Antonio Carnicero (1748-1814)
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Comida de Sancho Panza
en la Ínsula Barataria Circa 1780.
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Este dibujo forma parte de la serie
de ilustraciones de Carnicero para la edición del Quijote
de 1780, a cargo de la Real Academia Española. A partir
de él, Joaquín Fabregat realizó el grabado
incluido en el tomo IV de la obra (Cap. XLVII) donde se describe
la escena aquí representada. Hijo del escultor Alejandro
Carnicero, Antonio nació en Salamanca en enero de 1748
trasladándose a Madrid con su familia posteriormente. Su
carrera en la corte estuvo vinculada a la Academia de San Fernando
gracias a su hermano Isidro, con quien marchó a Roma en
1759 para una estancia de varios años y donde obtuvo varios
premios por sus dibujos copiando esculturas clásicas. Además
recibió encargos de varios aristócratas y participó
en series de ilustraciones como esta edición del Quijote,
la de trajes españoles de Juan de la Cruz y desde 1796
la serie de Equitación, obra impulsada por el todopoderoso
ministro de Carlos IV, Manuel Godoy. En julio de 1788 la Academia
de San Fernando lo nombró académico de mérito.
Su labor para la Casa Real se vio recompensada en abril de 1796
cuando obtuvo el puesto de pintor de cámara que había
solicitado sin éxito en anteriores ocasiones. Durante el
reinado de José I trabajó como pintor para el rey
francés al que sin embargo nunca juró fidelidad
por escrito como otros de sus compañeros, alegando sentirse
“indispuesto” el día del juramento. El final
de su vida se vio marcado por el desagradable suceso de su ingreso
en prisión, acusado de participar en el complot fernandino
para derrocar a Carlos IV. Además también se vio
afectado por las represalias tomadas en tiempos de Fernando VII
contra quienes habían colaborado con el gobierno francés.
Falleció en Madrid poco después de que el rey le
concediera la amnistía, el 21 de agosto de 18141.
La obra maestra de Cervantes conoció
un gran éxito en toda Europa desde comienzos del siglo
XVIII que se tradujo en varias ediciones de la obra con magníficas
estampas. El Quijote fue considerado por los Ilustrados ante todo
como un libro cómico, poniéndose de relieve las
escenas de carácter burlesco y diferenciándose así
de la visión más seria de la obra que se produciría
en el siglo XIX. Esta moda cervantina se desarrolló con
especial fuerza en Francia donde a nivel artístico supone
un hito la realización, a partir de 1716, de los cartones
de Charles A. Coypel destinados a tapices de Gobelinos. Aunque
otros pintores franceses, como Natoire, realizaron también
series ilustrando las aventuras del caballero andante, el afrancesado
Quijote de Coypel se difundió enormemente por Europa a
través de la estampa. Influencia que es apreciable también
en las ediciones españolas de la obra, como la patrocinada
en 1771 por la Real Compañía de Impresores y Libreros,
ilustrada con estampas de Manuel Monforte según diseño
de José Camarón(2).
Las ediciones españolas del
Quijote hasta la fecha no habían destacado especialmente
por la calidad de edición ni en los textos ni en las ilustraciones.
La situación cambió con la edición en la
que se incluyó esta escena de Antonio Carnicero, patrocinada
en 1780 por la Real Academia Española, a partir de la cual
el libro sería impulsado desde libro cómico popular
hasta clásico nacional en palabras de Schmidt3. La Academia
supervisó el libro hasta el mínimo detalle: se encargó
su impresión a Joaquín Ibarra (impresor del rey
y de la Academia) y se utilizó papel realizado para la
ocasión por Joseph Llorens, así como tres fundiciones
nuevas de letra con matrices y punzones hechos por Gerónimo
Gil.
Igual cuidado se puso en las ilustraciones
que motivaron algunos malentendidos con la Academia de Bellas
Artes de San Fernando. Se eligió a los más destacados
artistas cuidando los aspectos estéticos de la obra tanto
como el rigor histórico, algo de que carecían, pese
a su calidad, las estampas en ediciones extranjeras. Así,
las ropas de los personajes se copiaron de cuadros del siglo XVII
existentes en el Palacio Nuevo y en el Buen Retiro; las armas
de época, de las existentes en la Armería Real.
Incluso los tipos populares se sacaron de personajes manchegos
reales. La obra contenía además un mapa de los lugares
en que se ambientaba la historia realizado por Tomás López,
geógrafo del rey, a partir de los trabajos de campo del
ingeniero José de Hermosilla.
Antonio Carnicero realizó un
total de veinte estampas además de varias cabeceras y remates
de página, cobrando por cada uno de los dibujos preparatorios
para grabar como éste, 400 reales. El dibujo muestra una
de las más hermosas composiciones realizadas por el artista
para el libro: Sancho Panza, recién llegado a la ínsula
de Barataria como gobernador, se dispone a comer en el interior
de un suntuoso palacio que el artista ha ambientado en el siglo
XVII, cuyos muros decoran varios retratos y escenas de batallas.
En el centro de la composición el doctor Pedro Recio de
Agüero (o “de mal agüero”, como lo bautizó
el malhumorado Sancho posteriormente) impide al nuevo gobernador
comer cualquier cosa que le presentan los pajes situados a la
izquierda, trayendo y llevando a la mesa bandejas con frutas y
todo tipo de manjares. Otros personajes, como el situado detrás
del hambriento Sancho, a quien ha colocado una especie de babero,
contemplan regocijados la escena. La ambientación de ésta,
cuidando el rigor en la representación de elementos arquitectónicos
y de mobiliario tanto como de los tipos humanos, es muy diversa
del ambiente rococó en que Coypel presentó sus escenas,
y explica por qué el Quijote de 1780 supuso un hito, y
no sólo filológico, en la historia del inmortal
personaje cervantino.
M.a CRUZ DE CARLOS
1 Catálogo de la Exposición
Antonio Carnicero. 1748-1814, Madrid, Museo Municipal, febrero-marzo
1997. Biografía a cargo de M.ª Antonia Martínez.
Martínez Ibánez, M.ª Antonia. “Antonio
Carnicero y las ediciones de ‘el Quijote’ de Ibarra
de 1780 y 1782”. Villa de Madrid, 1988, n.o 96, pp. 21-34.
2 La difusión europea es
analizada entre otros en las siguientes obras: “Don Quichotte
au XVIIIe siècle” en Catálogo de la Exposición,
Don Quichotte vu par un peintre du XVIIIe siècle: Natoire,
Musée National du Château de Compiègne (14
mai-10 juillet 1977), Musée des Tapisseries d’Aix-en-Provence
(20 julliet-21 septembre 1977) pp. 60-64. Catálogo a cargo
de Odile Picard Sébastiani. Johannes Hartau. Don Quijote
in der Kunst. Wandlungen einer Symbolfigur, Berlín, 1987.
3 Rachel Schmidt. Critical Images.
The Canonization of Don Quixote through Illustrated Editions of
the Eighteenth Century, Quebec, McGill-Queen’s University
Press, 1999. Francisco Calvo
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