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Retrato de Carlos III

Procedencia: Colección particular, Alemania

Miniatura sobre marfil 4,3 x 6,5 cm

También disponible en PDF

Esta pequeña miniatura de marfil formaba parte de un presente que desde la Corte hispana se envió para agasajar a un personaje germano del que no tenemos constancia. La miniatura, probablemente, formaba parte de un conjunto mayor de regalos que se diseminaron posteriormente. Es esta una miniatura pintada sobre marfil en donde aparece representado Carlos III con coraza militar y la banda de la Real Orden que lleva su nombre. Al fondo, a la derecha, se abre un vano en donde, de manera significativa, aparecen dos torres en perspectiva.

De la observación de la miniatura deduciremos que se realizó con posterioridad a 1772 pues el monarca aparece representado con la banda de la Orden de Carlos III que él mismo fundó ese año. Además se observa que esta pieza se realizó siguiendo el modelo impuesto por Mengs en las representaciones de las personas reales tras el primer retrato del monarca que realizó tras su llegada a Madrid hacia 1761. Un simple vistazo de las dos piezas nos confirma esta influencia. El retrato realizado por Mengs se convertía así en referente oficial de las representaciones de Carlos III y la imagen que había que proyectar del mismo en el exterior. Nos encontramos ante el “retrato oficial” del rey que se reproducirá en diferentes piezas como comprobamos en esta que nos ocupa.

Con lo que sabemos y deducimos podemos, con cautela pero sin miedo, introducirnos en el terreno de lo que se puede intuir. Y para ello tendremos que hablar del concepto de regalo y su evolución a lo largo del Antiguo Régimen. Dejando a un lado la utilización del presente como un medio para influir en decisiones ajenas de manera más o menos encubierta, en un regalo encontramos dos planos de análisis que han sido profusamente estudiados por los antropólogos para las sociedades primitivas: el plano material del valor real del presente y el plano simbólico en donde se explicaría los intereses ocultos de la realización del mismo. A lo largo de la Edad Moderna la relación de estos dos planos que siempre, incluso hoy, están presentes, evolucionan significativamente. El valor material del regalo se hace cada vez menos importante mientras que el carácter simbólico del mismo aumenta progresivamente. Esto no quiere decir que los regalos no tengan ningún valor material, lo cual era imposible, sino que, paulatinamente, este valor sufre una serie de modificaciones en la que cada vez se da más importancia a características como la rareza o el carácter único del presente que al propio valor físico de la pieza.

Tenemos así una serie de objetos caracterizados por su singularidad y su alto contenido simbólico. Será en este marco donde la obra de arte, por su carácter único y sus posibilidades simbólicas, se presenta como un regalo ideal. Y dentro de ellas, esta miniatura de marfil, puede servir de magnífico ejemplo de una de las utilidades de la obra de arte en el mundo del regalo cortesano y, a su vez, de éste en el marco de las relaciones entre las diferente monarquías

CARLOS III,RETRATO DE CARLOS III,
ÓLEO SOBRE LIENZO, 154 x 110 CM,
MUSEO DEL PRADO

Además de su importancia como regalo, tanto en el plano material como simbólico, en esta miniatura también se advierten, como en la mayoría de las obras de arte del período, elementos propagandísticos de quien lo ordena realizar, en este caso, la Monarquía Hispana. Si, en general, el arte del Antiguo Régimen tiene un poderoso fin propagandístico, en el caso de la Corona, este objetivo aumenta considerablemente y más si, como en el caso que nos ocupa, el objeto se enviaba como regalo a cortes extranjeras. Así, en esta pieza se plasma uno de los grandes temas del reinado de Carlos III: la unión de la tradición con la modernidad. Por un lado, se presenta una imagen moderna del monarca con la difusión del nuevo modelo de retrato neoclásico impuesto por Mengs aunque en él, significativamente, el poderío mili tar se resalta a través de la coraza que también aparece representada en la miniatura de marfil. En esa pieza, además, la banda de la Orden de Carlos III actualiza y moderniza las distinciones honoríficas típicas del Antiguo Régimen. Frente a esto, en un diálogo que pretende ser armónico, nos encontramos con resabios tradicionales como la representación del monarca con un traje militar y la columna clasicista del fondo que, a un mismo tiempo, hacen referencia tanto a la antigüedad y fortaleza de la Monarquía como a la Antigüedad y el clasicismo, a la postre moderno por el intento que se esta llevando a cabo por la elite cultural de imponer el gusto neoclásico. Este conversación entre lo antiguo y lo moderno, perfectamente simbolizada en la miniatura era lo que, al menos en el terreno de la propaganda política, decía pretender el monarca aunque, al final, los verdaderos objetivos reales eran aumentar el absolutismo de su poder.

manuel amador gonzález fuertes

 

 

 

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