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JOSÉ APARICIO INGLADA

(16.12.1770-10.5.1838)

 

Más allá de la feroz crítica liberal a su obra y los un tanto inútiles intentos de recuperación por parte de la última historiografía artística, la obra de José Aparicio (Alicante, 16.12.1770-Madrid 10.5.1838) debe enmarcarse en dos parámetros que explicar su producción y la sitúan adecuadamente en su contexto histórico: el gusto neoclásico consecuencia de su aprendizaje junto a David y la vinculación con el rey Fernando VII. Dichos parámetros dan la razón de ser a sus cuadros más representativos. Lastrada por la ideología absolutista de José Aparicio, la crítica liberal desautorizó sus cuadros basándose exclusivamente en el contenido propagandístico de los mismos. Por otra parte, cierta historiografía actual intenta, a través de su buena factura técnica, revalorizarle de manera un tanto artificial obviando y justificando el contenido ideológico de sus obras. Todo resultaría más sencillo si se le encuadrase, dejando a un lado sus valores artísticos, como uno de los principales propagandistas pictóricos del reinado de Fernando VII y de la propia figura del rey, muy consciente del trabajo que estaba desempeñando con el que, por otra parte, estaba completamente identificado. Desde un punto de vista artístico José Aparicio es el máximo representante español del neoclasicismo academicista francés de finales del siglo XVIII, tras su estancia en París siendo, a la vez, uno claro antecedente de la pintura historicista de la segunda mitad del siglo XIX aunque su obra no pueda denominarse de tal manera.


Nació José Aparicio en Alicante el 16 de diciembre de 1770, hijo de Vicente Aparicio y Manuela Inglada, siendo el séptimo de ocho hermanos. Sus primeros estudios artísticos los recibió en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia hasta que se trasladó a la Academia de San Fernando de Madrid donde aparece matriculado en 1792. Tras cuatro años de estudios en dicha academia, en 1796 recibirá el primer premio de primera clase por el cuadro titulado Godoy presentando la paz a Carlos IV sobre la firma de la Paz de Basilea en 1795. Con este cuadro, muy del agrado de Godoy, además de iniciar su carrera como propagandista de la Monarquía, consiguió una pensión de 12.000 reales anuales para ir a estudiar en 1799 a París, ciudad que ya estaba descabezando a Roma como centro mundial del mundo del arte.


De su estancia en París poco sabemos más allá de que estudió en el taller de David, el pintor más importante de la Revolución y del imperio napoleónico, del que recibió una gran influencia neoclásica. Allí, en 1805, José Aparicio obtuvo una medalla de oro por su cuadro La edpidemia de España (o La fiebre amarilla en Valencia) siguiendo los cánones impuestos por David y los neoclásicos franceses.


A la altura de 1807 se trasladará a Roma para se
guir su proceso de aprendizaje y será allí donde deba pronunciarse, como artista pensionado de la Academia que era, sobre su fidelidad a José I. Al negarse a jurar fidelidad al monarca francés, José Aparicio, como el resto de los artistas españoles pensionados en Roma, fue encarcelado en el castillo de Sant Angelo, motivo por el cual posteriormente se le concedió la Cruz de prisionero civil en época fernandina. Entre grandes penalidades, tras salir de la cárcel, logrará terminar su lienzo Rescate de cautivos en tiempos de Carlos III siendo muy ensalzado por esta obra entre los círculos artísticos romanos reportándole su nombramiento como académico de la Academia de San Luca de Roma y, lo que fue mejor para su futuro, la atención del gobierno de Madrid que le reclamaría a su servicio. A consecuencia de ello se embarcará hacia la península desembarcando en el puerto de Barcelona el 21 de mayo de 1815.


Se inicia así la carrera de Aparicio en Madrid en donde, tras su llegada fue nombrado Pintor de Cámara de Fernando VII en agosto de 1815 con un salario anual de 6.000 reales. Ese mismo año fue nombrado académico de mérito de la de Bellas Artes de San Fernando. Asentado en Madrid, José Aparicio empezó a trabajar en otro cuatro de función propagandística clara, Las Glorias de España que le ocupará dos años, desde 1816 a 1818.


Con esta obra comienza toda una serie de lienzos de gran tamaño, de tema patriótico y propagandístico que marcarán el resto de su carrera. En 1818 realizará El hambre en Madrid y de esa misma época será La batalla de San Marcial. Tras el trienio liberal, desde 1823 a 1827, pintará la que será su obra más importante, El desembarco de Fernando VII en Puerto de Santa María, hoy destruido. En él se concentran las características de su pintura: colosalismo en las dimensiones, técnica neoclásica, tema patriótico y propaganda política al servicio del rey. Esta obra le valió el absoluto reconocimiento del poder político siendo nombrado el 22 de febrero de 1829 académico de mérito de la Academia de San Carlos de Valencia y, posteriormente, Teniente Director de la Real Academia de San Fernando.


Aunque serán los grandes cuadros de temas históricos lo más trascendente de su producción artística, José Aparicio también fue un destacado retratista de la elite dirigente de su época (Fernando VII, el marqués de las Amarillas, el General Castaños...) y no desdeñó, aunque de manera residual, la temática religiosa.


Con la muerte de Fernando VII la estrella de José Aparicio declinó. Su carácter de propagandista oficial de la Monarquía no fue bien vista por los liberales que apoyaron a María Cristina en su ascenso a la regencia y así fue jubilado como "desafecto a S. M." el 31 de diciembre de 1835 con una pensión de 3.000 reales anuales. El resto de su vida se lo paso pleiteando contra la Tesorería Real para cobrar los atrasos de su sueldo hasta su muerte en Madrid el 10 de mayo de 1838.

 

 

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