El caso de George Owen Wynne Apperley es el de tantos extranjeros, particularmente británicos, que quedaron subyugados por la cultura hispana y el paisaje español, por aquel entonces considerado como destino exótico alejado de las convenciones y las costumbres europeas. Nacido en el seno de una familia noble, pasó su primera juventud en las costas del sur de Inglaterra y en Alton, Hampshire. A pesar de los deseos del segundo marido de su madre Margaret para que se dedicara a la carrera militar, y de ella misma, que soñaba con que su hijo dirigiera su atención a la vida eclesiástica, George mostró desde muy pronto su inclinación por la pintura, la mitología griega y los estudios sobre las civilizaciones antiguas; estos primeros conocimientos marcaron su pintura posterior, de reminiscencias clásicas al margen del correr de los tiempos y de la máquina voraz de la vanguardia. Una vez superadas las dificultades familiares, viajó a Italia por vez primera en 1904, acontecimiento que como era de esperar marcó profundamente su desarrollo posterior. Ese mismo año fue admitida una de sus acuarelas |
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Retrato de dama con mantilla |
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para la exposición anual de la Royal Academy, y un año después volvió a Italia; también tuvo lugar su primera exhibición individual en la Baillie Gallery, todo un éxito en la prensa inglesa. En 1907 se casó con Hilda Pope, con quien tuvo dos hijos, Edward y Phyllis, y se sucedieron las exposiciones individuales en la Baillie Gallery, la Leicester Gallery y en Londres, en 1912, en la Walker’s Art Gallery, mientras se sucedían los viajes por Europa y, en especial, por Italia. En 1914 recaló en España, viaje que marcaría por siempre sus derroteros vitales y pictóricos, ya que quedó fascinado por los lugares y las especifidades culturales del país. Durante este primer viaje pintó, fundamentalmente, acuarelas, como el Puente de Alcántara o Mañana en Granada. A partir del definitivo establecimiento en Granada, en 1916, y situado su estudio en la Placeta de San Nicolás, George se dedicó a pintar paisajes de los alrededores, retratos de mujeres españolas con trajes típicos de la zona y gitanos del Albaicín. En España se casó en segundas nupcias con Enriqueta Contreras, con quien tuvo otros dos hijos, George y Riki. Su primera exposición española tuvo lugar en Madrid, en noviembre de 1918, inaugurada por los reyes de España. A ella le siguieron exposiciones en Londres, en el Royal Institute of Painters in Watercolours y en la Royal Academy, de gran éxito en los medios de comunicación, eventos que alternaba con continuos desplazamientos a Italia y a Marruecos. De hecho, a partir de 1932 estableció su residencia en Tánger, donde siguió pintando sus conocidas composiciones pobladas por desnudos femeninos en distintas posturas, de regusto académico. En 1936 fue nombrado Comendador de la Mehdavia, por los “servicios a la causa” republicana; y en 1945 recibió la Encomienda de Alfonso X el Sabio, un honor nunca recibido en vida por un artista británico. Finalmente, en 1951, fue distinguido como miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Málaga. Murió en Tánger en 1960. |