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Jorge Juan Guillelmi (1734-?)

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Trampantojo dedicado a don Francisco Antonio de 1783 Tinta, aguada, acuarela, sanguina y lápiz/Papel. 490 × 700 mm

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Quiso la diosa fortuna, o la propia voluntad de los hombres, que las vidas de los protagonistas de este magnífico dibujo se cruzaran en varias ocasiones. Compartieron la profesión militar, el interés por el estudio técnico y científico, inherente al desarrollo de la Artillería, cuerpo en el que sirvieron; y la afición –a la vista de lo que se puede leer en la dedicatoria– por la pintura. El 15 de marzo de 1783 Jorge Juan Guillelmi escribió desde Segovia una carta a Francisco Antonio de Lacy para darle “las más expresivas y rendidas gracias por el grado de teniente coronel”(1). Buena parte de los méritos de este ascenso fueron ganados en el campo de batalla del “Gran Sitio” de Gibraltar (1779-1783), en el que Jorge Juan y su hermano Antonio sirvieron a las órdenes de Lacy.

Hasta este acontecimiento sus trayectorias habían seguido, aunque con resultados diferentes, un patrón común. Ambos fueron hijos de extranjeros que habían prosperado, sin ser franceses, en la España de Felipe V. Guillermo de Lacy (Brury, Irlanda, 1682), en la milicia, ascendiendo al olor de la pólvora el escalafón del regimiento de Ultonia. Lorenzo Nicolás Guillelmi (Bruselas, 1698) se labró el futuro en la renovada administración borbónica, llegando a ser secretario de la embajada española en Viena y juez militar de la capitanía general de Andalucía. Francisco Antonio de Lacy (Barcelona, 1731) fue llamado a seguir la profesión de su progenitor en el citado regimiento irlandés. Con una inmejorable hoja de servicios y un hábito de la orden de Santiago participó en la campaña de Italia (1743-1748) y en la guerra de Portugal (1762). En 1763 fue nombrado mariscal de campo y enviado extraordinario en la corte de Estocolmo. Iniciaba así una corta pero intensa carrera diplomática que le llevaría a ser ministro plenipotenciario en San Petesburgo (1772). De vuelta en España se estrenó como teniente general (1779), comandante de la costa de Granada (1779) e inspector de las fábricas de armas y municiones (1780). No tardaría en ser nombrado comandante general de las baterías que bombardearon sin éxito el enclave británico de Gibraltar(2).

Jorge Juan Guillelmi (Sevilla, 1734) ingresó muy joven en el regimiento de infantería de Bruselas (1745). Tras un efímero paso por los de Ceuta y Flandes, en 1757 fue nombrado subteniente de Artillería, cuerpo en el que desarrollaría una brillante carrera militar. Tuvo el honor de ser designado, a propuesta del conde de Gazola, tercer profesor del Real Colegio de Artillería de Segovia, fundado en 1764. Como teniente de la compañía de caballeros cadetes, se responsabilizó de la instrucción de las primeras promociones en las que se formarían sus hermanos Juan (Sevilla, 1744) y Antonio (Sevilla, 1756)(3).

Pues bien, no contento con la citada carta de agradecimiento, Jorge Juan Guillelmi dedicó a su protector este dibujo

Luis Paret y Alcázar. Trampantojo dedicado
a José Santiago Ruiz de Luzuriaga
(circa 1791-93). Colección particular.

que debió de realizarse entre 1783, año que marca su nombramiento como teniente coronel y que figura en la bula de la Santa Cruzada, en la parte superior del mismo; y 1786, fecha del ingreso de los hermanos Guillelmi en la orden de Santiago(4). Una pieza de inestimable valor artístico –cuajada de inocentes divertimentos, como su propio autor los definió– que precede en pocos años a la que Luis Paret dedicaría al médico alavés José Santiago Ruiz de Luzuriaga(5). Dos ejemplos brillantes de lo que se vislumbra como un género pictórico de manifiesto carácter personal.

