirían durante su estancia en la Casa del Labrador y podrían trabajar de modo concurrente en andamios contiguos. A pesar de este reparto de la bóveda, la escena detenta una unidad estilística que ha permitido salvaguardar hasta estas páginas una única autoría para Maella. Además se ha rescatado la noticia de que en 1804 Zacarías procedería quizás a restaurar esta bóveda a raíz de las grietas aparecidas con motivo de la construcción de la nueva escalera [12] . Esta nueva intervención vendría en desfigurar aun más la intervención inicial del valenciano. A pesar de esta sinergia de pinceles Mariano Maella no se resiste a firmar la bóveda como único autor de la composición, aunque desde aquí se desvele que no de toda la ejecución material.

 

Durante todo el año de 1798 y desde Madrid, Mariano Maella se afanaría en esbozar los dibujos y bocetos para la sala de mayores dimensiones de la Casa del Labrador. Mientras tanto en Aranjuez se preparaba de modo concurrente la llegada del valenciano. El 21 de agosto de ese año el carpintero Manuel Monjas extendía su factura por “... una Escalera portatil para los Pintores en el salon grande, de 12 pies de alto, sus gualderas, y cadena de Portadas, sus peldaños, y pasamanos de tabla de agordo, labradas todas sus maderas” [13] . En los albores de 1799 se desplazaba a la Casa del Labrador un oficial del pintor llamado Juan Antonio García. Su misión sería la de acondicionar la superficie de la bóveda para que nuestro protagonista pudiera empezar a pintar nada más llegar al Real Sitio. La notable extensión de esta estancia le tuvo ocupado por espacio de cinco semanas, desde el 14 de enero hasta el 23 de febrero. Al presentar su recibo en Aranjuez se indica: “... Estas listas son gastos que hace el oficial de Maella, que ha venido de Madrid a preparar la bobeda que ha de pintar” [14] . 

 

Todo estaba ya listo para recibir la visita de Maella, por lo que el 21 de febrero el valenciano comunica a Ignacio Abad: “Muy Sr. mio. Con motivo de tener qe. ir a pintar al Rl. Sitio de Aranjuez necesito un carro de tres mulas para llevar los materiales y trastos de mi uso. He de merecer a Vm. me franquehe dho carruague pues estoy disponiendo los cajones y lios” [15] .  El 25 de febrero Maella firmaba ya desde Aranjuez el siguiente justificante: “... Dn. Mariano Maella Pintor de Camara de S.M. He recibido del Sor. Dn. Felipe Marz de Viergol doce mil rs. vn. a buena quenta de la que presentare, de el Pintado de un techo, que estoy ejecutando en la Casa del Labrador de S.M. en este Sitio” [16] . Al equipo de Maella compuesto por el albañil le acompañaría al pintor su moledor de colores Manuel Aparicio. Las prolijas listas de gastos de estos ayudantes de Maella se extienden de finales de febrero hasta el sábado 22 de junio [17] . El día anterior el artista emitía todavía en Aranjuez el siguiente recibo: “... Dn. Mariano Maella, Pintor de Camara de S.M. Hè recivido del Sor. Dn. Felipe Martinez de Viergol ocho mil rs. de von à buena cuenta de la que presentare de la obra de Pintado que esta a mi cuidado en la Bobeda de la Rl. Casa del Labrador” [18] . De igual modo ese mismo día Zacarías González Velázquez cursaba asimismo el siguiente recibo: “... Dn. Zacarias Velazquez: Hè recivido del Sor. dn. Felipe Martinez de Viergol Diez mil rs. de von. de gratificación que el Rey me hà concedido por haver ayudado à Pintar la Bobeda à dn. Mariano Maella en la Rl. Casa del Labrador, y las ocho figuras en la de dn. Juan Duque” [19] .

