GOYA versus BAYEU:
De
la Proclamación
a
la Exaltación
de Carlos IV
José Manuel de la Mano
“Cerca de la Torre habia
un tablado, de tan buena
construcción, que merecia
ser Teatro de la Escena
que luego en el se veria.
Tambien el retrato Real
difundia los reflexos
de su esplendor celestial,
cerca de alli, y no muy lejos
de lo animado y vital.
Que, si al lienzo preparado,
todo el primor se le da,
de que es capaz lo imitado,
ó muy poco, ó nada va
de lo vivo a lo pintado”
[1]
.
[Ángel Antonio de Fravega, 1789]
El
conde de Fernán Núñez en su ineludible biografía
sobre Carlos III nos ha legado una emocionada crónica de las postreras jornadas
de la existencia del soberano: “... Empezó a decaer y a resfriarse, y a
pocos días de llegar a Madrid cayó en cama. Dijeron ser
resfriado; pero el pecho empezó a cargarse, y la calentura
degeneró en inflamatoria. Recibió con toda solemnidad los santos
Sacramentos, con tal devoción y firmeza, que sólo él no
lloraba, pero el Nuncio Vizconti, que le dio la bendición papal,
igualmente que todos los demás, no podían contener las
lágrimas. Vio S.M. las de su fiel Ministro el Conde de Floridablanca,
cuando le llevó a firmar el testamento, que se halla en la nota 13, y
mirándole con una ternura y serenidad majestuosa y religiosa le dijo: ¿Qué
creías que había yo de ser eterno? Es Preciso paguemos todos el
debido tributo al Criador. ¡Oh palabras dignas de imprimirse en
letras de oro y estamparse en el corazón de todo buen católico!
Antes de morir se despidió y echó la bendición a toda su
familia, y continuó en ejercer sus funciones hasta el último
momento, de modo que dio el Santo y orden el mismo día de su triste
muerte, que fue la noche del 13 al 14 de Diciembre de 1788. Así
espiró, lleno de amor de Dios y dando ejemplo a sus vasallos, aquel
Monarca que nos supo vivir para ellos”
[2]
.
El fallecimiento del rey la noche del 13 de
febrero de 1788, comportaba el pronto acceso al trono del Príncipe de
Asturias con el nombre de Carlos IV. De inmediato las gacetas
contemporáneas se hacen eco de cómo el nuevo monarca “[...]
mandó con tan sensible motivo tomar lutos generales rigurosos por seis
meses desde el mismo dia Domingo”
[3]
.
En este instante se despliega a través del feudo hispano toda una
compleja maquinaria de propaganda dinástica, que precisa la
colaboración de arquitectos, escultores y pintores. Su principal
objetivo será el de organizar tanto las exequias de Carlos III,
cómo un sinfín de aclamaciones públicas al nuevo monarca.
En los albores de 1789 un real decreto arbitra la suspensión temporal de
este estricto duelo en Madrid por espacio tan sólo de tres días,
del 17 al 19 de enero, en celebridad
de su Proclamación
[4]
.
A partir de este momento todos los ayuntamientos de España, a imagen de
esta Villa, prepararán la ceremonia del Pendón. De igual modo en
primer semestre se irán celebrando por todo Madrid las exequias en
diversos monasterios, como el de
la Encarnación
, las Descalzas Reales o
la Colegial
de San Isidro.
Además transcurrido el preceptivo medio año de duelo se
verificaba la exaltación del monarca en Madrid, festejada por un amplio
despliegue de ceremonias y arquitecturas efímeras entre los días
21 y 23 de septiembre
[5]
.
Con este motivo concurre asimismo el Juramento al nuevo Príncipe de
Asturias, el infante don Fernando. Toda esta sucesión de eventos en 1789
comporta una frenética actividad artística llamada a responder a
esta multitud de frentes palatinos. Para la mayor parte de ellos eran
indispensables las imágenes de los recién proclamados monarcas.
Nunca se puede olvidar que algunos de estos actos coinciden ya con los
movimientos revolucionarios, que llevarían a confinar a Luis XVI y
María Antonieta en el Palacio de las Tullerías. Todas las
monarquías europeas, inmersas ya en este mortal lance de la sociedad del
Antiguo Régimen, supervisan como asunto de Estado la imagen proyectada
hacia su pueblo a través de sus imágenes pictóricas.
Como se practicara en anteriores ocasiones el
primer ayuntamiento del reino hispano en celebrar
la Proclamación
de Carlos IV, será el de Madrid. Esta protocolaria ceremonia acontece el
17 de enero de 1789 y será profusamente referenciada en
la Gaceta
de Madrid:
“[...] Habiendo S.M. fixado (como se dixo en
la Gazeta
anterior) el dia 17
del corriente, para que se hiciese su Real Proclamacion en Madrid,
pasáron á las 9 de la mañana muchos Grandes,
Títulos, Oficiales y personas de distincion, convidadas por el Excmo.
Sr. Conde de Altamira, á quien en calidad de Alferez mayor de Madrid
corresponde el honor de levantar el pendon por sus Reyes, á casa de
dicho Excmo., calle ancha de S. Bernardo. Desde ella, con un séquito tan
numeroso como brillante, se dirigió á caballo á las Casas
consistoriales. Luego se apeó S.E. y entró en ellas, el
Ayuntamiento, que ya estaba formado en su salon, le recibió en la forma
acostumbrada, y ocupando su lugar recibió el pendon Real con las
formalidades y ceremonias que corresponden á la solemnidad del acto.
Inmediatamente montó S.E. á caballo con el Ayuntamiento y los
Maceros delante, é incorporado en la calle á las 10 de la
mañana con la comitiva y los quatro Reyes de Armas en su puesto,
vestidos de ceremonia con sus cotas, dió principio la ordenada marcha,
presidiendo y cerrando el todo el Sr. Corregidor Don Joseph Antonio de Armona,
dando su derecha al Sr. Alférez mayor con el estandarte Real enarbolado.
Abrian la marcha los timbales y clarines, y en seguida un Cuerpo de
Alabarderos en dos filas. Seguían 24 Alguaciles y el Alguacil mayor en
su lugar, dirigiéndose de este modo con todo el acompañamiento
delante del balcon principal de Palacio en cuya plaza se habia erigido un
tablado para el intento. El Rey y
la Reyna Ntros.
Sres., el Príncipe y
la Real Familia
,
asistida de los Xefes de Palacio, Secretarios de Estado, Embaxadores y
Ministros extranjeros, en el mismo balcon principal, se dignaron ver el primer
acto de Proclamación, imponiendo ántes silencio los quatro Reyes
de armas, y pronunciando el Sr. Alferez mayor la fórmula de Castilla, Castilla,
Castilla, Castilla por el Sr. Rey D.
Cárlos Quarto, que Dios guarde, y tremolando después 3 veces
el pendon Real, á que correspondió el innumerable pueblo que
habia concurrido, repitiendo muchas veces el viva,viva. Los
quatro Reyes de Armas arrojaron al pueblo muchas monedas de oro y plata de
varios tamaños, que se habian acuñado para este fin.
Lo mismo se executó en
la Plaza
mayor, plazuela de las
Descalzas y de
la Villa
,
donde se repitiéron los actos de
la Proclamación
,
estando convidado en los balcones de sus Casas consistoriales el Consejo Real
para ver el útimo.
Luego que se concluyó sobre el tablado de esta plaza,
volvió a formarse el Ayuntamiento del mismo modo y con iguales
circunstancias que al principio, y el Sr. Alferez mayor hizo formal entrega
á
la Villa
del mismo estandarte, que se expuso en el balcon principal, donde estaban
colocados baxo dosel los retratos de SS.MM.; y allí queda expuesto por
ocho dias con la competente guardia y hachas de iluminación por las
noches.
Desde las mismas casas, y con igual órden el Ayuntamiento y
toda la comitiva acompañó á S.E. á su posada
á las 2 de la tarde; y en ella la hizo servir un espléndido y
delicado banquete.
La carrera por donde pasó el acompañamiento estaba
rica y vistosamente colgada, siendo innumerable el concurso que se vió
por todas partes de dentro y fuera de Madrid.
El Gobierno habia previsto esta afluencia, y tomó de antemano
todas las providencias que corresponden á su acostumbrada meditacion
para conseguir el mejor órden, la comodidad del público, y la
seguridad y abundancia de los abastos. El pueblo de Madrid acreditó la justa confianza que
merecen su política y atencion en ocasiones tan plausibles; pues en una
funcion tan celebrada y concurrida de toda clase de gentes, especialmente en
las plazas públicas donde apénas habia paso franco para la
comitiva, y con mucha dificultad para dar movimiento á las comparsas de
caballos enjaezados y tren de carrozas que cerraban la marcha, entre los
aplausos, la repetición de vivas y aclamaciones á SS. MM.,
no ocurrió la mas leve desazon, golpe de persona alguna, ni se
oyó una palabra de incomodidad; resultando de todo una
satisfacción muy completa á la suma benignidad de los Reyes
Ntros. Sres. que se han dignado a manifestarlo así, dando á
Madrid el inexplicable gusto de dexarles ver aquella trade en la carrera y
otras muchas calles acompañados de las dos Sras. Infantas sus hijas.
El dia siguiente se cantó Te Deum en
la Real Capilla
, como
tambien en la del Santuario de Ntra. Señora de Atocha por
la Villa
de Madrid, Por la
mañana hubo besamanos general de Grandes, Titulos y Nobleza; y por la
noche hubo de Damas y Señoras distinguidas en el Quarto de
la Reyna Ntra.
Sra. Ayer
19 tuviérón los Consejos, tribunales y Villa de Madrid el mismo
honor
La
vistosa iluminación y bella perspectiva de la casa del Sr.
Alférez mayor mereció general aplauso”
[6]
.
Esta protocolaria comitiva debía ser pareja al desfile cumplido
con motivo de las Proclamaciones de Fernando VI y Carlos III. Ésta es la
razón por la que se abordará desde la municipalidad la
investigación de todos sus antecedentes históricos. En las
conclusiones de estas pesquisas en los archivos se significó cómo
en 1746, con motivo del ascenso al trono de Fernando VI, se acometió la
construcción de “... quatro tablados pa. la aclamazn.
uno en
la Plaza.
del Retiro: otro en
la Plaza
mayor: otro en
la Plaza.
de las Descalzas: Y otro en la de la Va.”
[7]
.
De ahí que en las postrimerías de 1788 nada mas verificarse el
óbito regio, se emplace el 22 de diciembre a Juan de Villanueva para
“... qe. haga los diseños de los quatro tablados que se han
de construir pa. la aclamacn. del Rey Nuestro Sor.
en la forma qe. en otras ocasiones”
[8]
. Estas trazas del arquitecto mayor
serían ensambladas por el carpintero Antonio Carvajal
[9]
y engalanadas con el alquiler de alfombras y tapices a Manuel López
Cerrero
[10]
.
La descripción de
la
Gaceta
de Madrid viene en clarificar la ubicación de
estas cuatro plataformas en la plaza del Palacio Nuevo, plaza Mayor, plaza de
las Descalzas y la última en la plazuela de
la Villa. Esta
selección de espacios públicos coincide con su precedente de
Fernando VI, salvo en que se reemplaza el Palacio del Buen Retiro por el
Palacio Nuevo. La conclusión de las obras de ornato en esta residencia
del Rey, confiere a este moderno edificio un indudable carácter
dinástico como auténtico emblema de la monarquía hispana.
Hasta estas páginas no se había
reparado en que la mayor parte de estas tribunas estaban presididas por
retratos de los monarcas, con objeto de solemnizar la ceremonia del
Pendón Real. En efecto la documentación del reinado de Fernando
VI refrenda como en todos estos espacios “... se han de colocar quatro retratos
de los Reyes en los tablados con sus doseles los quales han de tener tambien
Alfombras”
[11]
. La
etiqueta para Carlos IV no será distinta, aunque con toda probabilidad
tan sólo ostentarían retratos tres de ellas, ya que el erigido
frente al balcón del Palacio Nuevo gozaría de la comparecencia de
los monarcas en persona
[12]
.
Al final de la mañana del 17 de enero al concluir estas cuatro
proclamaciones el Pendón “... se colocó en el balcon Dorado de
dhas. Casas que cae à
la
Calle
de sta. Maria esquina à
la Plazuela
de sn.
Salbador, donde estaba puesto un Dosel de Damasco Carmesí bordado de
ramos de oro, y debajo los retratos de SS.MM. de cuerpo entero, donde
quedó por ocho dias con guarda de dos Porteros de Ayuntamto”
[13]
.
En esta frenética campaña artística, el ayuntamiento
procedería asimismo a exponer en una de sus estancias y bajo un dosel
una pareja de retratos reales de medio cuerpo
[14]
.
Un testimonio de un cochero nos ha legado como incluso se exigía todo un
protocolo a la hora de transitar por delante de estos lienzos. Manuel
Peláez, cochero del Rey, refiere en una misiva que “... si el Rey o
la Reyna
pasan en coche por las
Casas Consistoriales de V.S.Y. durante los dias que se mantiene en el Balcon el
Pendon Real tiene obligación el cochero de contener la carrera en quanto
le sea posible y quitarse el sombrero inclinando la cabeza á los
Retratos de sus Majestades como todo lo executó con la mayor formalidad
en el dia 18 del corriente quando S.M. paso para ir al Santuario de Nra.
Señora de Atocha”
[15]
.
Con esta declaración se rescata cómo incluso la carroza de los
soberanos parece mantener un estricto protocolo al desfilar por delante de sus
propias representaciones pictóricas. Como si se tratara de una
incongruencia, la realidad parece rendir pleitesía a lo fingido en la
siempre impecable etiqueta cortesana.
La recopilación de todas estas referencias faculta la
revindicación de esta ceremonia de la villa de Madrid como la
campaña iconográfica inaugural del reinado de Carlos IV. El 17 de
enero de 1789 se erige en la primera ocasión en la que comparecen en
público un variado repertorio de prototipos oficiales de Carlos y
María Luisa, ya en su dignidad de Reyes de España. Habían
transcurrido tan sólo un par de semanas del fallecimiento de Carlos III
y el ayuntamiento se ve precisado a conseguir un elevado número de
juegos de retratos de los soberanos, como mínimo tres parejas de medio
cuerpo y una de cuerpo entero. La documentación testimonia como la
dirección en la fábrica de cada estrado se trasladó a
diversos miembros de la municipalidad: “... Los tablados se encargan, el de
Palacio al sr. dn. Lucas de sn. Juan, el de
la Plaza
mayor, à el sr. dn. Anto. Maria de Quijada, el de las Descalzas, al
sr. conde de
la Vega
del Pozo, y el de
la Plazuela
de
la Villa
,
à el sr. dn. Martín Fajardo cuidando dhos sres.
de todos sus adornos respectivos”
[16]
.
Esta disparidad de criterios sin duda comportó soluciones bastante
heterogéneas a la hora de localizar la pareja de efigies que
debía presidir cada espacio. Los retratos de cuerpo entero que se
ubicaron en el Balcón Dorado y se expusieron al público durante
más de una semana en compañía del Real Pendón,
serían comisionados a Antonio Carnicero
[17]
.
Este retrato de Carlos IV se debe identificar con el que en la actualidad se
custodia en el Museo Municipal de Madrid
[18]
.
