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FRANCISCO BAYEU Y SUBÍAS

(9.3.1734-4.8.1795)

 

Aunque la personalidad y el genio artístico de Francisco de Goya han eclipsado a todos los pintores de su generación, sin dada el más afectado ha sido su cuñado, Francisco Bayeu y Subías (Zaragoza, 9.3.1734-Madrid, 48.1795). Las disputas que tuvieron ambos por su diferente concepción pictórica, saldadas a favor de Goya en la posteridad, han perjudicado bastante la valoración que se ha llevado a cabo sobre la obra de Bayeu aunque, en el tiempo en el que se produjeron, dichas disputas fueron favorablemente resueltas a favor de Francisco Bayeu. Pueda ésto servir de ejemplo de como se valoró y se valora la obra de Bayeu; el tránsito de la fama y el reconocimiento en vida a una valoración academicista y fría que, en comparación con la evolución de Goya, ha afectado a su pintura y a la de todos los miembros de su generación. Pero más allá de la evolución crítica de su obra, los frescos de Bayeu, sin lugar a dudas, uno de los fresquistas más importantes de su generación, tuvieron enorme éxito en su época y, sin temor a equivocarnos, se puede considerar su vida como una vida de triunfo y trabajo coronada por una serie de éxitos al alcance de muy pocos pintores del momento.

Estudio de Paños (1780)

Como suele ser habitual, poco sabemos de la infancia y juventud de Francisco Bayeu, más allá de que era hijo de un maestro lancetero, Ramón Bayeu Fanlo, y de María Subías Domínguez y que cursó sus primeros estudios, de latinidad y gramática, en Zaragoza, posiblemente en los escolapios y en los jesuitas. Cuando Bayeu tenía catorce años encaminó sus pasos hacia el mundo del dibujo y de la pintura recibiendo clases del profesor más acreditado de Zaragoza, José Luzón Martínez. Este período de aprendizaje, que se extendió hasta 1753, concluyó con la llegada a la capital aragonesa del pintor Antonio González Velázquez quien contrató al joven Bayeu como su ayudante para pintar la cúpula de la Santa Capilla del Pilar. La relación entre González Velázquez y Francisco Bayeu debió de ser muy buena pues, al regreso a Madrid del primero y tras la muerte de los padres de Bayeu, le apoyará para entrar como alumno en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


Desde 1753 Francisco Bayeu estaba desplegando una actividad pictórica profesional en Zaragoza que concluirá con su instalación en Madrid con toda su familia en abril de 1758. A partir de este momento se le concederá una beca por parte de la Academia de Bellas Artes para que reciba clases de pintura de Antonio González Velázquez. Sin embargo, a finales de ese mismo año de 1758 la armonía entre ambos se rompió, la beca fue suspendida y toda la familia Bayeu decidió regresar a Zaragoza, lugar donde, poco a poco, estaban consiguiendo una clientela que siempre, incluso posteriormente, intentarían mimar y complacer.


Desde 1759 cuando, ya de regreso a Zaragoza, Francisco Bayeu se casará con Sebastiana Merclein y Salillas, hija del pintor zaragozano, Juan Andrés Merclein, sus esfuerzos se centraron en el marcado aragonés, siendo este objetivo uno de los motivos de su boda. Los encargos se sucedieron y entre ellos, el más significativo fue el del Monasterio Jerónimo de Santa Engracia de Zaragoza.


Sin embargo, la suerte de Francisco Bayeu que tras su frustrada estancia en la Corte parecía encaminada hacia el mercado aragonés, cambió cuando a principios de 1763, Anton Rafael Mengs se acordó de él para que ayudarle en las decoraciones pictóricas del nuevo Palacio Real. Tras superar las pertinentes pruebas técnicas y acabar sus encargos aragoneses, Francisco Bayeu y su familia regresaron a la Corte instalándose en la misma en mayo de 1763.