 

El epistolario mantenido durante estos meses de 1799 entre Mariano Maella y su proveedor de materiales en la corte, rescata asimismo ciertos detalles acerca de esta jornada del pintor en la Casa del Labrador. Como preámbulo a su desplazamiento a Aranjuez el valenciano solicitaba todavía sin abandonar Madrid el 20 de febrero a Manuel de Ezquerra “... los Generos siguientes para la obra qe. tengo qe. Pintar en Aranjuez. Aroba y media de Retal. Dos libras de Ancorca. Quatro libras de Azul de cenizas de Francia. Dos libras de Berde montaña. Dos libras de Carmin Fino. Dos libras de Bermellon. Una libra de Azul de Prusia”. Tras el comienzo de las obras el artista prosigue reclamando, pero ya desde Aranjuez, nuevos productos a medida que le van haciendo falta. El primero de abril comunica a su droguero: “... Muy Sr. mio y de mi mayor estimación espero abra llevado el regalero la muestra de las brochas que necesito tambien se me ofrece me remita Vm. una Aroba de Albayalde con las ocho brochas qe. tienen qe. venir. Por ahora no se ofrece òtra cosa si lo puede traer mi cuñado dn. Zacarías y sino empaquetado lo remitira Vm. por el faetón”.  A través de este documento se puede especular con que Zacarías González Velázquez se incorporaría más tarde que nuestro protagonista al ornato de está bóveda. A estas peticiones de colores y pinceles le sucederían otras de nuevos materiales el 8 de abril así como el 14 de mayo. A pesar de que la factura por todo este utillaje se extendió por parte de Manuel Ezquerra y Trapaga el 31 de diciembre de 1799, su abono no se efectuaría hasta agosto de 1802 [20] .

 

En el curso de correlativas campañas de restauración acometidas en 1995 y 1996 en la Casa del Labrador se procedió a solventar el lastimoso estado de conservación en que comparecían ciertas áreas de esta bóveda así como la de la Sala de Compañía. Los informes técnicos emitidos en ambas ocasiones, puntualizan como estas alegorías se concibieron con la técnica del temple magro aglutinado con cola animal sobre mortero [21] . Esta noticia de que estas salas no fueron decoradas al fresco, queda asimismo corroborada por el epistolario de Maella trascrito en este artículo. En ningún momento a través de estas prolijas listas de colores se solicitan las resmas de papel de marca imperial precisas para elaborar los cartones. La explicación del porque Maella se decanta por esta técnica en detrimento del fresco, todavía se desenvuelve en el campo de la conjetura. Los casi sesenta años del valenciano dificultaban sin duda la velocidad imprescindible en cada una de las fugaces jornadas del fresco. A esta incapacidad física se añadiría la voluntad del pintor por dejar los meses del año más adecuados para pintar al fresco para los salones del Palacio Nuevo de Madrid. El esbozo sobre el muro en Aranjuez se desarrollaría en una de las estaciones más húmedas y por lo tanto más intempestiva para el secado de la pintura.

 

El recibo definitivo se redactaba ya en Madrid por Mariano Maella la primera semana del mes de julio:

“Cuenta de los gastos que se hàn hecho en el tiempo que hà pintado Dn. Mariano Maella, el techo de la pieza nueva en la Casa del Labrador del Rl. Sitio de Aranjuez, y para suministrá dhos. gastos recivió de Dn. Felipe Viergol en 25 de Febrero del presente año doze mil rs. en efectivo, y en 21 de Junio del mismo ocho mil que componen veinte mil rs.; y se hà gastado para dha obra lo siguiente.

Primeramte. Jornales á la gente que me hasistido. 4.991

Comodidad importe del Coche que me concedió S.M. para ir à trabajar. 4.917

De ayuda de costa pa. el plato á razon de 60 rs. cada dia como se me diò el año pasado por el tpo.de 3 meses y 19 dias que empleado. 7.210

Propina dada al Cochero. 880

Propina á los Consergues y demas de la Casa del Labrador. 160

A los Carpinteros qe. quitaron el Andamio. 60

Al Carro para conducir la gente y algunos materiales. 90

Propina à la gente qe. me hà asistido en la Obra. 320.

Mas á Dn. Zacarias Velázquez qe. de orden de Dn. Felipe Viergol le entregado mil y quinientos rs. á cuenta de la obra que tiene que hazer en la Casa del Labrador el año que viene. 1.500

Gastado. 20.128.

Resulta á mi favor la Cantidad de ciento veinte y ocho rs. de von. y por ser verdad lo firmo en Madrid de Julio de 1799. Mariano Maella” [22] .