En el estrado de la plaza de
la
Villa
con toda probabilidad presidieron dos retratos de medio
cuerpo asimismo de Antonio Carnicero. Al concluir las ceremonias en el exterior
del ayuntamiento, estos cuadros se adquirirían para presidir bajo dosel
una de sus estancias. Aunque no se ha localizado la factura de este pintor para
esta pareja, se conservan los gastos por la talla y dorado de sus marcos
[19]
.
Para otra de las plazas de Madrid, las pinturas de los monarcas se
procederían a alquilar con el resto de la decoración de alfombras
y tapices del dosel a Manuel López Cerrero
[20]
.
De momento se desconoce como se ennoblecieron los estrados restantes, aunque
era una práctica bastante común del ayuntamiento de
la Villa
tomar prestadas
ciertas efigies reales de los propios pintores. Una vez expiradas las jornadas
de
la
Proclamación
, los cuadros sobrantes se retornaban al
taller del artista que de inmediato procedía a sondear otra clientela.
Esta
celebración inaugural de
la Proclamación
de Carlos IV se verifica de
modo concurrente el 17 de enero de 1789, en las municipalidades de Madrid y
Toledo
[21]
.
En la relación de los actos cumplidos en
la Ciudad Imperial
se
puntualiza como el cortejo se ofició asimismo “... hallándose en
el balcon principal de las Casas consistoriales baxo el dosel en que estaban
colocados los retratos del Rey y Reyna Ntros Sres”
[22]
.
En el curso de los meses siguientes y a imagen de estas villas, se
repetirá la misma fórmula a través de centenares de
ayuntamientos del feudo hispano. Estas aclamaciones se extendieron hasta bien
entrado 1790 y en todas ellas se precisó la adquisición de
representaciones pictóricas de los monarcas, con la consiguiente dispar
fortuna artística. El esquema de la ceremonia pródigamente
transcrita en
la Gaceta
de Madrid se repite por todos los consistorios del país con
insignificantes variantes. Por ejemplo en alguna ocasión, cómo en
la ciudad de Ronda
[23]
o en Badajoz
[24]
, los
retratos eran descubiertos a sus súbditos con una gran teatralidad
detrás de un ampuloso cortinaje en el instante preciso de tremolar el
Pendón. Además en la ciudad de Sevilla llegaron mucho más
lejos al sacar en procesión los retratos de los monarcas en una carroza,
cómo si de los reyes en persona se tratara
[25]
.
Los patrocinadores de cada tablado a menudo conferían su sello personal
a la comitiva pictórica de las regias efigies. En
la Seo
de la ciudad de San Felipe
(Valencia), Carlos y María Luisa comparecieron flanqueando una imagen de
la Asunción
como titular de esta iglesia
[26]
,
mientras que en
la
Universidad
de Oviedo con el fundador de esta
institución
[27]
.
En Cali (Colombia) por ejemplo el lienzo del monarca se dispuso entre un par de
pinturas representando
la
Virtud
y
la Razón. Además
de los espacios
municipales y oficiales en estas ceremonias podían exhibirse retratos en
otros emplazamientos de naturaleza más privada. El cuadro inédito
que se ha localizado en una colección particular, a pesar de su escasa
calidad constituye un testimonio gráfico tremendamente revelador de este
tipo de actos en provincias. Los retratos de los monarcas presiden asimismo el
palacio del conde de Toreno, Alférez mayor homólogo del conde de
Altamira en Madrid, de donde habría de partir la comitiva hacia el
ayuntamiento
[28]
.
Evidentemente la diferencia trascendental
entre
la
Proclamación
de Madrid y las del resto del reino
Borbón, emana de la comparecencia de los monarcas en persona. De
ahí que con objeto de compensar su ausencia en provincias para el acto
del Pendón, sean vitales sus representaciones pictóricas. En un
contexto histórico ajeno a nuestros actuales medios de difusión
audiovisual, se desata una frenética campaña para conseguir
imágenes regias de la mayor fidelidad posible. La única
percepción de Carlos IV que detentarían sus súbditos sería
la imagen de perfil que se acuñaría en las monedas en los albores
del reinado. Como ya se ha indicado el ayuntamiento de Madrid decretaría
la exposición pública del retrato de cuerpo entero de Carlos IV
por los pinceles de Antonio Carnicero. A pesar del carácter oficial de
este lienzo, el lenguaje con el que se declama esta composición resulta
bastante retardatario. La fórmula de inmortalizarlo con armadura, deriva
del prototipo de Carlos III por Mengs. No obstante era una imagen que ya
comparecía obsoleta incluso en las postrimerías del reinado de
este monarca. Al igual que sucedería con Carnicero, otros Pintores de
Cámara tampoco acertaron con su propuesta inicial de iconografía.
Por ejemplo Mariano Maella participa asimismo en las ceremonias de
proclamación reproduciendo su exitoso modelo de 1782 que presentaba al
príncipe de Asturias joven en compañía tan sólo de
los atributos reales. Estos lienzos no colmarían las aspiraciones
artísticas, iconográficas y dinásticas de sus regios
modelos. Éste es el panorama en enero de 1789 para la villa de Madrid
con un acceso relativamente sencillo a los mejores Pintores de Cámara.
De ahí que ésta total ausencia de una iconografía oficial
a la que ceñirse, se agrava a medida que nos alejamos de la corte. Los
artistas locales resolvieron esta demanda como pudieron, supliendo la ausencia
de modelos con antiguas estampas o en el mejor de los casos con mucha
imaginación. De modo reciente la intervención de
la Diputación
de Zaragoza ha permitido la recuperación del retrato empleado para la
proclamación de Carlos IV en la villa de Biel. Este interesante lienzo
fechado en 1790 presenta una ostentosa inscripción de su autor,
Ramón Fanló, en la que declara con orgullo que era el boticario
de la localidad. Esta sucinta personificación de perfil del monarca, su
uniforme así como las insignias distan de cualquier parecido con la
realidad.
Durante la época de Carlos III, la iconografía
áulica que presidió casi todo su reinado sería la
compuesta por los pinceles de Antón Rafael Mengs. No obstante como
antítesis de este monopolio visual, estos meses inaugurales de 1789 se
distinguen por la inexistencia de un modelo oficial para Carlos IV. Este
panorama, huérfano de alguna efigie de referencia, se acentúa a
medida que nos alejamos de Madrid y nos adentramos en ayuntamientos más
apartados. La documentación localizada acerca del concejo de Sevilla,
permite barruntar la dificultad para adquirir una efigie de los monarcas hacia
estas fechas. El 8 de abril de
1789,
a
escasas semanas de la celebración de
la Proclamación
en la capital hispalense, el conde de Águila, procurador mayor de la
ciudad, participa a José Armona en su dignidad de corregidor de Madrid:
“... Amigo y señor:
Alexandro Asensio conductor de la valixa que llegò de esa Corte
ayèr à medio dia, me entregó imediatamente sin deterioro ni
maltrato alguno los dos retratos de nros Augustos Soberanos, y le satisfise
trescientos rs. de von. de porte. Asiàn nuestro
asistente como à quantas Personas los han visto que conocen los
originales (que han sido bastants.) ha parecido unánimemente
que Dn. Antonio Carnicero hà desempeñado su cometido
hasta donde puede pedirse en la materia; resultandome dello gran
satisfacción, y no menòr agradecimìento à V.I. que
me hà sacado tan bien y lucidamte. de mi comicion. Ahora
resta saver lo que hè de librar à dho Profesor por premio de su
trabaxo pa. disponerlo inmediatamente”
[29]
.
La tendencia centralizadora de los Borbones
erigía a Madrid en un escaparate del reino, y a su Corregidor en el
principal garante de su decoro. Es una realidad que para la organización
de los centenares de Proclamaciones de Carlos IV, cada ayuntamiento, organismo
público o casa particular se verá condicionado a recurrir a
contactos personales para conseguir el preceptivo retrato. La
localización de esta misiva resulta altamente reveladora de cómo
en estos meses inaugurales la única imagen que parece detentar una
cierta validez oficial es la esbozada para
la Villa
por Antonio Carnicero. A falta de nueva
documentación se puede especular con la hipótesis de que esta
todavía anónima pareja de retratos sevillanos sean los de medio
cuerpo, firmados y fechados por este pintor en 1789, que en la actualidad se
custodian en el Museo de Bellas Artes de Cádiz
[30]
.
Otro testimonio trascendental de la
irradiación de esta iconografía de Antonio Carnicero deriva de
la Proclamación
de la ciudad de Valencia, cumplida a mediados de febrero de 1789. En ella con
objeto de conseguir la preceptiva pareja de retratos reales llamada a presidir
el dosel del ayuntamiento, la corporación decide trasladar esta comisión a la
academia de San Carlos. De inmediato en la junta celebrada el 4 de enero se
previene cómo: “... El Sor. Don Antonio Pasqual,
Vicepresidente, y el Sor. Don Vicente Noguera, Académico de
Honor, manifestaron a la junta, como tenian comisión de
la M. Iltre.
Ciudad para mandar pintar dos retratos del rey Nro. Señor Don Carlos
cuarto, los cuales deven servir en el acto de la proxima seremonia de
Proclamacion de dicho Monarca é igualmente de dos Medallas qe.
se debían vatir alusivas á lo mismo, todo lo cual acian presente
á
la Academia
,
para que ésta deliberase sujetos de su mayor confianza que pudiesen
desempeñar el asunto con aquel lucimiento que hará
correspondiente y devido en tal caso. Y habiéndose conferenciado, y
tratado dicho asunto, de común parecer, se acordó, que el
Señor Dn. Josef Vergara, Director General por su
antigüedad, y conocido merito, hiciera los dos retratos consavidos”
[31]
.
En esta ocasión no será la municipalidad de Valencia, sino la
propia academia de San Carlos la que requiera en persona a Carnicero un
ejemplar de su ya famosa iconografía, revelada ya al público en
la homóloga ceremonia de Madrid. Por este motivo el 1 de febrero los
académicos valencianos acuerdan “... se le diesen las gracias de parte
de la junta al Señor Dn. Antonio Carnicero, por haver
recibido un borrador á lapiz del Retrato de SM. por el qual Sor.
Vergara havia hecho lo que
la
M. Iltre.
le encargó por medio de la
Academia”
[32]
.
Estos dibujos del pintor salmantino tuvieron que estar bastante concluidos,
para permitir a Vergara interpretarlos con el fin de materializar sus
composiciones. En efecto estas efigies de José Vergara conservadas en la
actualidad en el museo de
la
Ciudad
de Valencia, conforman una fiel réplica del
prototipo de Carlos IV con armadura arbitrado semanas atrás por Antonio
Carnicero.
A pesar
de esta temprana validez oficial del modelo de Carnicero, su divulgación
se evidenció tan sólo en esferas cortesanas. La anarquía
iconográfica que preside Madrid en enero de
1789 a
partir del aludido
acto de
la Proclamación
,
tuvo que exceder todo límite aceptable. La ausencia de una decorosa representación pictórica que sustituyera la presencia del
monarca, se vendrá en yuxtaponer a la brutal demanda de retratos desde
todos los estamentos tanto públicos como privados. Todo ello
comportó una producción casi industrial de pinturas para la
venta, en su mayoría de nefasta calidad. A finales de este mismo mes ya
irrumpen las primeras disposiciones para atajar esta lamentable comparecencia
visual de la monarquía. No obstante la liberalidad en la práctica
de
la Pintura
y su independencia de la indecorosa sujeción a los gremios, comportaba
en ocasiones un cierto vacío de competencias. Lo inexplicable de estas primeras reacciones
es la circunstancia de que no emanen de Palacio o sus propios ministros,
alarmados ante este descontrol en la imagen proyectada de la familia real en un
contexto histórico concurrente con
la Revolución
Francesa.
Ni siquiera de
la Academia
de Bellas Artes
de San Fernando preocupada por preservar el buen gusto y en el fondo su
monopolio en toda cuestión de naturaleza
artístico-económica. Nuestra ingerencia inaugural en la
iconografía de Carlos IV emana de la única institución que
había demostrado un cierto interés hacia este tema, el
ayuntamiento de Madrid. A finales de enero la municipalidad de
la Villa
decide elevar una
consulta a
la Academia
de San Fernando para verificar el exacto mérito artístico de una
colección de retratos del soberano, mandados confiscar en distintos
comercios y espacios urbanos. El 1 de marzo de 1789 el secretario de
la Academia
de San Fernando,
Antonio Ponz, anota en su libro de juntas ordinarias:
“... Lei un papel del Sor. Consiliario dn.
Josef Antonio de Armona Corregidor de Madrid su data de 21 de febrero anterior
con un recurso insertado en èl del Caballero Procurador Sindico
personero de esta villa, sobre recoger varios retratos de SS.MM. indecentes
monstruosos y sin ninguna semejanza, señalando los parages publicos y
tiendas donde estaban à la vista pidiendo qe. se pasasen
à
la Acada.
para que informase sobre ellos lo que le pareciere, à fin de evitar en
lo succesivo semejantes obras hechas por los sujetos sin instrucción ni
practica del Arte. A tenor de lo dicho añadia el Sr. Corregidor, haber
dado orden à los dueños vendedores de estos retratos, que dentro
de tercero dia los traxesen à esta casa, para su reconocimiento y
examen; que yo dispusiese (según ya se lo habia insinuado de palabra al
Sor. Viceprotector), que los recibiese el Conserge y que se diese
cuenta de todo en la primera Junta, à fin de que yo le avisase despues
del dictamen que dieren los Señores Profesores para tomar SS. las
providencias necesarias. Efectivamente se vieron dhos retratos, y los mas se
consideraron que no podian ser peores, y todos ellos hechos sin inteligencia ni
pericia ninguna del Arte: todo lo qual quedé en escribirle al Sor.
Corregidor, para que en su vista determinase lo mas conveniente”
[33]
.
Indudablemente
esta resolución partiría de José Antonio de Armona y
Murga, alcalde de la ciudad y consiliario de
la Academia. Este
personaje, auténtico fruto de
la Ilustración
, nunca descuidará a lo
largo de toda su carrera la vertiente cultural de sus progresivos destinos
oficiales
[34]
. A
los académicos de San Fernando no se les volvería a convocar hasta
el mes siguiente, con la presencia entre otros de Mariano Maella, Antonio
González Velázquez, Gregorio Ferro, Francisco Bayeu y el propio
Francisco Goya. De este modo todos estos artistas, futuros artífices de
la iconografía de Carlos y María Luisa, serían conocedores
de la preocupación estatal que rodeaba la lamentable situación de
la iconografía del monarca. El domingo primero de marzo de 1789 los
pintores en su calidad de artífices materiales, así como los consiliarios
en su categoría de potenciales comitentes, juzgaron en directo esta
miscelánea de efigies de Carlos IV retiradas de las calles de Madrid.
Mientras que el concejo en su informe criticaba la ausencia de todo parecido
con sus regios modelos, los académicos ni lo mencionan para volcarse en
el desconocimiento de toda regla de
la Pintura. Ya
se ha ponderado desde estas
páginas el papel trascendental del ayuntamiento de Madrid, a la hora de
irradiar a otras capitales una iconografía muy específica de
Carlos IV. Pero además a raíz de la localización de esta
documentación de San Fernando, se le ha de conferir asimismo a esta
municipalidad un velado ministerio como garante del decoro en los retratos
áulicos. La explicación quizás más viable es que el
concejo estuviera ya preocupado ante los preparativos de la siguiente entrada
pública del monarca en
la
Villa. La
Exaltación al trono había de
organizarse para el mes de septiembre, y con toda seguridad se pretendía
solventar con tiempo la precipitación iconográfica tan censurada
de
la Proclamación.
