Francisco Bayeu (1734-1795)
Majo con la capa y
Majo
Ver artista
(recto y verso) 1776-77 Lápiz negro y clarión/Papel
azulado. 485 × 435 mm
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En la época inmediata al arribo
de Carlos III a España, la labor prioritaria en sus residencias
fue la de facilitar una imagen más moderna a las bóvedas
simplemente encaladas de numerosas estancias mediante artífices
que crearan al fresco y estuco. De ahí que hacia estos
años se acometan gran cantidad de empresas constructivas
no sólo con objeto de acrecentar sino también de
acondicionar el alojamiento de la familia real en los diferentes
Reales Sitios. Por el contrario la década posterior de
los setenta parece estar presidida por un activo interés
por dotar a muchos de estos recién interpretados espacios
de una adecuada presencia mediante la culminación de series
de tapices que facilitaran una calidez tanto visual como material
a sus frías paredes. En el transcurso de esta década
se despliega una frenética actividad creativa con la finalidad
de satisfacer la incesante demanda de tapices de las continuas
campañas ornamentales emprendidas en los diferentes cuartos
de gran parte de las residencias borbónicas. Entre todas
estas intervenciones la más ambiciosa quizás será
la practicada bajo los diseños de Francisco Sabatini en
el Pardo. Gran parte de los pintores que componen el entramado
pictórico hispano se presentan de un modo u otro vinculados
a la decoración textil de este lugar de recreo y caza tan
cercano a la corte de Madrid.
Esta pareja de dibujos compone algunos
de los diseños preparatorios para los personajes recogidos
en un cartón para tapiz que habría de tejer la Real
Fábrica de Santa Bárbara con destino al comedor
de Carlos III en el Pardo. En concreto estos bosquejos se plantearon
para la escena inventariada como La novillada en Carabanchel cuya
realización material sería llevada a cabo por Ramón
Bayeu, aunque como especifica el propio pintor en su factura:
“Este cuadro lo he pintado bajo la dirección de mi
hermano don Francisco Bayeu Pintor de Cámara de S.M.”.
La posibilidad de que fuera su hermano mayor quien le suministrara
gran parte de los diseños y bocetos para su ejecución
es bastante probable como sucediera años atrás en
la pieza de comer de los Príncipes de Asturias en el Escorial.
La multitud de llamamientos palatinos del aragonés no impidieron
que Francisco Bayeu facilitara numerosos bosquejos para este tipo
de cartones tanto a su hermano Ramón como a su cuñado
Francisco Goya.
La bóveda de esta pieza donde
come el Rey en el Pardo despliega una suntuosa labor de estucos
plasmada por los hermanos Michel representando las hazañas
de Hércules, así como un fresco del propio Francisco
Bayeu con el asunto de La Monarquía española venciendo
los vicios y acompañada de las artes. La nómina
de artesanos que participaron en la ornamentación hacia
1773-74 de esta pieza ha sido perfectamente rastreada documentalmente
casi hasta en la más insignificante entrega de su mobiliario1.
No obstante la conclusión del cartón de Bayeu no
había de comparecer hasta el mes de abril de 1777 y
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Ramón Bayeu. Novillada en
Carabanchel. Madrid,
Museo Municipal. |
Franciso Goya. La novillada.
Madrid, Museo del Prado. |
en su factura se describe con la habitual
minuciosidad todos los elementos integrantes de la composición:
“Hay representado en él la plaza de Carabanchel
de arriba con la diversión que suelen hacer sus vecinos
de un toro enmaromado por lo que ha acudido mucha gente forastera
y del lugar y el toro ha cogido a uno y procuran sacarlo del peligro
aunque está uno con la capa otro lo llama con el pañuelo
y otro con el sombrero y dos mozos del lugar tiran de la maroma,
otros huyen y otros están admirados y varios hombres a
lo lejos en el lugar, y encima del pretil de la Iglesia están
mirando la fiesta. Todo el cuadro está poblado de diez
figuras principales, un toro y un perro, a más distancia
cuatro figuras, a lo lejos seis figuras. Nueve medias figuras
burladas detrás del pretil” (2). Bayeu con esta
escena del toro enmaromado se está adelantando a asuntos
que Goya incluirá dos décadas después en
alguna de sus composiciones tan conocidas como El gayumbo.