 

La ornamentación de esta bóveda, así como la de la Sala de Compañía, se desarrollaría de manera concurrente con la presencia de Carlos IV en el curso de la jornada de Aranjuez. A partir de 1795 el soberano ya acudía esporádicamente a almorzar a este retiro, apartado de la protocolaria etiqueta de la corte en palacio. La supervisión personal de las obras por parte del monarca preside la construcción y decoración de la Casa del Labrador, por lo que Maella no se sustraería durante esta temporada a esta fiscalización regia. Por documentación posterior se rescata como en el curso de ambas estancias en el mencionado Real Sitio, el valenciano se alojaría en una casa de la calle de la Reina. Durante los tres meses y medio que duró el ornato de este techo, Mariano Maella sería recogido cada día en su vivienda por un cochero que le acercaría hasta la Casa del Labrador. El conserje fue el encargado de abrirle a diario el palacio con el fin de facilitar el acceso a los pintores. En el mes de junio de 1799 de manera inmediata a concluir las labores de pintura se decreta desmontar el andamio, con el fin de permitir el libre discurrir de la vida en la Casita. La intervención de Zacarías González Velázquez en esta estancia queda ratificada documentalmente por los diez mil reales que Carlos IV le concede en concepto de gratificación por ayudar a su cuñado en este salón. La identificación en la bóveda de las áreas exactas en las que intervino no resulta tan sencillo como en la adyacente Sala de Compañía. Una de las zonas donde más fácilmente se reconoce esta participación pictórica de Zacarías es en las figuras que personifican a América y Asia. Las calidades más neoclásicas que se advierte en el esbozo de estas alegorías responden sin duda a la técnica de González Velázquez y no a la de Maella. A partir de este encargo Zacarías emprenderá su carrera cortesana en solitario en lo que concierne a la decoración mural de la Casa del Labrador. De ahí que Mariano Maella recaude mil quinientos reales en concepto de adelanto para las pinturas que habría de materializar su pariente a partir de 1800 en la Sala del Tapiz Doblado.

 

Esta llamada Sala Grande resulta con distancia la más extensa de la Casa del Labrador, de ahí que Carlos IV requiera de Mariano Maella la articulación de la alegoría más solemne. A pesar de la multitud de ocasiones en que se ha referido esta bóveda, nunca se ha procedido a la exacta identificación de la composición. Los focos de atención de esta monumental escena dinástica se distribuyen en base a los dos accesos que tiene la sala. La escena principal se orienta hacia la puerta que viene de la Sala de Compañía, decorada un año antes por el propio valenciano. En este grupo se significa a España mediante una matrona coronada sentada en su trono, en compañía del águila imperial y el león. La alusión al feudo hispano queda asimismo recalcada por las columnas del Plus Ultra, que flanquean un improvisado dosel sostenido en el aire por varios genios. De entre la corte de representaciones que le acompañan, Maella enfatiza la presencia de Mercurio, con su petaso, talares y caduceo, que articula un diálogo gestual con este regio referente visual. Este dios, como habitual personificación del Comercio, introduce a España a la Riqueza personificada como una figura femenina ataviada con multitud de joyas y con el cuerno de la Abundancia. A esta imagen le acompaña la Abundancia interpretada como una matrona coronada de espigas de trigo así como la Generosidad que es una mujer que porta una bandeja de joyas en acción de repartirlas. Al flanco derecho y como escolta del Comercio se emplaza a la Industria como una mujer que en su mano derecha lleva un panal con abejas y en la izquierda un cetro con dos alas. A su lado se sitúa la Agricultura encarnada en una mujer con un azadón al hombro y en su mano izquierda una podadera. De igual modo Maella introduce otra compañera imprescindible para la actividad comercial, la Navegación con un timón en una mano derecha y un mapa en la izquierda.

 

El otro polo argumental se ubica justo al lado opuesto a esta alegoría de la monarquía hispana y el comercio. El grupo principal se articula en torno a las armas de España, Parma y Austria, en clara alusión a las dinastías de Carlos IV y su esposa María Luisa de Parma. Este monumental escudo se representa enmarcado por la banda e insignias de la Orden del Toisón así como la de Carlos III y comparece sostenido en el aire por varias figuras que encarnan las Cuatro Virtudes Cardinales. La Justicia interpretada como una joven coronada que porta la balanza y las fasces, la Fortaleza como una mujer armada con una lanza y la rama de roble, la Templanza sujeta con ambas manos el freno con el que modera sus pasiones y finalmente la Prudencia se simboliza con dos rostros y portando un espejo. Debajo de esta gloria profana un genio quema con su antorcha un montón de armas como el icono imprescindible para el progreso, la Paz. Casi en el centro de la bóveda, Maella ubica a la Fama con la corona de  laurel y su trompeta, en compañía de un genio que tremola la bandera de España. A lo largo de ambos laterales de este salón se personifican los Cuatro Continentes con un lenguaje ciertamente tradicional. En estos verdaderos prototipos tan sólo cabe destacar que la inscripción que se dispone en el sarcófago que acompaña a la alegoría de Asia, compone tan sólo una amalgama aleatoria de alfabeto griego y hebreo con números romanos. A diferencia de lo que acontecía en las composiciones de Luis Paret, en esta ocasión esta leyenda carece de significado y tan sólo constituye una herramienta visual de Maella llamada a simular un exotismo.