Faltaba por decidir el destino de este
repertorio de retratos, por lo que en la junta del 3 de mayo se hace lectura de
una misiva del conde de Floridablanca al Corregidor. En ella se hace
partícipe a la municipalidad de Madrid la voluntad de Carlos IV de que se
destruyan y se restituya a sus propietarios tan sólo la estructura de
los lienzos:
“... Después lei un papel del Sr. Corregidor en
que me decia lo siguiente. Muy Sor. mio: habiendo pedido el
Procurador Sindico Personero de el comun de esta villa se remitiese à el
Ex. Sr. Conde de Floridablanca, el expediente original, formado
sobre el recogimiento de retratos de SS.MM. quedando en deposito los que se
hallan en las Casas Consistoriales, lo estime asi, y en su vista se me ha
comunicado por dho Exmo. Sor. la orden siguiente. – He
dado cuenta al Rey del papel de V.S. de 24 de marzo ultimo y del expediente que
le acompañaba, y en su vista se conforma S.M. con que vuelva à
pasar à
la Academia
de
la Artes
para que informe y diga si borrando los deformes retratos de SS.MM. que se han
recogido, podran volverse à sus dueños los vastidores y lienzos,
para que hagan mejor uso. Dios gue à V.S. ms. as.
Palacio 5 de Abril de 1789. El Conde de Floridablanca. Sor.
Corregidor de Madrid. – En cuya consecuencia espero que V.S. haga presente
à
la Rl.
Academia
lo resuelto por S.M. para que en su vista acuerde lo
que le parezca, y pueda concluirse este expediente. Dios ge.
á V.S. ms. as. Mad. 1º de Mayo de
1789. – dn. Josef Antonio de Armona. Sor. Dn.
Antonio Ponz”
[35]
.
Esta
providencia de Carlos IV resulta bastante drástica, a la luz de
arbitrajes más clementes en época anteriores para coyunturas
parecidas. En octubre de 1633 Diego Velázquez y Vicente Carducho ante un
conjunto de retratos de Felipe IV, incautados por orden de
la Sala
de Alcaldes de
la Casa
y Corte resolvieron “...
que se han de borrar los rostros para que se vuelvan a hacer, y sean parecidos
y conformes a arte”
[36]
.
Bastante tiempo después el propio secretario de
la Academia
, Antonio Ponz,
en un texto redactado en 1788 transcribe un curioso antecedente. Al rememorar
su estancia formativa en Italia cuando todavía reinaba allí
nuestro futuro Carlos III, revela: “... Estando yo en Napoles ví
repetidas veces por aquellas calles y tiendas malisimos retratos de nuestro
Rey, como executados por Artífices de todo ignorantes; y aun oí
decir, que habiendo acusado dichas pinturas á S.M., respondió por
un principio de humanidad, acaso mas digno que los de Alexandro: con tal que
esos pobres ganen su vida, nada me importa que mis retratos sean tan malos
é indecentes como decís. Semejantes á los de
Nápoles suelen verse por las calles y tiendas de Madrid. Desde que Mengs
pintó el Retrato de S.M. (que ya son mas de veinte años) no se ha
vuelto á hacer con aquella dignidad y nobleza, que á tan gran
Monarca corresponde. Estas obras que son para satisfacción y
complacencia de los Vasallos se debian repetir de quando en quando, no
solamente de la persona de S.M., sino tambien de los Príncipes y de toda
la Real Familia
;
pues de otro modo no tendrán los venideros el gusto que nosotros de ver
tan bellos retratos, como nos quedan de nuestros Soberanos, desde Carlos V.
hasta nuestra edad”
[37]
.
Este trascendental relato se erige en una auténtica declaración
de intenciones en esta materia, por parte de una de las personalidades
más influyentes de San Fernando. El propio Ponz se vería en la
tesitura de juzgar, tan sólo unos meses más tarde, la referida
colección de grotescos retratos de Carlos IV. No obstante lo que subyace
en su pensamiento es que la única herramienta para evitar estas
situaciones, sería la articulación de un prototipo digno de la
iconografía de un monarca. La pugna por alcanzar un modelo equiparable a
la imagen pública de Carlos III esbozada por Mengs, presidirá
todo el reinado de Carlos IV.
De modo concurrente otra de los esferas artísticas donde se
advierten de inmediato ciertas maniobras por alcanzar una imagen oficial del
monarca, es en el ámbito de la estampa. El primer retrato seriado de
Carlos IV que se anuncia en el año de 1789 en
la Gaceta
de Madrid
será el 3 de marzo: “... Estampa fina que representa los retratos de los
Reyes Nros Sres., grabada á puntos como otras obras por D.
Bartolomé Vazquez. Se hallará en
la Librería
de
Escribano, calle de Carretas”. Un ejemplar de esta tirada se ha podido
localizar en
la
Biblioteca Nacional
de Madrid, procedente de la
colección de Valentín Carderera. Por primera vez una
representación de Carlos IV y María Luisa de Parma parece
manifestar una cierta actualización en su edad. De este modo se relega
la juventud de los Príncipes de Asturias que se reproduce en gran parte
de los retratos de
la
Proclamación
y entre ellos los de Antonio Carnicero.
En esta imagen doble a modo de medalla se representa al regio matrimonio de
medio perfil y con corona de laurel. Este lenguaje visual es concurrente con la
multitud de monedas acuñadas por todo el país con motivo de la
famosa solemnidad. Además de las particularidades iconográficas
de esta obra se debe ponderar el hecho de constituir un “grabado a puntos”. El
conde de Floridablanca instigó a su autor, Bartolomé
Vázquez, para que desentrañara los secretos de una moderna
técnica desarrollada por un italiano, afincado en Inglaterra, Francesco
Bartolozzi. El potencial de su dominio residía en poder estampar en
colores, eterno anhelo del grabado en su personal pugna por parangonarse con la
pintura. En efecto el ejemplar localizado en
la Biblioteca Nacional
comparece impreso en rojo.
Estas innovaciones iconográficas, pero
sobre todo de estampación, comportarían la inmediata
reacción de ciertas esferas tanto artísticas como estatales.
Manuel Salvador Carmona, viendo peligrar la hegemonía del grabado a
buril, afirmaría con cierta acritud desde su estrado de
la Academia
no detentar nada
de particular.
La
Imprenta Real
será la siguiente en opinar en lo
concerniente a la imagen de Carlos IV, con la excusa de unificar las sucesivas
ediciones del Kalendario Manual y Guía de Forasteros. Durante el
reinado de Carlos III cada librería había incluido su propio
retrato en cada ejemplar que vendían en sus establecimientos. Esta
guía se ponía a la venta a comienzos de cada año, por lo
que en la de 1789 no habría todavía una unidad de imágenes
de Carlos IV. Con esta práctica editorial
la Imprenta Real
perdía los ingresos por la venta de estampas salidas de su
establecimiento. El 27 de agosto de 1789
José Antonio Fita escribe al conde de Floridablanca: “... Igualmente me
parecia: Que respeto â gravarse de cuenta de
la Rl. Imprenta
los Retratos y Portadas, se podria mandar: Que en dicha oficina no se venda
Guia ninguna sin dichas Estampas como partes integrantes de ella, con lo que no
solo se lograria augmentar su Despacho de unos cinco mil â seis mil
exemplares que es en el dia, â unos veinte mil que poco mas ô menos
es el Despacho de Guias, sino que se evitaria el fraude, ê indecencia que
comenten algunos libreros y enquadernadores que revenden las Guias,
poniéndolas Retratos, y Portadas contrahechas, exigiendo precios
immoderados, y arbitrarios; sobre lo que se quejó varias veces Carmona
quando corrian de su cuenta, y V.E. no tomaria providencia porque consideraria,
que Carmona no tenia ningun Privilegio exclusivo, ni obligación
contraída de hazer dichas Laminas; pero en el dia militan otros
principios, y circunstancias que hazen justa, y légal la providencia qe.
llebo insinuada”
[38]
. De
este modo queda demostrado que tras este evidente control de la imagen de
Carlos IV como una cuestión de Estado y propaganda dinástica,
subyacen asimismo interesantes motivaciones de naturaleza mas bien
económica y no iconográfica.
A pesar de esta aparente pasividad en la
iconografía de Carlos IV,
la
Academia
de San Fernando había sido fundada como un
instrumento estatal para la normalización de todo idioma visual de
representación. En las primeras semanas de febrero de 1789, el soberano
decide recibir a delegaciones de las diversas Academias, como
la Española
de
la Lengua
o la
de
la Historia. El
30 de enero el conde de Floridablanca comunicaba a Antonio Ponz la voluntad
real de entrevistarse
[39]
.
El turno para
la Academia
de San Fernando concurriría el lunes 9 de este mes. En esta jornada,
cómo referencia
la
Gaceta
de Madrid, una embajada artística
disfrutará de su audiencia personal con los reyes en el Palacio Nuevo:
“...
La Real Academia
de S. Fernando, representada por su protector el Excmo. Sr. Conde de
Floridablanca, por su Vice-Protector el Sr. Marques de
la Florida Pimentel
,
por sus quatro Consiliarios mas antiguos los Excmos. Sres. Conde de Aranda,
Marques de Santa Cruz, D. Pedro de Silva, Conde de Oñate; por el
Director general, por los Directores mas antiguos de las tres nobles artes y
grabado, y por su Secretario, tuvo la honra de cumplimentar á SS.MM. con
motivo de su exaltación al Trono, el dia 9 del presente; habiendo manifestado
el Sr. Protector, que presidia esta comision, á los Reyes Ntros. Sres.
el zelo con que
la Academia
desempeña los objetos de su instituto, y la gran esperanza en que se
mantiene de perfeccionar sus miras, mediante
la Real
munificencia con que SS.MM. promueven las
nobles Artes”
[40]
. De
la extensa nómina de pintores que conformaba esta institución, se
arbitró que les representaría el Director más antiguo de
la sección de Pintura. Había transcurrido tan sólo una
semana de la junta ordinaria en la que se les había participado la
incertidumbre iconográfica, en que estaba sumida la municipalidad de
Madrid. Sin duda esta entrevista palatina sería aprovechada por este
pintor para guardar en su retina una instantánea ya actualizada del
rostro de Carlos IV y María Luisa de Parma.
Desde la creación de la
madrileña Academia de Bellas Artes los consiliarios se reunieron en una
de las piezas del edificio, presidiendo siempre la sesión una imagen del
monarca bajo dosel. La defunción de Carlos III con la consiguiente
proclamación de Carlos IV, compelió a la institución a
localizar un relevo pictórico al ya prescrito retrato. Durante todo el
año de 1789 se tomó prestado, de un todavía anónimo
propietario, una efigie regia que se traía y devolvía
mensualmente para cada una de las juntas
[41]
.
Esta práctica no varió en el curso de 1790, e incluso para la función de distribución
de Premios se vuelve a pedir en depósito esta pintura con el fin de
dignificar la recepción
[42]
.
La documentación todavía no permite la identificación del
prototipo designado para presidir, en los albores de este reinado, las
reuniones de los académicos. No obstante cabe la especulación de
que pudiera proceder del domicilio particular de uno de los consiliarios, o
incluso del propio taller de alguno de los pintores académicos de San
Fernando. Esta noticia inédita ratifica cómo la
institución permanecía a la espera de alcanzar un retrato digno
de irradiarse desde San Fernando como imagen oficial de Carlos IV. En efecto en
la junta particular del primero de marzo de 1789 se anota: “... En vista de los
retratos expuestos en
la Junta
ordinaria de este dia, que el Sor. Consiliario Dn. Josef
Antonio de Armona envió à
la Academia
y fueron declarados monstruosos,
è indecentes, se acordó que yo escribiese en nombre de
la Junta
al Sor.
Protector, por si juzgaba conveniente suplicar a S.M. tubiese la benignidad de
permitir, le retrate alguno de los Pintores de Camara, por cuyo medio podrian
lograrse copias decentes, para muchos pueblos y ciudades que las deseaban.
Tambien se determinó responder al Sor. Corregidor sobre el
dictamen que pedia, acerca de los retratos remitidos por SSria”
[43]
.
De este
modo el caótico espectáculo áulico de
la Proclamación
,
habría de comportar la palmaria intervención de San Fernando. Desde foros tanto artísticos
como estatales parece ya indicarse la conveniencia de articular una
iconografía de Carlos IV, con la proyección que en su reinado
detentara la de Antonio Rafael Mengs para Carlos III. Antonio Ponz
requeriría del conde de Floridablanca su mediación para alcanzar
el plácet regio en la consecución de la ansiada imagen “del
natural”. No obstante la ausencia de la corte de Madrid, inmersa ya en la
jornada de Aranjuez, parece retrasar esta comisión. El 3 de enero de
1790 en una reunión de los consiliarios, paradójicamente
presidida por una imagen regia prestada, se retoma de nuevo el proyecto para lo
que “... Se habló tambien de un
retrato de S.M. para
la
Academia
que fuese origl. y pintado à vista
de la misma Rl. Persona por el Profesor Acado. mas
condecorado y en estado de desempeñarlo, y pareció que lo hiciese
el Director dn. Franco. Bayeu. Como para esto era
indispensable pedirselo al Rey, se ofreció con mucho gusto el Exmo.
Sor. Presidente à dar este paso con S.M.”
[44]
.
Francisco Bayeu había sido designado para la erección de un
retrato con destino a
la
Academia
y por ende para la proyección de su imagen
pública. El conde de Floridablanca, en su dignidad de Protector,
intercedió sin duda ante el monarca para que el aragonés pudiera
disfrutar de una sesión en directo con el fin de contemporaneizar su
rostro. Mientras llegaba esta audiencia el pintor iría trabajando en los
dibujos preparatorios de los elementos accesorios, así como la
indumentaria. En
la
Biblioteca Nacional
de Madrid se custodia un diseño
que presenta ya ultimada la casaca y la pose del monarca
[45]
.
Se puede lanzar la hipótesis de que el pintor pudo incluso llegar a
abordar su retrato, postergando el rostro para el final. A la hora de
inmortalizar el semblante del monarca, el aragonés llevaría
consigo un lienzo de dimensiones más pequeñas, donde
abocetaría tan sólo las regias facciones. En efecto entre las
pinturas inventariadas a su muerte por
Francisco Xavier Ramos se recoge: “Otra caveza bosquejada del retrato del Rey
Nuestro Señor Carlos 4º”
[46]
.
Este esbozo se erige en un evidente precedente de las instantáneas que
plantearía una década después Francisco de Goya, como
antesala de la composición de su célebre cuadro de familia.
Este trascendental retrato de Carlos IV,
aunque esbozado en 1790, se ultimaría con toda seguridad en Aranjuez
hacia
1791. A
comienzos del mes de abril Francisco Bayeu se disculpa por no poder atender sus
clases de
la Sala
del Natural, de las que le tocaba ser Director
[47]
.
En efecto unos días más tarde, el 7 de abril el aragonés
requería un carruaje para desplazarse a esta localidad
[48]
.
Este trimestre fuera de Madrid responde a la decoración al fresco del
oratorio privado del rey en su palacio, que había sido ya acometida el
año precedente
[49]
.