Resulta curioso contraponer esta descripción
a la que redacta Cornelio Vandergoten en el momento de recepción
del mencionado lienzo en la Real Fábrica: “representa
la diversión de los vecinos de Caravanchel de arriba en
la plaza de este lugar, de un toro maromado, por lo que ha acudido
mucha gente forastera y de el lugar, y el toro ha cogido a uno
(forastero), en el suelo en el asta por la corba, otro llamándole
con la capa, y otros pañuelos, y sombreros que han tirado
en el suelo a fin de apartarlo, del que tiene cogido, otros huyendo,
y a un costado del cuadro un grupo de gentes forasteras que han
acudido a ver la función, y a lo lejos varias gentes, unos
corriendo, y otros puestos en el pretil (del atrio de la iglesia
que hace fachada a la plaza) viendo la fiesta, todo el cuadro
está poblado con diez figuras, y más lejos seis
figuras, turbadas, nueve medias figuras que son las que están
detrás del pretil del atrio, observando lo que sucede en
la plaza, todos asustados y despavoridos”3. El autor
se decanta casi por una mera enumeración de las figuras
y elementos integrantes de la composición sin llegar desde
luego al extremo de Antonio González Velázquez que
suele comparecer con un simple listado de dimensiones. Por el
contrario el director de esta regia manufactura procede generalmente
a recrearse en la descripción de actitudes como una herramienta
para esbozar una imagen lo más nítida posible de
la escena allí interpretada.
La auténtica pasión
de Francisco Goya por el mundo del toro es asimismo compartida
por su cuñado Francisco Bayeu, con el que se sabe compartió
balcón en la plaza de

Francisco Goya.
El gayumbo. Suiza,
colección particular.
toros en más de alguna ocasión.
Las alusiones de Bayeu a la fiesta son casi permanentes en la
correspondencia que mantiene con Martín Zapater. El aragonés
no duda en ciertos momentos incluso en comparar el arte de la
Pintura con el de la Lidia para argumentar la maestría
de un torero: “tanto Romero como sus Compañeros
jamas ha hecho aquí tanto, pero no me basta para creer
que sabe, pues esta lejos de ser torero, El es lo mismo que si
yo no supiera mas que pintar retratos bien, y ignorara todas las
demas partes de mi profesión, que no supiera ni composición,
ni efecto, ni carácter, etc., de modo que si asi fuera
no sabria pintar las bóbedas de la Virgen ni otras cosas
que ocurren; Y asi Romero no es torero mas que en una parte de
su oficio, Solo con su espada y no ay que sacarlo a otra cosa,
que en ese caso es menor que sus compañeros, y en la espada
no es tanto como quieren que sea sus apasionados, que confunden
el balor, y la fortuna, con la destreza, que es necedad, yo digo
y dire que Costillares sabe mas sin comparación y sale
de los peligros con mas facilidad, y otro salero para todo. Cada
loco con su tema, este es el mío”(4).
Incluso Francisco Goya no presentará
absolutamente ningún reparo en autorretratarse entre los
majos del cartón de “la novillada”. No se ha
señalado nunca cómo los enfrentamientos entre ambos
cuñados se extendían más allá de su
profesión, ya que, como se ve, Bayeu era ferviente admirador
de Costillares y el genial Goya parece decantarse sin embargo
por el matador Romero. Esta afición taurina no era ajena
a los círculos ilustrados ya que Nicolás Moratín
en 1776 proclama con indisimulable orgullo como “la ferocidad
de los toros que cría España [...] junto con el
valor de los españoles, son dos cosas tan notorias desde
la antigüedad que el que las quiera negar acreditará
su envidia o su ignorancia” (5). Este par de artistas aragoneses
tan proclives por naturaleza a este espectáculo son, sin
duda, los que nos han legado algunas de los dibujos más
directos de este mundo del toro tan anclado en la tradición
hispana.
1 Sancho Gaspar, José Luis.
“Goya, los Bayeu y los tapices para el Palacio Real de el
Pardo”, en Permanencia de la memoria cartones para tapiz
y dibujos de Goya, Zaragoza, 1997, p. 44.
2 Morales y Marín, José
Luis. Colección de documentos para la Historia del Arte
en España. v. II. Pintores cortesanos de la segunda mitad
del siglo XVII. Madrid, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando,
1991, pp. 58-59.
3 Archivo General de Palacio.
Carlos III leg. 89. Held, Jutta. Die Genrebilder Teppichmanufaktur
und die Anfänge Goyas. Berlín, 1971, p. 104.
4 Archivo del Museo del Prado,
cartas de Francisco Bayeu n.º 52. Morales y Marín,
José Luis. Francisco Bayeu. Vida y obra. Zaragoza, 1995,
p. 235. 5 Fernández de Moratín, Nicolás.
Carta histórica sobre el origen y progresos de la fiesta
de los toros en España. B.A.E., 1776, t. II, pp. 141-144.
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