 

El argumento definitivo de esta bóveda sería el Comercio acompañado de la Industria , la Agricultura y la Navegación introduce a España la Riqueza , la Abundancia y la Generosidad. Las Virtudes Cardinales acompañadas de la Paz ayudan a que la fama de la dinastía hispana se extienda por los cuatro continentes. Elías Tormo sería uno de los primeros historiadores en referenciar este gabinete como: “... Salón de Baile, de lujo similar, techo que comenzaría Francisco Bayeu y que firma Maella 1792 (las cuatro partes del mundo)” [23] . Este anacronismo de que Bayeu acogería el encargo y el gazapo de su datación se ha venido en repetir sucesivamente en diversas publicaciones posteriores. La fecha que acompaña a la firma de Maella en la bóveda es de 1798, aunque la documentación aquí presentada corrobora como se esbozaría en 1799. Resulta materialmente impracticable que en la efímera estancia en Aranjuez de dos meses en 1798, el valenciano tuviera tiempo para realizar el techo de la Sala de Compañía y de esta Sala Grande.

 

Hacia 1802-03 Carlos IV culminaba la ampliación de su Casa del Labrador con la anexión de dos nuevas alas. En este momento Mariano Maella será emplazado por su regio mecenas para el ornato de la bóveda de la Sala de Billar. Esta naciente estancia, bastante más amplia que su precedente, se proyecta con el fin de sustituir a la anterior Sala de Trucos decorada asimismo hacia 1798 por nuestro protagonista. Aunque este techo ostenta la firma y fecha de 1806, la documentación corrobora como se esbozaría en el curso de un par de jornadas en 1805 y 1806. Desde el instante de activar esta segunda etapa constructiva en esta villa de recreo, se piensa en Maella para el techo de este salón. A comienzos de octubre de 1803 el carpintero Cándido García extiende una factura “... Por haver hecho el andamio pa. la pieza que ha de pintar Dn. Mariano Maella” [24] . Este andamiaje se refiere con toda probabilidad al que manejarían los albañiles para aparejar la bóveda, mientras que la alusión al valenciano se debe entender tan sólo un modo de identificar la pieza. En efecto algún tiempo más adelante se remunera al albañil Antonio Gómez por el trabajo cumplido del 24 al 29 de octubre por el “... guarnecido de estuco en la Bóveda qe. ha de pintar Dn. Mariano Maella en la Casa del Labrador” [25] . De estas minutas se infiere como en tan precoz estadio de las obras, nuestro pintor ya habría acogido el encargo y permanecería a la espera de que se ultimaran las labores del resto de los artesanos. La documentación exhumada del archivo reconstruye el progresivo avance de la ornamentación en esta reubicada Sala de Billar.

 

Esta escena de Apolo declamada por los pinceles de Maella se erige en un inmejorable epílogo de su contribución al ornato mural de la Casa del Labrador. En la primavera de 1805 el valenciano se desplazaría a Aranjuez con el fin de trasladar la alegoría bosquejada sobre el lienzo al techo definitivo. Al concluir esta jornada inaugural, el artista redactaba una factura por los “Gastos hechos para las obras de la casa del Labrador asi para el techo que se a de pintar a el fresco [...] en este año de 1805. En principio de mayo me mando llamar el Rey para que me presentase en continente. Tome una mesilla de Posta para Aranjuez Importo 364. Posada de dos dias con un criado 160” [26] . La explicación de este fugaz viaje de un par de días al Real Sitio, reside quizás en una audiencia del artista con Carlos IV.  El preceptivo pláceme regio para el boceto de presentación formalizaba la antesala de una campaña pictórica. Mientras tanto en este casino de recreo se coordinaba la cercana incorporación del artista para abordar la decoración de la bóveda.