Esta estancia del pintor se desarrollará de modo concurrente con la
jornada del monarca y su corte en este Real Sitio. No será hasta el 22
de junio cuando vuelva a reclamar un coche para retornar, con toda probabilidad
ya con el cuadro
[50]
. A
la llegada del retrato al Palacio Nuevo, le aguardaba ya un emblemático
marco de talla dorada. Esta coronación visual de la efigie de Carlos IV
había sido comisionada a Jorge Balze y le sería finalmente
abonada el 13 de julio
[51]
.
De esta manera nuestro cuadro comparecía totalmente concluido y de
inmediato Francisco Bayeu procede a encargar bastidores y lienzo, para disponer
de cinco telas con el fin de “... tener de prevención aparejados, para
lo qe. pueda ocurrir”
[52]
.
Esta trascendente factura lleva el visto bueno de Francisco Sabatini mientras
que se tramita su pago a través de Manuel Díaz Montoya, tesorero
de
la Real Fabrica
de Palacio. La recuperación de este documento visa la hipótesis
de que este concreto prototipo de Carlos IV naciera llamado a erigirse en la
iconografía oficial del soberano. En esta coyuntura Francisco Bayeu
permanecería tan sólo a la espera de nuevos encargos, para
activar en su taller una reproducción casi fabril del original.
En efecto el retrato comisionado para
presidir
la Academia
de San Fernando detentaría siempre una emblemática
proyección institucional. Por ejemplo con ocasión de la
adquisición de una efigie del monarca para emplazarse bajo el dosel de
Real Academia de
la Historia
,
se advierte: “...el mismo Sr. Ponz se halla encargado de qe.
en adquiriendo un buen retrato del Sr. Carlos IV para
la Acada.
de las
tres nobles Artes, se saque una copia pa. la nuestra y a costa de la
Academia”
[53]
.
Esta noticia de que la iconografía arbitrada por San Fernando se
proyectó llamada a tornarse en imagen oficial de Carlos IV, viene
así mismo avalada por nueva documentación, inédita hasta
estas páginas. Tras el fallecimiento de su padre el consejo de
la Orden
de Carlos III debate
la conveniencia de sustituir el retrato del monarca con el manto de
la Orden
adquirido hacia
1785 a
Mariano Maella. En la
asamblea celebrada el 19 de agosto de 1790, Miguel de Otamendi anota: “...
Recordè que corresponderia poner en
la Sala
donde se celebran las Juntas un Retrato del
rey N. Sor. vestido con el nuevo manto de
la Orden
; y se acordó
que hiciese presente á S.M. por medio del sor. Conde de
Floridablanca los deseos de
la
Asamblea
, y pidiese el real permiso para que se verificase”.
Al poco tiempo el 20 de septiembre se participaba a la asamblea cómo
“... el Rey se havia dignado permitir que esta Supma. Asamblea ponga
en
la Sala
de
Juntas el Retrato de S.M. de cuerpo entero vestido de la nueva vestidura de
la Orden
haviendo en su
conseqüencia quedado encargado el Sr. Marqs. de Sta.
Cruz en tratar con el Pintor de Camara de S.M. Dn. [.......] Bayeu
á fin de que lo haga luego que haya concluido otro Retrato de S.M. que
está haciendo”. Esta encargo de Francisco Bayeu, olvidado hasta la
fecha, refrenda la proyección dinástica que se deseaba conferir a
este prototipo frente a sus potenciales competidores. Este retrato de cuerpo entero
no se llegaría a materializar, aunque se han localizado un par de
esbozos casi gestuales del propio Bayeu, al dorso del dibujo que custodia
la Biblioteca Nacional
de Madrid. En ellos ya se personaliza a Carlos IV de pie, como Gran Maestre de
la Orden
de Carlos III. En el
primero de ellos se representa al soberano con su mano izquierda sobre una
consola y el brazo derecho apoyado en un trono. En el siguiente rasguño
queda relegado este pensamiento, con el fin de disponer sobre la silla tan sólo
el manto nobiliario. Este emblema se erige en el auténtico protagonista
de la composición, ya que acababa de relevar al utilizado durante todo
el precedente reinado. La maraña de tanteos compositivos que se
advierten en esta zona testimonian la preocupación del aragonés
por una decorosa representación del hábito de
la Orden.
Sin embargo esta prometedora iconografía
codificada por Francisco Bayeu, no iba a ostentar la proyección oficial
para la que fue concebida. Por causas todavía veladas en algún
archivo, el retrato de cuerpo entero para la sala de juntas de
la Real Orden
de Carlos
III se quedaría en el sucinto dibujo que se acaba de estudiar. De las
cinco réplicas de su correspondiente modelo de tres cuartos que estaba
preparado para reproducirse en serie, no vería ninguna la luz. Pero lo
más sorprendente es que el retrato original que había sido
lujosamente enmarcado, con el fin de colgarse en alguna de las piezas del
Palacio de Madrid, se decreta su entrega a
la Academia
de San Fernando.
En pleno verano de 1791 en la junta particular del 7 de agosto, su secretario
escribe:
“... Consecutivamte.
al acuerdo, se habló en el retrato de S.M.enviado por el Sor.
Marques de Sta. Cruz, y visto en
la Junta
ordinaria del dia. Prescindiendo de su
recomendable merito en Arte, no pudo menos de celebrarse como un precioso
regalo con el que el Soberano confirma su protección á
la Acada.
y la pone
en las mayores obligaciones de reconocimiento. Quando
la Junta
particular, á
principios del año pasado de 90, alcanzó del Rey la gracia de
permitir al Dor. de Pintura Dn. Francisco Bayeu, que
hiciera este retrato, se mostró tan ufana de la dignacion, que solo
recibiendole de mano y voluntad expresa de S.M. pudo mejorar su esperanza. Asi
que, se acordó dar las mas rendidas gracias á S.M. por medio del
mismo Sta. Cruz, á quien me previno
la Junta
expusiera tambien la
gratitud y satisfacción de
la
Acada.
que seguramte. debe
señalada parte del beneficio al influxo de tan digno Consiliario. Y
aunque la variación de circunstancias eximia de toda obligación
para con Dn. Francisco Bayeu, de quien no se recibió el
retrato como
la Acada.
esperaba; con todo
la Junta
tuvo por conveniente manifestarle con expresiones decorosas, por escrito el
acierto con que ha desempeñado su confianza, y la mucha estimación
qe. hace de aquella obra”
[54]
.
Ese mismo día en la junta ordinaria,
José Moreno transcribe en el libro de acuerdos: “... hice presente que
un retrato del rey N.S. que estaba de manifiesto en
la Sala
, era un regalo de S.M.
enviado por medio del Exo. Sor. Marques de de Sta.
Cruz á
la Academia
:
la que con esta honra juntó el gusto de poseer una estimable obra del Sor.
director de Pintura Dn. Francisco Bayeu.
La Junta
tuvo en ambas cosas la
mayor complacencia”
[55]
.
Al mes siguiente en la sesión del 4 de septiembre de 1791 el mismo
secretario participa a los consiliarios cómo: “... Leí un
acuerdo, y después las minutas de los papeles puestos al Sor.
Consiliario Marques de Sta. Cruz, y al Director de Pintura Dn.
Francisco Bayeu, manifestandoles (según lo acordado en Junta de 7 de
Agosto ultimo) la gratitud de
la
Acada.
por la parte que á cada uno
alcanzó en el regalo que S.M. ha hecho de su retrato pintado”
[56]
.
Esta documentación rescata como
la Academia
no aspiraba a tener el cabeza de serie
de este prototipo de Carlos IV, sino tan sólo una réplica. Uno de
los bastidores encargados por Francisco Bayeu estaba llamado a acoger el
retrato que presidiría todos los actos de San Fernando. No obstante la
inesperada decisión del monarca comportará que esta
institución se beneficiara del original para su propia colección.
Este posible fracaso de la composición de Bayeu contrasta con la
paradoja de que al redactar el inventario de cuadros de San Fernando, este
lienzo del aragonés sea el que comparezca con el primer número
[57]
.
A falta de más documentación se puede especular con que la
iconografía de este autor no respondió por completo a las
aspiraciones de su regio comitente. Este lienzo mantiene asimismo una
importante incógnita al aparecer la inscripción de “Anto.
Subias” en el papel que presenta en su mano izquierda el monarca al espectador.
La interpretación que se ha venido en dar es que Francisco Bayeu firma
en esta ocasión con su primer nombre y su segundo apellido. Es bastante
improbable que su orgullo de pintor le permitiera renunciar a la
proyección cortesana que suponía tener ostentosamente firmado un
cuadro concebido para engrosar la colección de Carlos IV. Otra
posibilidad en la que se debería profundizar es que este individuo, se
trate de un todavía anónimo familiar por el lado materno que el
pintor deseaba homenajear con su inscripción.
Con
similar fortuna ha pasado bastante inadvertida, la contribución de su
hermano Ramón Bayeu a nuestra iconografía inaugural de Carlos IV.
En una misiva elevada al conde de Lerena por Francisco Bayeu se expone: “...
Excmo. Sor. Vieron SMs. los retratos qe. ha
hecho mi Hermo. y les gustaron mucho, y le mandaron hacer los
demás de su Rl. Familia; Hable al Rey para qe. le
concediese algun aumento sobre su dotación de quince mil reales, qe.
aora goza, y con singular complacencia S.M. me respondió bien, bien! Con
qe. V.E. qe. es nuestro Pe. hará lo qe.
sea su bolumptad”
[58]
. Esta instancia autógrafa de Bayeu no
está fechada, aunque gracias a su contestación se puede especular
con que su redacción acontecería en el curso de la primera
quincena de mayo de 1791
[59]
.
Con toda probabilidad Ramón Bayeu comparecería ante el monarca
con estas efigies, con pretexto de su audiencia en Aranjuez para presentar el
monumental lienzo llamado a presidir el altar mayor de
la Escuelas Pías
de Madrid
[60]
.
Esta pareja de cuadros no se esbozarían a raíz de un encargo
directo de la monarquía, sino por iniciativa privada de su autor. Con la
recuperación de este testimonio, cada Bayeu estaría creando de
modo concurrente su propuesta personal como ilustración de Carlos IV.
Sería ciertamente revelador la localización de este
todavía velado retrato de Ramón, con objeto de poder confrontarlo
con el prototipo oficial de Francisco. No obstante con cierta seguridad
reproduciría, por lo menos en lo que respecta al rostro, el bosquejo del
natural de su hermano que se atesoraba en el taller familiar. Sin embargo lo
que distanciarían ambas candidaturas, es que Francisco jamás
abordó ninguna imagen de María Luisa de Parma. Esta circunstancia,
cómo se verá más adelante, frustraría en alguna
ocasión venideras comisiones. Una vez más la presentación
al monarca de su retrato comportaba una dispensa real, en el caso de
Ramón Bayeu un aumento de sueldo. Además tras esta audiencia
artística su regio comitente decide extender al resto de sus hijos esta
dinástica galería de retratos. En efecto al poco tiempo este
Pintor de Cámara abona los bastidores para estas representaciones de los
infantes, y se desplaza de nuevo a Aranjuez con el fin de inmortalizarlos en
directo
[61]
.
De
manera intencionada se ha dejado para estas últimas páginas el
estudio del prototipo de Carlos IV que, en paralelo a todos estos
acontecimientos, emerge de los pinceles de Francisco Goya. A la luz de esta
contextualización histórica, se pueden revisar algunas
afirmaciones vertidas sobre esta temprana iconografía de los monarcas
articulada por el universal aragonés. La aureola con que vendrá
en dignificar la historiografía contemporánea toda actividad de
Goya, ha venido con toda certeza en magnificar la trascendencia y vigencia de
estas representaciones pictóricas. El único retrato de Carlos IV
que parece crearse con la voluntad de ostentar una validez institucional
sería el concebido por Francisco Bayeu, por indicación de
la Academia
de San Fernando.
Es una realidad que cuando se comisiona en enero de
1790 a
Bayeu este pretendido
referente visual, los académicos así como los consiliarios
estaban familiarizados con el precedente de Goya. Sin embargo en ningún
momento se juzgó idóneo para las elevadas aspiraciones
iconográficas de
la
Academia
y por ende del Estado. El prototipo de Goya tampoco
detenta una pervivencia de casi una década, como se ha venido en repetir
por gran parte de los historiadores
[62]
.
Todavía no se ha reparado en que una amplia mayoría de los
retratos que reproducen esta efigie, tanto de autoría propia como de su
taller, lucen la banda de la orden de Carlos III anterior a su
modificación. De este simple detalle se infiere que todo este repertorio
se comisionaría de manera previa a 1792 y que a partir de esta fecha su
demanda decae en picado. En efecto esta datación se viene a solapar ya
con nuevos prototipos que comienzan a circular hacia este año,
concretados por otros artistas como Mariano Maella. La proliferación de
esta imagen goyesca de Carlos IV no responde a un activo interés
de su retratado, sino quizás a una oportuna disponibilidad
artística así como una mayor proyección social de Goya
frente a sus competidores en la corte.
Como ya se ha advertido en los albores del
reinado de Carlos IV, concurren en Madrid una disparidad de comitentes de
efigies de la monarquía. La municipalidad de Madrid parece monopolizar
la actividad artística de Antonio Carnicero,
la Academia
de San Fernando
encuentra sin embargo en Francisco Bayeu el autor más idóneo para
inmortalizar al rey, mientras que el propio retratado parece decantarse por
Francisco Goya. No obstante esta predilección de los soberanos hacia el
aragonés, se verifica tan sólo en lo que concierne a la
representación visual del regio matrimonio. El resto de la familia real
comienza a ser retratada por otros compañeros en el empleo de Pintor de
Cámara. Por ejemplo Mariano Salvador Maella de modo coincidente
está esbozando un gran cuadro de familia, así como un lienzo
continuista del infante don Fernando. Otros de sus hijos serán
igualmente retratados del “natural” por Ramón Bayeu, con objeto de
erigir un emotivo gabinete de instantáneas familiares. Resulta bastante
revelador que al mismo tiempo que se encargan efigies a Francisco Goya, un
pintor de discutible calidad llamado Francisco Folch de Cardona es nombrado
Pintor Retratista de Cámara. En este estadio de su carrera, el
aragonés fue tan sólo uno más de la multitud de
instrumentos artísticos, empleados por Carlos IV a la hora de publicitar
su imagen dinástica.
Con esta perspectiva se debe comenzar a
desmantelar ciertos tópicos que se han venido en repetir en torno a esta
actividad retratística de Goya, en su reciente dignidad de Pintor de
Cámara. En primer lugar la fecha en que el aragonés emprende la
articulación de su catálogo de prototipos del retrato de Carlos
IV, no responde a
la
Proclamación
de Madrid en enero de 1789. La
intervención del aragonés en la iconografía del nuevo
monarca es con bastante certeza corolario de la incautación de las
grotescas pinturas por decreto del ayuntamiento de Madrid. A comienzos del mes
de febrero el pintor sería consciente con su asistencia a la junta de
San Fernando, del absoluto vacío iconográfico en que estaba
sumido el feudo hispano. La publicación por Valentín de Sambricio
de un documento fechado el 30 de junio de 1789 con un extracto de todas las
peticiones de materiales y lienzos al droguero Trapaga ha dado lugar al
equívoco
[63]
.
Recientes estudios han seguido esta línea de investigación,
llegando a apuntar la posible existencia de un prototipo esbozado por el
artista sobre tela de mantel a partir de febrero
[64]
.
