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Mariano Salvador de Maella

María Luisa de Parma

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Pintado hacia 1789 y modificado hacia 1792 Ins. “mª lvisa hisp. et ind. regª” [en el marco]

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Entre las obligaciones de Mariano Salvador Maella esbozadas en su contrato artístico como Pintor de Cámara comparecía ineludible la de inmortalizar las efigies de los sucesivos monarcas hispanos. El acceso de los Príncipes de Asturias, Carlos y María Luisa, al trono de España a comienzos de 1789 tras el fallecimiento de Carlos III, desencadenaría un aluvión de instancias requiriendo la imagen de los nuevos soberanos. Maella se embarcará en esta empresa con similar inquietud profesional al resto de pintores que pugnaban con sus pinceles por llamar la atención del monarca, auténtico paradigma de mecenas cortesano. No obstante en esta contienda pictórica el valenciano no acudía ajeno a su fisonomía ya que en los albores de su carrera palatina se había visto precisado a reproducir los retratos de unos adolescentes Príncipes, manados de la genialidad de su maestro el bohemio Antón Rafael Mengs. Además transcurridos escasos años este joven matrimonio posaría asimismo ante el valenciano con objeto de concretar un prototipo personal que se vendrá en repetir en multitud de ocasiones.

Esta imagen inédita de la reina María Luisa de Parma que se presenta en esta exposición fue en origen planteada en compañía de otro óvalo de Carlos IV, que se custodia en la actualidad entre los fondos del Banco de España(1). En el catálogo de su pinacoteca aunque se adscribe al taller de Francisco de Goya, ya se echaba en falta este esencial pendant al advertirse: “.... es muy probable que exista en alguna parte un lienzo oval, compañero, con la efigie de María Luisa”(2). Al final de nuestra Guerra Civil este lienzo de Carlos IVsería fotografiado en el museo del Prado e inventariado como de la colección de la viuda de Gutierrez Galindo(3), mientras que de su esposa se conserva una antigua fotografía en el Archivo Moreno(4). Los convulsos momentos que padeció nuestro país comportarán la lamentable separación de esta emblemática pareja de creaciones de Mariano Maella. La oportunidad de un estudio conjunto de estos dos lienzos ha permitido precisar su fecha de realización, arrojando asimismo bastante luz acerca de ciertas incidencias en la configuración definitiva de la pintura objeto de este estudio(5).

La fecha de realización de esta pareja de retratos ha de ser bastante cercana a la llegada al trono del matrimonio en 1789. La deliberada presencia de la corona y el cetro en primer término así como el perenne emblema de la monarquía en que se erige el manto de armiño que arropa a María Luisa de Parma así lo testimonian. Las radiografías practicadas a este lienzo ratifican innumerables mudanzas compositivas, sobre todo en el tamaño de la corona o en la colocación del penacho de plumas. La multitud de tanteos en la dirección de la severa mirada de la soberana permiten aventurar la hipótesis de que el rostro fuera esbozado del natural en una fugitiva sesión ante la naciente soberana. Además todos estos pentimenti refrendan tanto la inquietud de Mariano Maella por complacer a sus regios patronos como el interés por articular un prototipo para futuros llamamientos retratísticos que pudiera rivalizar con un ya omnipresente Francisco de Goya.

Se ha venido reincidiendo en que la génesis de esta pareja de efigies regias brotaría como ornato de alguna de las decoraciones efímeras que acompañaron la ceremonia de coronación de Carlos IV(6). No obstante resulta más plausible que fueran comisionados con miras a presidir algún todavía anónimo organismo público. Como ya se ha destacado Mariano Maella esboza una meticulosa instantánea de la reina pero además hacia 1792 su autor habrá de retomar sus pinceles con el fin de incorporar la banda e insignias de la Real Orden de Damas de la reina María Luisa(7). La reciente creación de esta distinción le increpa a añadir un tocado blanco, velando sus relumbrantes pendientes, y una banda de moaré de color blanco con fajas exteriores moradas terciada del hombro derecho al costado izquierdo de la que pende una cruz de ocho puntas con la imagen de San Fernando. Sin embargo la cuestión por la que el valenciano no modificaría la banda de Carlos III que luce su marido todavía no ha encontrado respuesta. La más que probable concurrencia pública de este lienzo hizo insalvable la conveniencia de actualizar este solemne icono regio. josé manuel de la mano

1 Desearía agradecer a Ángela Álvaro su inestimable ayuda para el estudio y publicación de la pintura de Carlos IV colgada en las paredes del Banco de España.

2 Pérez Sánchez, A.E. y Gallego, Julián, Colección de Pintura del Banco de España, Madrid, 1988, p. 80. (edición José María Viñuela).

3 Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Instituto Diego Velázquez. Junta de Incautación, depósito del Museo del Prado nº 1367.

4 Instituto del Patrimonio Artístico Español. Archivo Moreno, negativo nº 2492-C.

5 Ros de Barbero, Almudena, Charles IV and Maria Luisa of Parma, King and Queen of Spain: Royal Portraits of a Reign. 1999, t. I, pp. 175-176. [Texto inédito presentado para “the degree of Master in Letters of the University of Dublin”].

6 Pérez Sánchez, A.E., op. cit., pp. 79 y 80. Ros, A., op. cit., p. 175. 7 Floresta, Marqués de la [Alfonso de Cevallos-Escalera y Gila], La Real Orden de Damas Nobles de la reina María Luisa (fundada en 1792), Segovia, Real Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País, 1998.

 

 

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