 

A comienzos del mes de mayo de 1805 se verificaba el arribo a Aranjuez de Mariano Maella, como se comunica a Francisco Antonio Montes: “... El dia 11 del corrte. mes ha venido de Madrid a este Rl. Sitio el Pintor de Camara dn. Mariano Maella à executar cierta obra de su Profesion qe. le ha mandado SM. y haviendo empleado con este motibo un coche y dos carros, qe. ha necesitado para la conducción de su persona y utensilios: Lo participo à VS. à fin de que se abone su impte. y la mesilla ordinaria à su devido tiempo, pues continuarà aquí el resto de la presente Jornada y à caso mas tiempo, segn. disponga SM” [27] . A raíz de este misiva, unas jornadas más tarde, el día 25 se advierte a la Dirección de Carruajes como “... Se abonarán al Pintor de Camara dn. Mariano Maella en virtud de orden del Sor. Sumiller de Corps de 22 de este mes, un coche de seis mulas, y dos carros de a quatro, que há ocupado de Madrid à este Real Sitio, con motibo de haber venido à ejecutar cierta obra de su Profesión en el Rl. Palacio de el y Casa del Labrador” [28] . El trabajo del valenciano se extendió por espacio de casi un mes y medio, ya que no será hasta el 22 de junio cuando el pintor escriba de su puño y letra al Controlador General: “... Muy Sr. mio. Con motivo de mi regreso á Madrid necesito me franquehe Vm. un carro para conducir los cajones y lios con la gente qe. a venido conmigo a trabajar. Y el coche de regreso para mi qe. según me an dho. en el oficio esta puesto en lista” [29] .

 

En el primero de estos recibos se especifica como Maella trabajaría de modo concurrente en el Real Palacio y en la Casa del Labrador. Esta todavía incierta dispersión creativa del artista, comportaría un relativo avance del ornato pictórico de este salón durante esta etapa de 1805. El hecho de que se desplazara con su equipo de trabajo, conformado por un albañil y un moledor de colores, ratifica como en estos meses de mayo y junio ya se abordaría alguna de las escenas que componen esta alegoría. Durante esta jornada en Aranjuez se alojaría en una casa propiedad de Ángel Fernández de Soria en la calle San Pascual [30] . Además el 18 de junio de ese año el cerrajero Antonio Fernández reclamaba el coste de “... una Puerta Provisional que se puso en la Pieza del ramal nuevo para que la pintase Dn. Mariano Maella, se entregaron 6 visagras grandes de Solapo, una cerradura de Paderillas, y un Pasador de media vara de largo guarnecido en palastro” [31] . Con esta noticia se rescata como en el transcurso de las labores de Maella se restringió el acceso al gabinete, mientras permanecieran pintando nuestro protagonista y su discípulo.

 

El año de 1806 se verificará en realidad el período de ejecución de esta bóveda de la Sala de Billar de esta recién ampliada Casa del Labrador. El 13 de marzo de 1806 se enviaba la siguiente misiva a Mariano Maella y Zacarías González Velázquez: “Haviendo resuelto el Rey que venga Vmd à este Sitio inmediatamte. se lo prevengo de orden del sr. Sumiller de Corps pa. su cumplimiento” [32] . El valenciano tenía que retomar la Sala de Billar mientras que su cuñado debía abordar la bóveda de la Galería de Estatuas. A los pocos días, el 15 de marzo se anunciaba a la Dirección de Carruajes como “Se darà un carro de quatro mulas a dn. Mariano Maella Primer Pintor de Camara de SM. para conducir desde esta Villa al Rl. Sitio de Aranjz. varios caxones de materiales de su profesión pa. el rl. Servicio” [33] . Al día siguiente se trasladaba al duque de San Carlos como: “... deviendo venir à este Rl. Sitio los Pintores de Camara dn. Mariano Maella, y dn. Zacarias Velazquez para executar varias obras de su Arte en la Casa qe. llaman del Labrador: Lo aviso à V.Exa. para qe. se sirva disponer se les destine el correspondiente Aloxamto.” [34] . Una vez instalados ambos artistas en Aranjuez se estipula que sigan cobrando la mesilla estipulada durante su estancia. De igual modo el 28 de marzo se oficia a Francisco Antonio Montes: “Los Pintores de Camara dn. Mariano Maella, y dn. Zacarias Velazquez han venido à este Rl. Sitio, el primero en 20 del corrte., y el segundo en 16 del mismo para executàr varias obras de su Arte en la Casa nombrada del Labrador, y habiéndoles destinado Aloxamto. à uno, y otro porque su mansión áqui serà larga: Lo aviso à VS. pra. que disponga se les abone el carruaje correspondte. de venida, y buelta, y la mesilla ordinaria que devenguen mientras permanezcan en este Sitio” [35] .