Este documento se ha de entender como una relación ordenada de gastos de
todo el primer semestre, pero que no tiene porque estar vinculada con la
comisión de los retratos. La reciente publicación de las compras
de Francisco Goya en el establecimiento de Trápaga en el curso de la
segunda mitad de 1789
[65]
,
faculta un careo documental con su factura precedente. La última solicitud
del primer semestre acontece el 30 de marzo, mientras que la primera del
segundo periodo se verifica el 4 de agosto. Esta ausencia de pedidos de
alrededor de cuatro meses, viene en coincidir con la época en que el
aragonés se afanaría en reproducir en su obrador los diversos
modelos de sus retratos. Con toda seguridad en ambos documentos de 1789 los pigmentos, barnices y telas irían
tan sólo destinados a la concepción de los cartones para tapices.
Con bastante probabilidad Francisco Goya
desviaría algún utillaje de los cartones para sus retratos, de
igual modo que su moledor Pedro Gómez le ayudaría en toda labor
previa al acto creativo. Pero las únicas partidas computables con
certeza a las dos parejas de retratos de Carlos IV y María Luisa de
Parma, devienen de una cuenta que figura como anexo al recibo principal de
Trapaga publicado por Sambricio. A pesar de ser conocida desde antiguo se acude
de nuevo a su trascripción, a modo de valiosa piedra rosetta con la que
intentar descifrar las vicisitudes de estas efigies inaugurales de Francisco de
Goya:
“Razon de los Gastos, que se
han causado, para hacer los retratos de sus Magestades, que de su òrden
Pinta Dn. Franco. Goya, como Pintor de su Rl.
Camara.
Primeramte. dos
Bastidores, para los retratos de medio cuerpo qe. costaron 16 rrs.
Id. Otros dos Bastidores de
òcho pies de alto y cinco de àncho, qe. se hicieron
para los retratos de cuerpo entero, que costaron. 50 rrs.
Id. Un Cajon, que se hizo
para llevar y traer los retratos à Palacio, costó 50 rrs.
Id. Otro cajon, que se hizo
para llevar los retratos à Aranjuez, qe. costo 100 rrs.
Id. Para llevar dhos.
retratos en una Azemila y volverlos à traer à Madrid. Incluso el
coche de Yda y buelta, todo costó. 920 rrs.”
[66]
.
En este trascendental recibo Francisco Goya
enumera todos los desembolsos verificados a lo largo del primer semestre de
1789, con motivo de la realización de los retratos de Carlos IV y
María Luisa de Parma. Ya en el encabezamiento del documento, el mismo
artista advierte cómo está pintando estos lienzos de òrden del soberano. De ahí se infiere que no se trata de unas obras que
abordaría por iniciativa propia, como acontecería en 1791 con las
efigies reales esbozadas por su cuñado Ramón Bayeu. A
continuación los bastidores testimonian que existieron dos tipos de
retratos, uno de tres cuartos y otro de cuerpo entero planteados casi de manera
concurrente. La redacción de este documento en estricto orden
cronológico, ofrece una información cardinal en el
esclarecimiento de la sucesión en la ejecución de ambas parejas.
Los bastidores de estos retratos no parecen ensamblarse a la vez, constituyendo
el de dimensiones más reducidas un preámbulo del más
emblemático. De esta manera el primero en concluirse sería el de
tres cuartos para el que se compondría una caja, con la finalidad de
transportarlo al Palacio Nuevo y retornarlo a continuación al taller de
Goya. Esta audiencia palatina del cuadro tuvo que verificarse de manera previa
al 21 de abril, fecha en que toda
la
Corte
marcha como séquito de la familia real con
destino a la jornada de Aranjuez. A pesar de ello en ningún momento se
pueden considerar los retratos de cuerpo entero, producto del pláceme de
su compañero. El coste de los bastidores más grandes antecede al
del cajón en que se embalan los pequeños rumbo al Palacio de
Madrid. La composición de la pareja mayor, en la actualidad en el Museo
del Prado, se dilató en el tiempo, por lo que se pintaría con los
monarcas ya en el mencionado Real Sitio. El cajón para este trayecto
cuesta justo el doble que el fabricado para albergar al pendant inaugural. Con
el pretexto de presentar su trabajo en directo a sus regios comitentes, el
pintor se desplazaría en compañía de sus creaciones. No
obstante en este viaje a Aranjuez formalizado entre mayo y junio de 1789
[67]
,
no tuvieron porque estar terminados ya estos retratos. Al redactar el
aragonés nuestro recurrente recibo del 30 de junio, se sirve de la
expresión de que de su órden Pinta. Francisco Goya
tiene que cursar esta carta de pago por ser final de semestre, no por el hecho
de haber coronado ya su cometido. Esta ambigua expresión faculta la
hipótesis de que las composiciones más extensas todavía no
estuvieran totalmente zanjadas en esta fecha concreta.
Las representaciones de las que se tiene
total certeza que estaban concluidas en junio de 1789, son los retratos
inaugurales de tres cuartos
[68]
.
Estos lienzos se había ostentado sin enmarcar ante el monarca en las
semanas previas a la jornada de Aranjuez. Una vez alcanzado el codiciado
plácet regio se solicita un marco dorado que distingue por su sencillez,
en comparación con análogas representaciones pictóricas.
Aunque se ha publicado hace escaso tiempo la factura de estas molduras, no se
ha venido en vincular en base a las dimensiones con este todavía escurridizo
prototipo. El 4 de julio de 1789 se abona a los doradores Manuel Gobeo y Ramon
Melero el coste del aderezo de “... dos Marcos lisos, que se llebaron en casa
de Goia, el Pintor, tien 29 pies los dos”
[69]
.
Esta pareja de efigies se preservaron en el estudio del aragonés con el
propósito de obrar a modo de plantilla para venideros llamamientos
palatinos. Su provisional emplazamiento en un taller, desestimó sin duda
la conveniencia de encargarles un marco de talla de madera más representativo.
El perímetro de catorce pies y medio por cada pintura, coincide con las
obras de tres cuartos que se esbozaron en los alrededores de abril de 1789.
Dentro de los distintos ejemplares que se conocen en la actualidad se catalogan
dos tamaños, uno que mide aproximadamente 120 centímetros de
altura y otro de 150 centímetros. Esta factura sirve para afirmar con
rotundidad que al menos en lo que respecta a sus dimensiones, el prototipo
originario corresponde con el primer repertorio. En lo que corresponde a la identificación
de este primer modelo visual que brotaría de los pinceles de Goya y su
identificación ante la gran cantidad de versiones, se ha conseguido
exhumar de los archivos un trascendental documento inédito.
El 3 de marzo de 1790 desde
la Secretaría
de Hacienda se tramita la siguiente instancia dirigida a Francisco Montes:
“El Rey manda qe.
por Tesoreria mayor y en virtud de su recivo se entreguen al Pintor dn.
Franco. Goya dos mil rs. de vellon qe. ha
costado un retrato de SM. de medio cuerpo que se ha puesto en esta Secreta.
de Hacienda de mi cargo y es copia del original qe. hizo el mismo
Goya; De orden de SM. lo prevengo á V.S. para su cumplimto.”
[70]
.
En los
albores del reinado de Carlos IV, el ministro que permanecía al frente
de
la
Secretaría
de Hacienda era el conde Lerena. Este
dignatario, como ya se significó con anterioridad, era amigo
personal y protector en la corte de la
dinastía artística de los Bayeu. El cuadro mencionado en este
expediente se mantuvo en su emplazamiento original hasta que en 1911 se concretara
su traslado al museo del Prado
[71]
.
A pesar de comparecer expuesto en la actualidad al público en una de las
salas de nuestra pinacoteca nacional, su atribución siempre ha
permanecido en un indefinido limbo historiográfico. Ante la
proliferación de retratos goyescos de Carlos IV en torno a 1789,
la sospecha de la intervención de su taller planea sobre casi todo esta
antología de efigies. Este recelo se advierte incluso hacia los
ejemplares, para los que se ha conseguido localizar las facturas del propio
aragonés. No obstante tras la contemplación al natural de este
ejemplar del Prado, destaca su exquisita calidad que concuerda con esa
técnica temprana del artista. La recuperación de este despacho
compelerá a la bibliografía futura a la inclusión de esta
versión, entre las creaciones que emanan del círculo más
próximo al monarca así como a los pinceles de su autor. La trascendencia de este borrador
radica asimismo en que explicita que este retrato es una copia de nuestro
todavía velado prototipo inaugural. En este grupo de efigies que repiten
el modelo arbitrado antes de abril de 1789 se debe incluir el de
la Real Fábrica
de Tabacos de Sevilla, Casa de
la
Moneda
y del ayuntamiento de Santiago de Compostela.
De modo coincidente todos estos duplicados comparecen
acompañados de recibíes autógrafos del pintor, datados
respectivamente el 11 mayo de 1789
[72]
,
5 de enero
[73]
y 6
de marzo de 1790
[74]
. Al
confrontar todas estas pinturas la única discrepancia significativa se
desprende del ejemplar procedente de
la
Casa
de
la
Moneda. Para
su composición su autor prescinde del
barroco cortinaje verde para decantarse por un sencillo fondo negro. Esta
providencia de eliminar toda referencia espacial, pudiera quizás
responder a un comprensible interés por simplificar su trabajo ante una
demanda ya casi inabarcable. Otra hipótesis más teórica es
que esta evolución compositiva responda a una migración
conceptual del proscenio neutro de la estampa de Carmona trasladada al lienzo
por Goya. La eliminación de la retardataria cortina deudora de un
lenguaje visual de época de los Austrias, da paso a una propuesta donde
la figura del soberano adquiere un total protagonismo. Este moderno esquema
será adoptado más adelante por el mismo Goya, al abordar la
actualización de la imagen de Carlos IV inmersos ya en las
postrimerías de la centuria. En lo que respecta a aspectos de naturaleza
más técnica, los soportes de algunos de estos retratos
serían aparejados de manera concurrente por los ayudantes del artista en
su taller. El ancho de la tela de San Jorge parece tener algo mas de una vara,
lo que obliga a añadir en la parte inferior una banda de unos veinte
centímetros para componer estas efigies. De momento esta particularidad
se advierte en la versión de
la Real Fabrica
de Tabacos y en la del museo del
Prado. Esta coincidencia testimonia quizás una producción casi
fabril de los lienzos y sus imprimaciones por parte de un moledor de colores,
llamado Pedro Gómez. Este colaborador de Francisco Goya detenta un interés
histórico como auténtico vehículo transmisor de
anécdotas, recetas y consejos artísticos de gran parte de sus
maestros. En un memorial inédito afirma haber trabajado sucesivamente
durante décadas al servicio de los pinceles de Giambattista Tiepolo,
Antón Rafael Mengs, Francisco Bayeu y por último para el
universal aragonés
[75]
.
Una
derivación directa de este primer prototipo son los retratos que
Francisco Goya plantearía a petición de
la Real Academia
de
la Historia. Nuestro
artista emite el recibo por sus creaciones el 11 de septiembre de
1789, a
tan sólo
diez días de las ceremonias de Exaltación al trono que se
decretan en la villa de Madrid. La diferencia trascendental en la que nunca se
había reparado deviene de las dimensiones del lienzo, estas pinturas se
proyectan con unos treinta centímetros más de altura que el
original. La razón de esta extensión de la composición
planteada tan sólo unos meses antes, reside en una exigencia de los
propios académicos. A la hora de comisionar el retrato de Carlos IV se
consigna en el libro de juntas, que se debía proyectar “... cuidando que
guarde el tamaño del de Carlos III”
[76]
.
El retrato que presidía en aquella fecha el dosel de la sala de juntas,
se corresponde con una de las infinitas réplicas de la icónica
efigie de Carlos III con armadura de Mengs. Este ejemplar había sido
adquirido hacia
1780 a
los albaceas testamentarios de Felipe de Castro, entre los cuadros existentes
en su estudio a la muerte del escultor
[77]
.
Con toda probabilidad los consiliarios deseban erigir un dinástico
gabinete de efigies Borbónicas. Ante esta petición Goya
tendría que adaptarse a las exigencias de
la Academia
y reconsiderar
de nuevo una composición que ya estaba reproduciendo en serie. En su
papeleta de entrega el propio autor reconoce ser “... del tamaño del
natural y de mas de medio cuerpo”
[78]
.
Ésta es la explicación por la
que este retrato cuesta tres mil reales, frente a los dos mil reales en que se
valora el resto de sus compañeros de serie. De este modo esta pintura no
se debe considerar una servil copia del prototipo que se preservaba en el
taller, a modo de patrón visual para sus ayudantes. Esta
retribución no es resultado de un supuesto trato de favor de Gaspar
Melchor de Jovellanos hacia el artista, como se ha venido en afirmar en
repetidas ocasiones. Toda la bibliografía ha ponderado la extrema
calidad de esta pareja de obras, muy por encima de otras muchas versiones. En
efecto las cláusulas de este contracto pictórico comportaron una
participación más directa del maestro, con el fin de solucionar
los posibles problemas compositivos que fueran emergiendo. Curiosamente a
partir de este momento esta nueva plantilla detenta una tremenda
difusión, y se multiplica a través de un sinfín de copias
materializadas en su mayor parte por discípulos. Los ejemplares que se
custodian en el Museo de Bellas Artes de Zaragoza así como en la
embajada de España en París, ambos depósitos del museo del
Prado, derivan con simples variantes en el color de la casaca de este segundo
modelo ampliado. Ante la escasez de tiempo en este ajetreado 1789, resulta
prácticamente imposible que Francisco Goya realizara ningún ricordi de este nuevo prototipo, con
objeto de preservarlo en su obrador. Cualquier pedido posterior tan sólo
se pudo abordar copiando en directo los originales que se exhibían en el
salón de
la Academia
de
la Historia. Este
alejamiento, tanto físico como de dirección, de los pinceles del
maestro conllevó el indudable declinar en la técnica de estas
auténticas réplicas a distancia.
Pero el genio creador de Francisco Goya no se
extingue en este punto, pues el artista imaginó un tercer prototipo
bastante alejado de sus precedentes formales. Una de las principales novedades
de este artículo es la recuperación, al menos de la
ilustración, de un ignorado modelo brotado asimismo de su
invención. La primera aparición pública de un retrato de
Carlos IV por Goya se verifica en las ceremonias de Proclamación de la
ciudad de Sevilla. No obstante el verdadero monopolio visual de su candidatura
iconográfica, acontece con motivo de
la Exaltación
al trono organizada en Madrid a finales de septiembre de 1789. En la
crónica de esos festejos se referencia cómo se expusieron
retratos del aragonés en las fachadas de
la Casa
de Correos, el palacio
del duque de Híjar y finalmente del conde de Campomanes. Este
último edificio estaba emplazado en la plazuela de
la Villa
, de tal forma que
permanecieron confrontadas por varias jornadas las dos imágenes de
Carlos IV con mayor proyección del momento. La de Goya en una residencia
privada, mientras que la de Carnicero en la colindante sede del ayuntamiento.
En su actividad profesional Campomanes y el corregidor Armona formalizaban
declarados enemigos públicos, llevando quizás su personal
enfrentamiento al campo artístico. A menudo se ha especulado con la posibilidad
de que esta última pareja corresponda con la que en la actualidad
preside
la Real Academia
de la Historia
[79]
. No
obstante la localización de un réplica de esta composición
por José Camarón permite desechar ya por completo esta
suposición. Con este hallazgo se puede afirmar con rotundidad que
nuestro protagonista esbozaría prototipos distintos, destinados a su
exposición pública durante esos días.