Guillelmi representó el tablero de una mesa repleto de papeles dispersos y en calculado desorden, que de forma sutil hacían referencia al militar homenajeado. Ante todo destacar el alarde técnico demostrado por el artillero, que no parece corresponder con el perfil de pintor aficionado que se le supone. Por su profesión hay que atribuirle un amplio dominio del dibujo, que no en vano era una de las asignaturas impartidas en el Real Colegio de Artillería. El trampantojo fue pintado con verdadero preciosismo, reminiscencia tal vez de la pericia manual que acompañaba a los artistas originarios de los Países Bajos, reproduciendo calidades técnicas tan variadas y difíciles de ejecutar como la sanguina o el aguafuerte. Todo ello en beneficio de la engañifa, en la que no faltan el solapamiento de los papeles y la sensación de relieve y espacio transmitidos por las plumas, los naipes o la estampa de Judas Tadeo con los bordes quemados.

Entre los motivos que han podido ser identificados, cabe citar un aguafuerte de Jacques Callot (“Pastor tocando la flauta” de la serie Los Caprichos), la estampa de la “Templaza” sobre un lienzo pintado por Simon Vouet para el cuarto de la reina del castillo de Saint-Germain-en-Laye, otra sacada a partir de una pintura de Abraham Bloemaert, dedicada al dios Neptuno, y dos dibujos de François Boucher(6). Sin duda que fueron temas escogidos para enaltecer las virtudes que adornaban la personalidad de Lacy, bien aderezadas de guiños –circunstanciales y compartidos de forma cómplice– que después de más de doscientos años son difíciles de reconocer. Entre éstos habría que llamar la atención sobre el cuadro pintado por Vouet para el citado castillo francés, lugar donde nació en 1693 doña Teresa de White, madre de Francisco Antonio de Lacy.

Pasaría poco tiempo hasta que el autor de este dibujo tuviera que sentirse agradecido de nuevo por la protección y confianza dispensada por Lacy. En 1787 seleccionó personalmente a Jorge Juan Guillelmi y Tomás de Morla para realizar un viaje por Europa con la misión de informar sobre los adelantos técnicos y científicos desarrollados en la industria y producción artillera. Durante casi cinco años tendrían la oportunidad de “espiar” las fábricas y unidades militares de Francia, Inglaterra, Irlanda, Alemania, Prusia, Austria y Holanda(7).

1 Archivo General Militar, Sección primera, leg. G-4235, expediente personal de Jorge Juan Guillelmi.

2 Marqués de Saltillo. “La nobleza española en el siglo XVII”, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, t. LX, Madrid (1954), p. 433; y Didier Ozanam. Les diplomates espagnols du XVIIIe siècle. Introduction et répertoire biographique (1700- 1808), Madrid y Burdeos, 1998, pp. 307-308.

3 María Dolores Herrero Fernández-Quesada. La enseñanza militar ilustrada. El Real Colegio de Artillería de Segovia, Segovia, 1990, pp. 122-129.

4 De haber sido pintado después de este año, no cabe duda que Guillelmi hubiera citado esta filiación en la tarjeta de visita que sirve de firma al trampantojo. Las pruebas de ingreso de los tres hermanos fueron realizadas al unísono, en Archivo Histórico Nacional, Órdenes Militares, Santiago, exps. 3684, 3685 y 3686 (1786).

5 Enrique Pardo Canalis. “Una composición inédita de Paret”, en Goya, n.o 181-182, Madrid (1984), pp. 2-4; y Juan Luis Blanco Mozo. “Varia paretiana”, en I Congreso internacional pintura española siglo XVIII, Marbella, 1998, pp. 308-312.

6 Jules Lieure. Jacques Callot. Catalogue raisonné de l’oeuvre gravé, San Francisco, 1989, n.° 250 y 464; y Marcel G. Roethlisberger, Abraham Bloemaert and his son, 1993, t. I, p. 328.

7 María Dolores Herrero Fernández-Quesada. Ciencia y milicia en el siglo XVIII. Tomás de Morla, artillero ilustrado, Segovia, 1992, pp. 179-277.

 

 

 

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