 

A mediados de junio de 1806 Maella redactaba la siguiente esquela dirigida al Controlador General: “Muy Sr. mio con motivo de aver concluido el encargo de SM. He de merecer a Va. me facilite el abono de un coche de colleras para regresar a Madrid y un carro para conducir los trastos. Es qto. se me ofrece suplicar a Va., si puede ser para Mañana Martes por la tarde” [36] . La coyuntura de que se le deniegue al valenciano el carro para retornar con sus utensilios a Madrid, le compele a escribir el 17 de junio al marqués de Ariza: “Dn. Mariano Salvador Maella Primer Pintor de Camara de SM. ALP. de VE. expone que aviendo pasado aviso al Sr. Intendte. Controlador Genl. para que diese la ordn. para qe. se me facilitara el coche de practica y un solo carro que necesito aora para conducir los muebles sobrantes de las pinturas que se an echo en la Casa del Labrador de SM. se halla con la novedad de que solo a mandado que se le de el coche lo que uno sin otro no se puede salir deste sitio en esta atención y que nunca a sucedido esto en tales casos. VE. tendra la bondad de expedir su ordn. para que se me de dhos carruages que necesito como siempre se practica” [37] . Ese mismo día el marqués de Ariza ordenaba a Francisco Antonio Montes como “El Pintor de Camara dn. Mariano Maella ha concluido la obra de su Profesion para que vino à este Sitio de orn. del Rey, y necesitando un Carro para conducir los Cajones, y otros efectos sobrantes de la misma obra que deve volver à Madrid: Lo aviso a VS. à fin de que disponga se le abone, ademas del coche que se acostumbra para su persona” [38] .

 

La jornada pictórica de Mariano Maella en la Casa del Labrador había concluido, mientras que cierta documentación posterior nos brinda información bastante reveladora sobre la ejecución material de este fresco. Con anterioridad ya se expuso como a consecuencia de la avanzada edad del valenciano, para la materialización en 1798 y 1799 de la Sala de Compañía y de la Sala Grande recurriría a su cuñado. En 1805 el horizonte para Zacarías González Velázquez era completamente diferente, pues a estas alturas de su carrera palatina ya detentaba una notable proyección individual. De ahí que para esta Sala de Billar nuestro protagonista se vería precisado a requerir la colaboración de su discípulo Juan Gálvez. El 7 de junio de 1806 Maella redactaba, morando todavía en Aranjuez, la siguiente carta: “Sr. Dn. Felipe Viergol. Deviendo satisfacer Vmd. á Dn. Juan Galvez el tiempo, que ha estado conmigo trabajando en el techo, qe. se ha pintado al fresco; en la Casa del Labrador; pidiéndome Vmd. razon del tanto, qe. se le debe considerar devo decir á Vmd qe. hice el trato se le daria un doblon cada dia de trabajo y treinta rs. los dias de fiesta. Y haviendo benido el dia 29 de Marzo y haver estado conmigo hasta el 7 de Junio son sesenta y un dias qe. importan en su total 3.900 rs. vn. Tambien es menester considerarle el viage de venida y regreso á Madrid, qe. puede considerarse a unos 200 rs. vn”. Hasta el día 23 de este mes Gálvez  no percibirá su gratificación, para lo que se mantendrá en el Real Sitio de Aranjuez en compañía de su maestro [39] .

 

La invitación oficial a Gálvez para participar en la decoración “al fresco” de esta bóveda, espolearía las pretensiones de su discípulo de San Fernando a engrosar la nómina de artistas al servicio del monarca. El 27 de junio redactaba, aún desde Aranjuez, la preceptiva instancia oficial: “Dn. Juan Galvez Profesor de pintura, A.L.R.P. de V.M. con el debido respeto expone que haviendo tenido el honor de pintar en las Casas de Campo y Rl. Palacio del Sitio de Aranjuez, y ultimamente haver sido llamado con aprobación de V.M. por su maestro Dn. Mariano Maella con quien ha estado pintando en la Casa del Labrador esta presente jornada, y deseoso de emplearse en la Real servidumbre de V.M. Supca. rendidamente qe. por un efecto de su Real vondad tenga á bien nombrarle Pintor de Camara Honorario ó si fuese del agrado de VM. concederle la mitad del sueldo, como lo disfrutan Dn. Juan Duque y Dn. Luis Yapelli gracia, qe. espera el venefico corazon de V.M. cuya importante vida guarde el Señor dilatados años”.  La resolución real se haría de esperar, ya que el 8 de julio Carlos IV aplazaba su decisión para “mas adelante” [40] . El 21 de febrero de 1807 Juan Gálvez volvería a reincidir en su petición del ansiado cargo de Pintor de Cámara. Esta colaboración con Maella en la Casa del Labrador sin embargo no le serviría,  ya que el 20 de marzo sería definitivamente “Negado” [41] . En las fechas previas a la invasión francesa la precaria situación de  las finanzas de la monarquía hispana, comportaba la negación casi sistemáticamente de la mayor parte de estas súplicas.