En 1790 con motivo de la fundación en
Cáceres de
la
Real Audiencia
de Extremadura, se arbitra el ornato tanto de
su Capilla como de diferentes dependencias. El conde de Campomanes, en su cargo
de Gobernador del Consejo, se decanta por José Camarón y Bononat
para la ejecución de una miscelánea de nueve pinturas. El 3 de
septiembre de ese año se verificará el encargo y finalmente el 20
de febrero de 1791 este pintor hace entrega de sus cuadros
[80]
.
Con destino al mencionado oratorio Campomanes emplaza al valenciano a duplicar
un lienzo de
la
Santísima Trinidad
original de Claudio Coello, que
formaba parte de su colección particular. Mientras que con objeto de
suplir la ausencia de los monarcas en
la Real Audiencia
se
le encomiendan “... cuatro retratos de los reyes, copias de los que tiene el
Conde de Campomanes”. Cada efigie se valora en novecientos reales, que contrasta
con los dos mil reales percibidos por Goya en sus obras de idéntica
naturaleza. De este cuarteto tan sólo se ha conseguido localizar un
retrato del soberano, que se preserva en la vivienda personal del actual
Presidente de
la
Audiencia. De
su contemplación se significa que una de
las parejas venía en reproducir las imágenes de Carlos IV y
María Luisa de Parma, que presidieron la fachada de su palacio durante
la Exaltación. Este
retrato conforma de momento el único vestigio de un lienzo perdido de Goya
en el que se representa a Carlos IV con una pose discorde a la
iconografía estudiada hasta el momento. El retratado comparece ante el
espectador con el brazo derecho apoyado en la cintura y su mano izquierda en
una consola neoclásica. Esta versión no se procedería a
reproducir en serie por el taller del aragonés, a imagen de anteriores
plantillas. La tremenda similitud en el ademán de Carlos IV con el
exitoso modelo arbitrado hacia 1782 por Mariano Maella para el entonces Príncipe
de Asturias, compelería quizás al aragonés a relegar esta
propuesta. De este modo tan sólo el propio comitente parece dispuesto a
difundir esta particular composición, que disfrutaba en los salones de
su propia residencia.
El único pintor que parece rivalizar
en protagonismo con Francisco Goya durante estas fiestas de
la Exaltación
al trono de Carlos IV, sería Luis Paret. Por un lado este artista acoge
un encargo directo del propio monarca, que consistió en inmortalizar el
acto de
la Jura
del Príncipe de Asturias en la iglesia de los Jerónimos. En este
monumental lienzo la representación del rey se reduce a una sencilla
imagen de perfil, inspirada quizás en una medalla de González de
Sepúlveda. A pesar de la trascendencia de la composición, su
autor no parece estar muy interesado, a diferencia del resto de los pintores de
la corte, por articular una iconografía regia que se proyecte hacia el
futuro. Además en 1789 esta comisión brota concurrente con la
dirección del ornato de la fachada de
la Diputación
de los Cinco Gremios Mayores. En el texto editado ese año con la
intención de perpetuar estas ceremonias, se referencia en este edificio:
“... Ocupaba el balcon del medio, en el quarto principal, un magnífico
dosel guarnecido de plata, en que se colocáron dos grandes quadros con
los retratos de SS.MM. hechos de cuerpo entero por el Profesor de Pintura, Don
Zacarias Velazquez. En los entrepaños de as ventanas se
acomodáron diez medallas ovaladas, sobre tableros de mármol
enqiquecidos de clavos Romanos, cintas y festones enlazados. En estas medallas,
que se han hecho para el adorno interior de las salas de
la Diputación
,
pintó al óleo el mismo Don Luis Paret con toda
brillantéz propia de su
estílo, y con propiedad muy varia de atributos unas figuras
alegóricas de los principales dominios Españoles, fuentes de su
comercio: á saber, América, Castilla, Leon, Galicia, Navarra,
Corona de Aragon, Murcia, Granada, Córdoba, y Sevilla”
[81]
.
La mayor parte de los cuadros que engalanaron este efímero habían
sido concebidos para ornato interno de la propia Diputación, y
así aparecen descritos en un inventario que ha pasado desapercibido
hasta la fecha:
“Pinturas que adornan las
paredes de
la Casa
de Gremios [...]
Pieza de
la Secretara.
La Prova.
1a. que
representa
la America
con un Cayman a los Pies. Recosta la figa. a un Plato. [...]
Pieza de comercio.
Otro de
la Prova.
de
Navarra a su dra. con las armas que son las baras y pampanos de racimos
alegoricos a su cosecha.
Otro a la izquda. Representa
al reyno de Sevilla: sus armas el sto. Rey. Olivas señal de sus frutos.
[...]
Pieza Sala Diputon.
Retratos del Rey y Rna. Nros
Ssres. por Velazquez
Provincias. A
la Derecha Castilla
sus armas: un cetro y la legislacion en las manos.
Al otro lado Rno.
de Leon sus armas y figura trage militar.
Otro Aragon y Valencia. Sus
escudos unidos con los de Cata. Alegorias, industria y abunda.
[...]
Pieza de Escrituras.
Uno del Reyno de Granada que
tiene sus armas, y las insigas. un turbte. [...]
Sala mayor de
contador.
Prova. de Cordova
Armas vandas rojas y amaras. en el escudo, insignia el Cavallo.
Otro del Rno. de Murcia.
Escudo orlado con las 5 coronas en el campo: sus
armas. Alegoria a sus produccions.
y huerta. Un surtidor de aguas, frutas por el suelo.”
[82]
Como epílogo de este documento se
vuelve a transcribir en limpio todo este catálogo y se recapitula: “...
Entre los demas quadros hay en la sala Diputacion los Retratos de SS.MM. los
Reyes NN.SS. ejecutados por d. Zacarias Velazqz. Academo.
de Sn. Fernando qe. son de cuerpo entero; y Una
colección de varias Provincias de españa en medallones de forma
ovalada con las armas de cada una y figuras alegoricas. Obra de dn. Luis Paret
de la misma Acada”. A la hora de reglamentar estas solemnidades de
la Exaltación
,
Carlos IV expresa en todo momento su voluntad de “... que adornen las fachadas
de sus casas decentemente, aunque sin gasto excesivo”
[83]
.
La solución arbitrada por Luis Paret de aprovechar cuadros esbozados
para el interior del edificio como ornato de la fachada, sin duda sería
del agrado del monarca. Recientemente Ismael Gutiérrez Pastor ha
localizado en una colección particular un par de estas composiciones del
Pintor del Infante don Luis, en concreto la de Castilla y León
[84]
.
Este nuevo inventario viene en testimoniar como estos óvalos se crearon
convocados a flanquear unos bastante olvidados retratos reales de
Zacarías González Velázquez. El grabador González
de Sepúlveda, como amigo íntimo de Paret, habla de ellos en su
famoso diario donde el mes de agosto de 1789 anota el costo de “... dos marcos
para los retratos de Rey y Reina del pintor dn. Zacarias Velazquez pa.
los Gremios, y le dieron por cada uno 800 rs ”
[85]
.
El de
la
María Luisa
de Parma ha aparecido últimamente a
subasta en el mercado internacional, mientras que su pendant de Carlos IV se ha
mantenido oculto bajo una inapropiada atribución a Mariano Salvador
Maella
[86]
.
Esta efigie de cuerpo entero se ha custodiado en Barcelona en el Palacio de
Pedralbes hasta que hace escasos meses se procedió a depositar en el
Palacio Real de Madrid, con el status de bien privado de Su Majestad el Rey. La
iconografía de Carlos IV arbitrada por González Velázquez
resulta de tremendo interés al figurarle asimismo de pie con casaca. En
lo que respecta al rostro todavía responde al prototipo joven de
Príncipe de Asturias, que quizás halla su inspiración en
una antigua estampa de Juan Antonio Salvador Carmona.
La identificación de este retrato real
de cuerpo entero de Zacarías González Velázquez trae a
colación otra trascendental efigie de Carlos IV, que todavía no
se ha mencionado ex profeso a través de estas páginas. La
composición en cuestión es el retrato del monarca de pie esbozado
por los pinceles de Francisco Goya, que en la actualidad custodia el museo del
Prado. A diferencia de las composiciones analizadas con anterioridad esta
creación del aragonés no nace con la vocación de erigirse
en un prototipo. Lo ratifica la circunstancia de que no se conozca ninguna otra
versión, ni en un formato de medio cuerpo ni de tres cuartos, procedente
de su taller o de algún discípulo. Hasta el momento este lienzo y
su pareja de María Luisa con tontillo, se han venido en interpretar como
una comisión con destino a la decoración de alguna de las
estancia de sus residencias palatinas. Desde estas páginas se quiere lanzar
una nueva hipótesis, a pesar del evidente riesgo de que pueda quedar
desmontada al instante con la irrupción de nuevas aportaciones
documentales. Hasta la fecha no se ha prestado la debida atención a una
reveladora misiva del aragonés a Martín Zapater datada el 20 de
febrero de 1790:
“...Hoy he entregado un
Quadro al Rey que me había mandado hacer él mismo, para su
hermano el Rey de Nápoles, y he tenido la felicidad de aberle dado mucho
gusto de modo que no sólo con las expresiones de su boca me ha eloxiado
sino con las manos por mis hombros medio abrazandonos, y hablandome mal de los
Aragoneses y de Zaragoza; ya puedes considerar lo que esto ynteresa”
[87]
Como ya se ha advertido deslizándonos
siempre en el campo de la especulación, este anónimo encargo debe
tratarse a la fuerza de un retrato. De ser cierta esta interpretación
existirían tan sólo dos posibilidades, que esta efigie
correspondiera al prototipo de tres cuartos, en cualquiera de sus variantes, o
por el contrario al de cuerpo entero. De ser correcta la primera
hipótesis es bastante improbable que Carlos IV concediera a nuestro
protagonista una recepción en el Palacio Nuevo con el fin de visar la
enésima copia de un modelo, sobradamente conocido por su comitente.
Asimismo resultaría insólito que el monarca fuera tan expresivo a
raíz de la contemplación de una composición que
conocía casi desde abril del año pasado. Por lo tanto otra
perspectiva sería que Goya compareciera con uno de los ejemplares de
cuerpo entero en los que llevaba trabajando desde su ascenso al trono. De este
modo el éxito de esta audiencia artística espolearía a
Carlos IV a preservarlo para su colección personal. Esta circunstancia
podría asimismo explicar el envío a Nápoles, ya en la
postrimerías de la centuria, de otra versión de la venidera
iconografía del soberano del mismo aragonés. Este contexto
vendría en aclarar gran parte de las particularidades
iconográficas de esta pareja de lienzos. La representación de
María Luisa de Parma ataviada con tontillo y con una desproporcionada
cantidad de joyas, ajena por completo a su correspondiente imagen
pública, podría encontrar su justificación en este
aún presunto destino napolitano.
Este panorama pictórico en el
capítulo de los retratos de Carlos IV, que se ha intentado reconstruir,
tiene su reflejo inmediato en el ámbito de la estampa. En la ceremonia
de Exaltación del mes de septiembre de 1789, el edificio de
la Imprenta Real
ostenta en su fachada una efigie del monarca autógrafa de José
López de Enguídanos. Mientras tanto en su interior sus
tórculos se afanan por estampar un sinfín de creaciones de Manuel
Salvador Carmona, llamadas a propagar el célebre prototipo de tres
cuartos de Francisco Goya. En lo que respecta a la temprana difusión del
modelo del aragonés se debe hacer alguna salvedad. La inclusión de
la estampa de Carmona en
la Guía
de Forasteros en sustitución
del retrato de Carlos III por Mengs no acontece en 1789, como se ha venido en
afirmar sino en 1790. Esta publicación salía a la venta
recién inaugurado el año, de ahí la instancia que el mencionado
grabador elevaba el 7 de enero de 1789 al conde de Floridablanca: “Exmo.
Señor Dn. Manuel Salvador Carmona; Con el mayor respeto haze
presente á V. Exa. que todos los años con
anticipación â entregado en el Despacho publico de
la Administración
de
la Rl.
Imprenta
2500 Retratos del Rey Don Carlos III para que
porcion de ellos acompañasen a las Guias que se encuadernan en fino por
disposición de dha. Administración, y se reparten â esa
primera Secretaria, pagándoselos â re. y medio por cada
uno, y quedando los restantes para vender al Publico al mismo precio: En esta
atención se despacharon en el año anterior de 1788: 2458 que al
citado precio le produxeron 3687 rs. de vn. que pagada
la Comision
de un 4 por
ciento de su venta le quedaron liquidos 3540 rs. y 17 mrs de vn.
con la misma anticipacion hizo estampar 2500 exemplares de dho. Retrato que
entrego â el Administrador a mediados de Diciembre de dho año
anterior, para que sirviesen para las Guias, y venta publica en el presente de
89. Pero aviendo fallecido S.M. y no aver avido tiempo de poder grabar nuevo
Retrato, se le sigue el perjuicio de no aver podido dar salida â los
citados exemplares. Por tanto â V. Exa. rendidamte.
suplica se digne mandarke remunerar como fuere de su agrado como otras veces
â experimentado de la benignidad de V. Exa. cuia importante
vida guarde Dios dilatados años”
[88]
.
Esta petición de Carmona será desestimada de inmediato
[89]
,
pero de la recuperación de este documento se infiere que
la Guía
de 1789 se
comercializó sin una ilustración de Carlos IV, al no disponer de
tiempo para interpretar al buril ninguna efigie del nuevo rey. De este modo la
difusión del modelo de Goya a través de miles de
económicas estampas, se ha de retrasar a los albores de 1790.
Se ha
dejado para el final la trascripción de un trascendental testimonio del
grabador González de Sepúlveda que atestigua la opinión
del matrimonio real sobre el célebre prototipo de Francisco Goya: “...
en 21 [de agosto de 1789] estubo el Señor Pogetti Director de Piedras
Duras en la fabrica de
la China
y me pidió una medalla de orden de SM. dice que le llevo un retrato que
estaba haciendo para una joya, y que le dijo el Rey que estaba feo y serio, le
dijo que no tenía por donde hacerlos que si quería que fuese a dn.
Franco. Goya y le pidiese el retrato, ó a dn.
Celedonio Arze y le dijo que ni a uno ni a otro, sino que fuese a
Sepúlveda y que de su parte le diese una medalla y por ahí qe.
lo hiciese que aquí estaba a su gusto y me dijo havía hecho SM.
un gran elojio delante de todos los de la corte. Con qe. le dije que
no podía darsela al instante qe. al dia sigte. se
la remitiria, pase y estuve con el ministro Sor. Lerena y le conte
lo que abía pasado y mando le diese una medalla de Plata, y me repitio
que abia gustado mucho la medalla que
la Reyna
abia dho gs. a dios que ya
tenemos retrato ”
[90]
. Esta emblemática frase de María
Luisa de Parma de “a Dios gracias tenemos retrato” ratifica la
desesperación de los monarcas por alcanzar una correcta
iconografía áulica, pero
cómo el modelo de Goya no había cumplido todavía su
objetivo. Sin duda el único espacio en el que se puede ratificar un
monopolio visual de la creación del aragonés será en el de
la estampa, ya que en el ámbito cortesano convivió durante toda
la última década del Siglo de las Luces con una multitud
de prototipos.