A partir de este año, la carrera de Francisco Bayeu se centrará en la Corte, cumpliendo fundamentalmente los encargos que le encomendaba la familia real. Aún así, los modos de actuación no sufrirán ningún cambio con respecto a los establecidos en Zaragoza teniendo en cuenta que, por otra parte, eran los habituales de la época. Bajo la tutela de Mengs llevará a cabo un carrera basada en las decoraciones palatinas, ascendiendo, junto a Mariano Salvador Mealla, en la jerarquía de los pintores cortesanos y en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, adscribiendo a su grupo familiar a un joven pintor en alza, Goya, y esperando el reconocimiento profesional y social de sus patrones: Mengs, Carlos III y Carlos IV.


Como excelente fresquista Francisco Bayeu será el encargado de la realización, en ocasiones con Maella, de la decoración de las principales obras del momento. Así, ayudó hasta su marcha a Mengs en las diferentes decoraciones del Palacio Real que le ocuparon el resto de su vida. También llevó a cabo la decoración del convento de San Pascual Bailón en Aranjuez (1770), la de la Colegiata de La Granja junto a Mealla (1770), la del Palacio de El Pardo (1773-1774), la del Calustro de la Catedral de Toledo, también con Mariano Maella, que se extenderá desde 1776 hasta 1790 o la del Palacio de Aranjuez (1778-1779). Dentro de los encargos reales no debemos olvidar los cartones para tapices y los oratorios portatiles que Bayeu realizará para diferentes miembros de la casa real.


Fuera de los encargos de la Monarquía la obra más importante que llevará a cabo Francisco Bayeu será el ciclo decorativo para la Basílica de El Pilar de Zaragoza, labor que desarrollará en dos fases: 1775-1776 y 1780-1781. En esta decoración se observa como Bayeu y su familia, en las decoraciones también participará Goya, su cuñado, intentaron mantener vivas las relaciones con sus clientes aragoneses que fueron los primeros en confiar en ellos. En estas decoraciones es donde se produjo el famoso enfrentamiento entre Goya y Francisco Bayeu resuelto, en última instancia, a favor de Bayeu que, no olvidemos, era en esos momentos, uno de los pintores más importantes de la Monarquía.


A la par que desarrollaba esta frenética actividad pictórica, Francisco Bayeu se iba llenando de puestos, honores y retribuciones. Así, el 13 de enero de 1765, a propuesta de Mengs, Bayeu fue nombrado Teniente-Director de Pintura por la Real Academia de San Fernando y ese mismo año, el 14 de mayo, Carlos III le concedió un sueldo anual de 24.000 reales. El 10 de abril de 1767 consiguió ser nombrado Pintor de Cámara, mientras el 3 de mayo de 1769 se le aumentó el sueldo hasta los 30.000 reales anuales. Tras conseguir estos reconocimientos muy rápidamente, tuvo que esperar hasta el 7 de junio de 1788 para alcanzar la Dirección de Pintura de la Academia de Bellas Artes y hasta junio de 1795 para ser designado como Director de dicha Academia. Menor fortura tuvo Francisco Bayeu en su pretensión de ser nombrado Primer Pintor de Cámara, objetivo que nunca conseguirá, aunque Carlos IV a cambio le subió el sueldo hasta 50.000 reales anuale el 2 de agosto de 1790, siendo éste el mismo sueldo que cobrarán tanto Maella como Goya cuando se les conceda el título de Primer Pintor de Cámara.


Con este sueldo y los honores antedichos, Francisco Bayeu continuará subiéndose a los andamios en su labor de fresquista hasta casi su lecho de muerte para decorar el dormitorio del rey en el Palacio Real ya en 1794. Esta incasable sólo se interrumpiría al caer enfermo en marzo de 1795. No conseguirá recuperarse de esta enfermedad entrando en su estado agónico que concluirá con su muerte durante la madrugada del día 5 de agosto de 1795 siendo enterrado en la parroquia de San Juan de Madrid.

 

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