 

Desde el interior de la Casa del Labrador se proyecta tan sólo un único acceso a esta pieza de recreo de esta Casita de Carlos IV. En la época de su construcción el platero Joaquín Giardoni testimonia como de “...sus quatro puertas qe. solamente se habre una” [42] . De ahí que el grupo principal de la alegoría allí representada se emplaza en la zona situada justo en frente de esta entrada. En su afán por reforzar este auténtico foco visual, Mariano Maella dispone allí la presencia de Apolo guiando su carro del Sol con el séquito de las Horas, con alas de mariposa y en actitud de asegurar los caballos. A esta composición del dios solar su autor le incorpora asimismo las personificaciones de los Cuatro Elementos. Debajo de Apolo por ejemplo se emplaza a Neptuno, como tradicional encarnación del Agua, sobre su carro arrastrado por hipocampos y con un sonoro cortejo de tritones soplando sus caracolas. Este dios del mar comparece acompañado por otras divinidades marinas como Tetis sobre un delfín, como alusión de la fecundidad femenina del mar, y Glauco a modo de un anciano con una larga barba blanca y cola de pez. Además del Agua figurada por Neptuno y su comitiva, en el resto del techo se representa a la Tierra a través de la diosa Cibeles, escoltada por la Abundancia y la Agricultura , al Aire mediante Eolo, dios de los vientos, y finalmente al Fuego por Vulcano en actitud de trabajar en su fragua. Frente a ello y con el fin de coronar el amplio celaje central, el artista emplaza asimismo una representación del Lucero del Alba y del Rocío. En la decoración mural de casi todas las estancias de la Casa del Labrador subyace un programa llamado a ponderar la naturaleza rural de esta residencia. Indudablemente Apolo, como deidad solar, favorece el desarrollo de las cosechas y por ende el progreso de la Agricultura. En esta ocasión el 20 de julio de 1807 el platero Joaquín Giardoni extendía la factura por su trabajo en la Sala de Billar, entre lo que destaca “...por remate de dho guardapolvo va un pedestalito quadrado sugeto con quatro cordones qe. salen de los quatro angulos encima del pedestalito va el Genio de la Agricultura representado en una figurita con alas y azada en la mano todo de bronce dorado a molido incluso modelado ocuiado armado y cincelado” [43] . Indudablemente esta escultura en bronce dorado de Giardoni declamando la Agricultura , entablaría su particular diálogo visual con la pintura esbozada por Maella en la bóveda.

 

La postrera intervención de Mariano Maella en una de las estancias de la Casa del Labrador resulta sin embargo la de mayor trascendencia, por rescatarse su memoria del olvido. Hacia 1800 el monarca Carlos IV comisionaba a Francia el célebre Gabinete de Platino, bajo proyecto del arquitecto Charles Percier y coordinación del broncista Michel-Léonard Sitel. Para su ejecución material se procedió a contratar en el vecino país galo a los más prestigiosos artesanos del momento. Para las tareas en bronce y platino se requiere la participación de Pierre-Auguste Forestier, mientras que para las relativas a marquetería y mobiliario a ebanistas de la talla de Xavier Hindermeyer o los hermanos Jacob. En lo que concierne al aderezo pictórico de la sala se recurrió con semejante proceder a pintores franceses. Jean-Joseph-Xavier Bidaud esbozaría cuatro paisajes alusivos a las estaciones mientras que Jean-Thomas Thibault pintaría otras cuatro vedutas rememorando la Piazza della Signoria de Florencia, la Piazetta de Venecia, el Vesubio desde Posillipo y la Columnata del Louvre. Sin embargo el capítulo