* No quiero
comenzar este texto sin agradecer a Arturo Ansón sus siempre eruditas
puntualizaciones de bibliografía y archivo, a la hora de afrontar
nuestra redacción. Con idéntica generosidad Jesusa Vega me adelantó
algunas de sus conclusiones ya redactadas en el borrador de un libro, que
habrá de convertirse en un continuo referente. De igual forma Manuela
Mena me hizo accesible toda la información acerca de los retratos de
Carlos IV que custodia el Museo del Prado. Además en esta ocasión
no quiero olvidar a los buenos amigos que me han cedido sus hallazgos,
imprescindibles para coronar mi investigación.
[1]
Fravega, Antonio Ángel de. Fiestas de Burgos en la
proclamación de Carlos IV. Hacíalas
la Musa Elío
,
en gracia de su Alumno. Madrid, 1789, p. 9.
[2]
Fernán-Nuñez, conde de. Vida de Carlos III.
Madrid, librería Fernando Fé, 1898, t. II, p. 37.
[3]
Gaceta de Madrid, martes 16 de diciembre de 1788, p. 820.
[4]
Gaceta de Madrid, viernes 16 de enero de 1789, p. 39.
[5]
Descripción de los ornatos públicos con que la corte
de Madrid ha solemnizado la feliz exaltación al trono de los Reyes
Nuestros señores don Carlos IIII y doña Luisa de Borbón, y
la Jura
del
Serenisimo Señor don Fernando Principe de Asturias. Madrid, Imprenta
Real, 1789.
[6]
Gaceta de Madrid, martes 20 de enero de 1789, pp. 54-56.
[7]
Archivo de
la Villa
de Madrid [a partir de ahora A.V.M.] Secretaría. 1-445-1.
[8]
A.V.M. Libro de Acuerdos de
1788, f
. 275.
[9]
A.V.M. Secretaría. 2-80-9.
[10]
A.V.M.
Secretaría. 2-80-9
[11]
A.V.M. Secretaría. 1-445-1.
[12]
A.V.M. Secretaría. 2-80.
[13]
Forma en que Madrid asiste a
la Rl.
Proclamación.
A.V.M. Secretaría. 2-80.
[14]
Existe una factura por el alquiler para una de las estancias del
ayuntamiento de Madrid de “... arañas, cornucopias, alfombras, tapices,
(dosel de tela de oro y Bordado para los Rs. Retratos), doce
sillas”. A.V.M. Secretaría. 2-80-9, recibo nº 35.
[15]
A.V.M. Secretaría 2-48. Documento fechado el 30 de enero de
1789.
[16]
Libro de documentos de
la Real Proclamación.
A.V.M. Secretaría. 2-81.
[17]
“... nº 29 En once de Febrero pague doce mil rrs. de vn.
à Dn. Antonio Carnicero Pintor por los dos retratos de
S.S.M.M. que executò y se colocaron en el Balcon pral. de las Casas
Consistoriales à consecuencia de papel que los Sres. Marques
de Perales y Dn. Juan Franco. Albo y Helguero Comisarios
de Casas Consistoriales dirigieron al Sr. Corregidor en primo.
de Febrero de mil setecientos ochenta y nueve, quien decreto su pago como
parece de el con Rvo.” A.V.M. Secretaría. 2-80-9.
[18]
AA.VV. Museo Municipal. Catálogo de las Pinturas. Madrid, 1990, p.114. (Nº Inv. 34466)
[19]
“... nº 30 id. paguè quatro mil trescientos veinte y tres rrs.
de vn. à Manuel Blanco, tallista, por el coste de los quatro
marcos los dos de cuerpo entero que sirvieron para los retratos y los otros dos
de medio cuerpo que quedaron en las casa de Ayuntamiento como parece de cuenta
con el visto de los mismos Sres. y Decreto én diez y nueve de
Febrero de mil setecientos ochenta y nueve y recibo del Interesado”
nº 31
pague quatro mil seiscientos cincuenta y dos rs. de vn. qe.
pague à Antonio Castellanos, Dorador por haver dorado los marcos para
los Rs. Retratos consta de cuenta de tres de Febrero con las
formalidades prevenidas y recibo del interesado” A.V.M. Secretaría.
2-80-9.
[20]
“... nº 28 Pague tres mil novecientos rrs. de vn.
á Dn. Manuel Lopez Cerrero por el importe de Alquileres de
Alfombras que sirvieron en los quatro tablados de Proclamación de
paños de tapiz para el Palenque, un dosel de damasco carmesí; dos
retratos de Rey y Reyna, que ocuparon el dosel y demas que comprende su cuenta
vajo las formalidades prevenidas en aviso de veinte y nueve de Dicre.
de mil setectos. i ochenta i ocho”. A.V.M. Secretaría.
2-80-9.
[21]
“... El Rey, Consejo, Justicia, Rexres. Caballeros,
Escuderos y Hombres Buenos de
la
Ne. Villa
de Md. Haviendo sucedido en
estos Reynos y Señoríos por fallecimiento del Rey mi Amado Padre
y sr. dn. Carlos tercro. qe.
esté en gloria y siendo consiguiente el que sea Proclamado, y lebanten
Pendones en mi Rl. Nombre en las ciudades, villas y lugares en que
sea costumbre hacer esta demostración; Os mandó que luego qe.
recivais esta, con la mayor brevedad ejecuteis este solemne acto aunque no
hayais hecho las exequias pr. el Rey mi Amado Padre, y Sr.
teniendome de aqui adelante por Vuestro Rey y Sr. Natural, y jurando
de mi Real nombre en todos los Despachos en que se necesite nombrarme, y
regulareis las disposnes. de
suerte que el referido acto se haga en esa villa el dia diez y siete de Enero
proximo, y qué en la ciudd. de Toledo se practique al mismo
tiempo según se previno, y practicó el año de mil
setecientos quarta. y seis, y el de mil setecientos cincuenta y
nueve” A.V.M. Libro de Acuerdos de 1789, 1 de enero de 1789, pp.
4v-5.
[22]
Gaceta de Madrid, martes 3 de febrero de 1789, p. 87.
[23]
“... y salió esta vistosa comitiva todos en caballos con
brillantes y primorosos jaeces, cerrando la marcha de los trenes de los Sres.
Corregidor y Alférez mayor con libreas y guarniciones de gala,
palafrenes, y caballos de mano con sobremantas ricamente bordadas, y dando
vuelta á la plaza se encaminaron á un tablado adornado y
hermoseado con tarjetas y cifras; y habiendo subido á él el Sr.
Alferes mayor acompañado de los Sres. Regidor preeminente y D. Manuel
Tabares que hacia de Decano, los Escribanos del Cabildo, y D. Joseph y don Luis
ramos, reyes de Armas, pronunciaron estos las voces de ceremonia de silencio,
oir, escuchar y atender; y el Sr. Salvatierra las de Castilla, Castilla, Castilla L.M.N.L.F y F. Ciudad de Ronda por el Sr. Rey D.
Cárlos IV Ntro. Sr. (que Dios Guarde), descubriéndose al
mismo tiempo los reales retratos que se hallaban en el balcon principal de las
referidas Casas consistoriales baxo de un magnífico dosel”. Noticia
de las fiestas celebradas por L.M.N.L.F.Y.F. ciudad de Ronda en la
proclamación del Sr. Rey D. Carlos IV. Imprenta Real, 1789.
[24]
“... inmediatamente
se dio principio al acto, presentando el mayordomo de
la Ciudad
al Corregidor en una
bandeja de plata el Real estandarte, de que hizo entrega al alférez
mayor; y recibiendo por este, salió de su asiento á uno de los
extremos del tablado y proclamando al rey nuestro Sr. En la forma acostumbrada;
y descubriéndose al mismo tiempo el retrato de S.M. y el de la reyna
nuestra Sra., que hasta entonces estuvieron cubiertos con velos de plata, se
confundieron los repetidos vivas de todo el concurso con el repique general de
campanas, y la triple salva de la artilleria de las murallas y fuerte de S.
Cristóbal, con la fusileria del regimiento de Infantería de Irlanda,
que se hallaba sobre las armas para este efecto”. Noticia de las fiestas
celebradas por
la M.N
.yM.L.
ciudad de Badajoz en la proclamación del señor Rey Don Carlos IV. Imprenta Real, 1789, p. 2.
[25]
“... Hermoseaba la cima ó remate de la popa una Corona Imperial
sobre un pabellón Real, por defuera de tisú de oro, fondo
encarnado, y por dentro de martas. En el centro de este sobre una concha de oro
y cristales se veian con decoro y magestad los Retratos de los dos Augustos
Monarcas. Sostenian la concha dos bellas estatuas del tamaño del
natural, que en su ropage, adornos y símbolos, manifestaban ser
la España
y
la América
, la
primera en ademan de ofrecer
la
Corona
al Rey nuestro Señor, y la segunda el Cetro
á su Esposa dignísima”. Gil, Manuel. Relacion de
la Proclamación
del Rey Nuestro Señor Don Carlos III y fiestas con que la celebró
la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla, de cuya órden se da á
la luz. Madrid, Imprenta de la viuda de Joaquín Ibarra, 1790, p. 83.
[26]
“... la plaza de
la Seo
por donde comienza dicha carrera, estaba ricamente adornada,
distinguiéndose la gran fachada del Hospital, que formando desde el
suelo hasta el rejado una primorosa perspectiva, con transparentes por las
noches, presentaba baxo un gran dosel en el centro un magnífico altar
con la imagen de nuestra Señora de
la Asunción
su
titular sobre la cama, preciosamente vestida, y á los lados en dos
hermosos pabellones los retratos de SS.MM., y un arco triunfal muy elevado,
correspondiente al edificio por donde se introduce á
la Calle
mayor o
Corregería”. Noticia circunstanciada de las fiestas de Real
proclamación del Señor Rey D. Carlos IV, executadas por
la M.I.
ciudad de S. Felipe en
el reyno de Valencia. Madrid, Imprenta Real, 1789, p. 2.
[27]
“... y se empezaron
á retirar por el arco de la casa de Malleza á la casa de
la Picota
, donde se halla
la Universidad
, en cuya
principal fachada se habia erigido á expensas de su Claustro un
magnífico tablado con dosel y coertinas de damasco carmesí, en el
que se hallaban los Reales retratos con el del fundador de dicha Universidad”. Relacion del modo con que se executó en la ciudad de Oviedo, capital del
Principado de Asturias,
la Real Proclamación
de Nuestros
Católicos Monarcas. Madrid, 1790, s/p.
[28]
“... En el balcon principal de la casa del referido Sr. Alférez
mayor del Principado se manifestaron en el mismo dia á las 10 de la
mañana los Reales retratos de sus Magestades baxo un magnífico
dosel de damasco carmesí guarnecido con franja y fueco de oro, haciéndoles
la competente guardia en todos los dias que estuviéron expuestos al
público las partidas de
la
Brigada
de Artillería con espada en mano en los
balcones y bayoneta calada en las puertas de la casa, cuya fachada pintada y
adornada con el mayor esmero y exquisitos cortinages, con varias poesías
alusivas al intento y orladas de ramages de flores, y compuestas todas por el
Sr. Alférez mayor, representaba la perspectiva mas agradable,
habiéndose colocado un quadro en transparente sobre los mismos Reales
retratos, en que se leía un letrero de letras mayúsculas, que
decía: Viva Carlos IV y su augusta Esposa; y otro debaxo, que
manifestaba pintadas las armas de dicho Sr. Alférez mayor. La
iluminacion y adorno de la casa eran de exquisito gusto y magnificencia”. Relacion
del modo con que se executó en la ciudad de oviedo, op. cit., s/p.
[29]
A.V.M. Secretaría. 2-80-9.
[30]
Pemán y Pemartín, César. Catálogo del
Museo Provincial de Bellas Artes de Cádiz (Pinturas). Madrid, 1964,
nº 140 y 141.
[31]
Archivo de
la
Real Academia
de San Carlos [a partir de ahora A.R.A.S.C.], Libro
Primero. Acuerdos en limpio de juntas ordinarias desde el año 1768 asta
1786. Junta del 4 de enero de 1789. Catalá y Gorgues, Miguel Ángel. El pintor
y académico José Vergara (Valencia 1726-1799). Valencia,
2004, p. 330.
[32]
A.R.A.S.C. Libro Primero [...], junta ordinaria de 1 de febrero
de 1789. Catalá, op. cit., p. 331.
[33]
Archivo de
la
Academia
de San Fernando [a partir de ahora A.A.S.F.] Libro
de Juntas Ordinarias, 1 de marzo de 1789, ff. 95v-96v.
[34]
AA.VV. José Antonio de Armona. Noticias privadas de casa
útiles para mis hijos (recuerdos del Madrid de Carlos III). Madrid,
1989, p. 63.
[35]
A.A.S.F. Libro de juntas particulares, 3 de mayo de 1789.
3/124, ff. 109-109v.
[36]
Corpvs Velazqveño. Documentos y Textos. Madrid,
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, 2000, t. I, pp. 95-96.
[37]
Guevara, Felipe de. Comentarios de
la Pintura
que escribio Don
Felipe de Guevara, Gentil-hombre de boca del Señor Emperador Carlos
Quinto, Rey de España. Se publican por la primera vez con un discurso preliminar y
algunas notas de don Antonio Ponz, quien ofrece su trabajo al Excelentisimo
Señor conde de Florida-Blanca, Protector de las nobles Artes. Madrid, 1788, pp. 150-151.
[38]
Archivo Histórico Nacional [a partir de ahora A.H.N.].
Consejos. leg. nº 11278, exp. nº 2. Este asunto es tratado por AA.VV. Calcografía Nacional. Catálogo General. Madrid, 2004, t.
I, p. 280.
[39]
“...Habiendo dado cuenta del acuerdo precedente lei una carta del Sor.
Protector que decia – Para que
la
Academia
de Sn. Fernando haga el acostumbrado
cumplido al Rey nuestro Señor en las presentes circunstancias
deberán ir en nombre de todo el cuerpo el Protector, Viceprotector, los
quatro consiliarios mas antiguos, el Secretario, el Director General, los tres
de Pintura Escultura y Arquitectura, y los del grabado, se lo comunico à
Vs. para que lo haga presente à
la Junta
, y ruego à Dios gue. su vida ms.
as. Palacio 30 de enero de 1789. El Conde de Floridablanca. Sor.
Dn. Antonio Ponz. – Quedé con el encargo de indagar de SE. el
dia y hora qe. se sirva determinar para que
la Academia
desempeñe
esta comision y dar el aviso correspondiente à los señores que
han de concurrir”. A.A.S.F. Libro de Juntas particulares, 1 de febrero de 1789.
3/124, f. 105.
[40]
Gaceta de Madrid. viernes 13 de febrero de 1789.
[41]
El 20 de febrero de 1790 Juan Moreno presenta los abonos de todo el
año de 1789, y en una de sus partidas se anota: “... En los mozos q. han
traido y buelto el Retro. del Rey para. las Junts. 19 rs.”.
A.A.S.F. 3/231, f. 105.
[42]
En la memoria de gastos de esta Función que presenta Juan Moreno el 13 de septiembre de 1790, hay
una entrada que dice: “... En el mozo que trajo el retrato del Rey. 2 rs.”.
A.A.S.F. 3/232, f. 47.
[43]
A.A.S.F. Libro de juntas particulares, 1 de marzo de 1789.
3/124, f. 106v.
[44]
A.A.S.F. Libro de juntas particulares, 3 de enero de 1790.
3/124, ff. 129v-130.
[45]
Barcia, Ángel María de. Catálogo de la
colección de dibujos originales de
la Biblioteca Nacional.
Madrid, 1906, p. 155, nº 805.
[46]
Morales y Marín, José Luis. Francisco Bayeu. Vida y
obra. Zaragoza, 1995, pp. 208 y 273.
[47]
“... El Director de Pintura Dn. Franco. Bayeu me
pasó un aviso de que siendole forzoso estar de orden de S.M. toda la
presente jornada en Aranjuez, no podia proseguir el mes de Abril en la
dirección de la sala del natural, conforme habia empezado: por lo qual
esperaba que se nombraria quien le supliese, prometiendo hacerlo él en
otra ocasión.
La Junta
,
cediendo por ahora á la necesidad, resolvió que se adelantase el
turno de los otros tres Sres. Directores, previniendoselo asi
á estos, y quedando el Sor. Bayeu con la obligacion de servir
este mes atrasado para igualar otra vez el orden establecido”. A.A.S.F. Libro
de juntas particulares, 3 de abril de 1791. 3/124, f. 162v.
[48]
Dn. Franco. Bayeu: Pintor de Camara de SM. necesita
el carruaje siguiente; un carro cuvierto para el domingo por la mañana y
un coche de colleras para el lunes proximo, para yr al Sitio de Aranjuez
á diligencias del Rl. Servicio Md, á 7 de
Abl. de 1791. Franco. Bayeu. [al margen] Direccion de
Carre. Se apromptará el carro, y coche de colleras qe.
este se pide. Palacio 7 de abril de 1791. Ruiz”. Archivo General de Palacio [a
partir de ahora A.G.P.] Carlos IV (Casa) leg. nº 92.
[49]
Francisco Bayeu no se resiste a firmar sus frescos del oratorio de
Carlos IV en el Palacio de Aranjuez. De las dos estancias que conforman esta
capilla, la primera lleva la fecha de 1790, mientras que la segunda que
envuelve pictóricamente a
la Inmaculada
de Mariano Maella la de 1791.
[50]
“Dn. Franco. Bayeu Pintor de Camara de S.M.
tiene qe. regresar á Madrid, y necesita, un coche de seis
mulas y un carro de cuatro, para el sabado proximo: Aranjuez 22 de Junio de
1791 Franco. Bayeu. Dirección de Carre. Se
dará el coche de seis mulas, y carro de quatro desde este Sitio a Madrid
para el fin que refiere el aviso qe. precede. Aranjuez à 22
de Junio de 1791. Se da este abono en vrd de orn del Sumer. de Corps
de 4 de agosto ded
1786”
.
A.G.P. Carlos IV (Casa) leg. nº 92.
[51]
“Cuenta de un marco qe. tengo hecho pa. el
retrato de Su Magd. el rey nro Señor de orden de dn.
Fraco. Bayeu primer pintor de Su Magd: hasta el dia 9 de
julio de 1791.
Primeramte.
de haver echo el ensemblaje y tallado de dho marco. 420 rr.
El
importe del dorado. 782 rr.
Suman
estas partidas 1.202 rr.
Importa esta
cuenta un mil doscientos y dos rrs. Madrid â 11 de julio de
1791. Jorge Balze.
Recibí
el importe desta cuenta por mano de dn. Franco. Bayeu
primer pintor de Su Magd. Madrid a 13 de julio de 1791. Jorge
Balze”. A.G.P. Obras cª. 17.533.
[52]
“Cuenta de lo qe. tengo gastado en lienzos para la
servidumbre de S.M. y tener de prebención aparejados, para lo qe.
pueda ocurrir: Con un marco tallado y dorado para el Retrato del Rey N.S.
Primeramte.
de 66 baras de lienzo de Sn. Jorje á 7 rrs. la
bara. 462 rs vn.
De
las costuras. 30 rs.
Del
marco, sus hechuras y el dorado. 1.202 rs.
Suman
estas partidas. 1.694 rs. vn.
Importa
toda esta cuenta, mil seiscientos nobeinta y cuatro reales de bellon. Madrid 12
de Julio de 1791. Franco. Bayeu. Vo. Bo. Sabatini.”
[Otro
recibo] “Rvi. del Sor. dn. Franco.
Bayor cuatrocientos sesenta y dos rs. impte. de 66 varas
de lienzo de Sn. Jorje para pintar; a razon de 7 rs.
vara. 462. Franco. Blanco”
[Otro
recibo] “Digo yo Maria Josefa Rodríguez é recibido de mano de Dn.
Franco. Bayeu la cantidad de 30 rrs. von.
importe de las costuras para cinco quadros, y por ser verdad lo firmo en Madrid
oy dia 9 de Julio de este año de
1791”
. A.G.P. Obras cª 17.533.
[53]
AA.VV. Catálogo de Pinturas de
la Real Academia
de
la Historia
, Madrid,
2003, p. 109.
[54]
A.A.S.F. Libro de Juntas Particulares, 7 de agosto de 1791.
3/124, f. 172.
[55]
A.A.S.F. Libro de Juntas ordinarias, 7 de agosto de 1791. 3/85,
f. 167v.
[56]
A.A.S.F. Libro de Juntas Particulares, 4 de septiembre de 1791.
3/124, f. 174.
[57]
“Numº 1. El Retrato del Rey N.S. Dn. Carlos IV pintado
por Dn. Franco. Bayeu, tiene vara y media de alto, y vara
y quarta de ancho con marco tallado y dorado” A.A.S.F. Noticia de
la Pinturas
que posee
la Rl. Academia.
CF
1/2.
[58]
A.G.P. cª. 108 exp. nº 17. Morales y Marín, José
Luis. “Ramón Bayeu: Obras destruidas y desaparecidas”. Academia.
Boletín de
la
Real Academia
de Bellas Artes de San Fernando. 1997,
nº 85, p. 265.
[59]
“Dn. Franco. Bayeu. Dice que vieron V.V.M.M. con
agrado los Retratos hechos por su Hermano: Que con este motivo pidió
algun aumento de sueldo para èl, sobre los 15.000 rs.
annuales que goza; y que V.M. le respondió, bien, bien.” [al margen]
“Desele hasta el sueldo de veinte mil rrs. qe. compondra
con los cinco que se le aumentan al Pintor de Camara dn. Ramon
Bayeu. Fecha la orden à la tesoreria gral, y avisos à èl
Mayordomo maor., y al Sumiller de Córps interino, en 18 de
Mayo de
1791”
.
A.G.P. cª 108 exp. nº 17
[60]
“Cuenta qe. Yo Dn. Ramon Bayeu Pintor de Camara
de S.M. (que Dios gue) presentó, de los gastos de colores pago de
moledor y demas causados durante
la
Jornada
de Aranjuez del Preste. año de 1791
qe. con expresn. es a saber.
Primeramte pinte de orn de SM. el quadro del Altar maior de
la Escuela Pia
, para el
qual empleé veinte y dos varas de lienzo incluso el doble para su mayor
conserbazn. à 7 ½ rs. 165.
Por
la conducion del quadro para qe. S.M. le viese en Aranjuez. 50.
De
la Buelta
à Madrid. 30.
De
una posta para ida y vuelta Aranjuez à enseñar el cuadro. 324
[...]”. Factura de Ramón Bayeu fechada el 30 de junio de
1791. A
.G.P. Carlos IV
(Casa) leg. 50.
[61]
“[...]De un coche para ir y volver a dho Rl. Sitio para
seguir pintando en los retratos de las personas Rs. 540.
Por
los bastidores y cajon para dhos. Retratos sesenta rrs. de vn.
60.
Por
la conducción de dho.
30”
Factura de Ramón Bayeu fechada el 30 de junio de
1791. A
.G.P. Carlos IV
(Casa) leg. 50.
[62]
“... los retratos oficiales de Goya de 1789, que serán la
imagen oficial de los monarcas durante diez años”. Ros de Barbero,
Almudena. “Laurent Pécheux: Pintor francés retratista de
María Luisa de Parma, Princesa de Asturias”. El Arte foráneo
en España. Presencia e influencia. Madrid, C.S.I.C., 2005, p. 416.
[64]
Rodríguez Torres, María Teresa. “Retrato de Mª
Luisa de Parma. Un cuadro de Goya postergado y otras observaciones sobre el
pintor”. Anuario del Museo de Bellas Artes de Bilbao. 1994, pp. 49-50.
[65]
A.G.P. Carlos IV (Casa) leg. 47. Mena Marqués, Manuela. y
Maurer, Gudrun. La duquesa de Alba, musa de Goya. El mito y la historia.
Madrid, 2006, pp. 247-248.
[66]
Factura fechada el 30 de junio de 1789. Sambricio, op. cit., pp.
XCI-XCII.
[67]
El 29 de abril de 1789 Francisco Goya se desplaza en
compañía del pintor Vicente Gómez varios días a la
jornada a Aranjuez. El fin de este viaje era jurar el cargo de Pintor de
Cámara al día siguiente. “Para la servidumbre del Rey Nro Sor. se
necesita un coche de seis mulas para Dn. Vicente Gomez, y Dn.
Franco. Goya, ambos pintores de Camara de S.M. que ande ir este dia
á Aranjuez. Madrid y Abril 29 de 1789. Celedonio Rostriga. Diron.
de Carre. Se apromptarà el coche de seis mulas que en este se
expresa. Palacio 29 de Abril de 1789. Ruiz”. A.G.P. Carlos IV (Casa) leg. 91.
[68]
Además el 11 de mayo de 1789 Francisco Goya ya firma un recibo
en Madrid por una réplica de este prototipo, con destino a
la Real Fábrica
de Tabacos de Sevilla.
[69]
A.G.P. Carlos IV (Casa) leg. 47. Mena y Maurer, op. cit., p, 247
[70]
Este documento es un borrador de una misiva, que en su portada se
anota: “En 3 de Marzo de 1790. Se pasa orden á Tesoreria mor.
segun minuta para que á dn. Franco. de Goya se
paguen los dos mil rs. vn. qe. ha costado el
retrato de SM. qe. esta en esta Secreta.” A.G.P. Carlos
IV (Casa) leg. 178.
[71]
Museo del Prado. Inventario General de Pinturas III. Nuevas
adquisiciones, Museo Iconográfico, Tapices. Madrid, 1996, p. 1337,
nº Inv. 7102.
[72]
AA.VV. Goya. Retratos para la Real Fábrica de Tabacos de
Sevilla. Madrid, 1985, p. 24.
[73]
“El Rey ha resuelto que de los fondos de esa Casa se abonen a Don
Francisco de Goya los 4.000 reales de vellón, importe de los dos
retratos de medio cuerpo de S.M. y
la Reyna N.
Sra. para el Tribunal de esa Casa”.
Sambricio, Valentín de. Exposición
Francisco de Goya. IV Centenario de
la Capitalidad. Madrid
, 1961, p. 98.
[74]
Benavente, Luis. “Un retrato y un autógrafo de Goya”. ABC,
julio de 1934.
[75]
El 4 de agosto de 1807 el mencionado Pedro Gómez redactaba un
memorial para solicitar al monarca su retiro, en el que explica su carrera:
“... Pedro Gomez, residente en esta Corte, asistente en
la Pintura
de Dn.
Franco. de Goya, Primer Pintor de Camara, Puesto A.L.P. de V.R.M. en
el mayor rendimto. digo; hace que sigo travajando en esta facultad,
quarenta y quatro años con el corto jornal de seis rrs.
Hé servido en las òbras de Pintura al fresco y à el olio,
con los Profesores de mor. carrera quales fueron, Tiepolo en el
Salon de Embajadores, de este Rl. Palacio, y después de haver
asistido à Mengs con su orden me pusieron con Dn. Franco.
Bayeu, à quien àsistí à todas las òbras, que Practicò así en el
Real Palacio, como en todos los Sitios Reales, y en el Claustro de
la Catedral
de Toledo, por
lo que después pasè à servir en dha facultad, à Dn.
Franco. de Goya”. A.G.P. Administrativa leg. 38
[76]
Sambricio, 1961, op. cit., p. 51.
[77]
AA.VV. Catálogo de las Pinturas de
la Real Academia
de
la Historia. Madrid
,
2003, pp. 160-163.
[78]
AA.VV. 2003, op. cit., p. 111.
[79]
Sambricio, Valentín de. “Los retratos de Carlos IV y
María Luisa, por Goya”. Archivo Español de Arte, t. XXX,
1957, p. 87.
[80]
Archivo Histórico Provincial de Cáceres. Sección
Real Audiencia. Leg. 1 exp. nº 32. Hurtado Urrutia, Miguel. “Nuestros
artistas de ayer (Un territorio poco explorado)”. Los misterios de
Cáceres. 1998, pp. 178-180.
[81]
Descripcion de los ornatos públicos con que la corte de
Madrid ha solemnizado la feliz Exâltacion al trono de los Reyes Nuestros
Señores don Carlos III y doña Luisa de Borbon y
la Jura
del Serenisimo
Señor Don Fernando Principe de Asturias. Madrid, Imprenta Real,
1789, pp. 35-36.
[82]
British Library, mss. Eg. 376, ff. 108-114..
[83]
A.A.S.F. Libro de juntas particulares, 5 de julio de 1789,
3/124, f. 113v.
[84]
Gutiérrez Pastor, Ismael. “Alegorías de Luis Paret para
la Proclamación
de Carlos IV (1789) y otras obras”. Goya, 2006, nº 313-314, pp.
271-182.
[85]
Esta nota aparece tachada. Biblioteca Nacional de Madrid. Mss.
12.628, f
. 9v.
[86]
Morales y Marín, José Luis. Mariano Maella. Vida y
Obra. Zaragoza, 1996, p. 159.
[87]
Águeda, Mercedes y Salas, Xavier. Cartas a Martín
Zapater. Madrid, 2003, p. 303.
[88]
A.H.N. Consejos. leg. nº 11278, exp. nº 3.
[89]
“... He visto el
memorial qe. devuelvo presentado á V.E. por Dn.
Manuel Salbador Carmona [...] ; de que se infiere qe. se vendian de
su cuenta y no de la de
la
Rl. Imprenta
qe. no reporta ni ha
reportado las mas remota utilidad en los retratos, ni tampoco de los Mapas de
España y alrededores de Madrid qe. se toman separados de
la Guia
qe. es lo
unico qe. se vende de cuenta de
la Rl. Imprenta
;
por lo qe. en terminos de rigurosa justicia, no comprehendo qe.
Carmona sea acreedor al mas minimo reintegro, y qe. debe ser de su
cuenta esta perdida, ya qe. lo han sido todas las utilidades, qe.
no habran dejado de ser bastantes al excesivo precio qe. los ha
vendido, no siendo justo qe. sobre la gracia qe. se le
hacia de venderle solo sus laminas se le remunere la perdida qe.
tenga, cargando
la Imprenta
con unos retratos qe. pr. su pequeño tamaño
no se les podia aplicar á ningun uso; y asi unicamente considero qe.
por una equidad se le podian abonar aquellos qe. pudo haver
necesitado
la Rl.
Imprenta
pa. dirigir á V.E. y se reparten a
las Personas Rs. y por
la Primera Secretaria
;
o V.E. resolverá lo qe. sea de su agrado”. Carta de
José Antonio Fita al conde de Floridablanca fechada el 31 de enero de
1789. A
.H.N. Consejos, leg.
nº 11278, exp. nº 2.
[90]
En su diario Sepúlveda anota también que prestó
su medalla a Bergaz “... para las funciones”. Biblioteca Nacional de Madrid.
Mss. 12.628, ff. 9v-10.
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