ANTONIO CARNICERO
(1748-1814)
La vida y obra de Antonio Carnicero
Mancio (Salamanca, 10.1.1748-Madrid, 21.8.1814) presentan, a la
vez, aspectos habituales en cualquier pintor de éxito en
el mundo ilustrado de la corte madrileña de la segunda
mitad del siglo XVIII con otros rasgos más originales que
alteran el normal discurrir de su vida e influyen en su obra artística.
Desde el primer punto de vista, Antonio Carnicero se encuadró
dentro de lo que podría considerarse la labor típica
del artista reconocido en el Madrid ilustrado. Así, hijo
de un escultor, Alejandro Carnicero, llamado a la corte en 1749
por Felipe de Castro para realizar una serie de esculturas en
el Palacio Real, Antonio Carnicero y sus hermanos se trasladaron
a Madrid y allí desarrollaron una labor artística
cuyas figuras más destacadas fueron el propio Antonio y
su hermanastro Isidro Carnicero. Así, ambos se incorporaron
a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en el caso
de Antonio Carnicero en febrero de 1758, y marcharon a aprender
los secretos de su oficio a Roma, como era habitual entre los
alumnos más destacados de dicha Academia.
De regreso de la capital romana, en 1766, Antonio Carnicero continuó
sus estudios en la referida Academia de San Fernando hasta que,
paulatimente, fue consiguiendo diferentes encargos de diversas
instituciones civiles y eclesiásticas, de particulares
y, finalmente, de la Casa Real. En esta etapa destaca la ayuda
que prestó a José del Castillo en la realización
de los cartones para tapices destinados a las habitaciones de
la princesa de Asturias en el palacio de El Pardo en 1775, sus
trabajos en diferentes decorados de los teatros de la Cruz y del
Príncipe en 1784 o diferentes retratos de Carlos IV y María
Luisa de Parma al ascender al trono en 1789.
Como digno representante de su generación, Carnicero, excelente
dibujante, a lo largo de su carrera, se embarcó en una
serie de proyectos relacionados con el mundo del grabado como
pueden ser sus dibujos para la serie "Trajes de España
e Indias" de 1777; las ediciones de El Quijote auspiciadas
por la Academia de la Lengua y llevadas a cabo por Joaquín
Ibarra en 1780 y 1782; una serie de grabados sobre Tauromaquia
en 1790; un conjunto de retratos sobre personajes españoles
ilustres en 1788 o los dibujos para una serie sobre "Equitación"
que realizó entre 1795 y 1797.
Siguiendo el común camino de los más destacados
pintores de su época y tras varios intentos fracasados
(en 1788, 1792 y 1793), Antonio Carnicero consiguió ser
nombrado, el 17 de abril de 1796, pintor de Cámara de Carlos
IV. A partir de este momento su producción y su vida giró
alrededor de los encargos reales, sus clases en la Academia de
San Fernando y a los infantes y algunos encargos particulares.
Entre los encargos reales figuraron retratos de los príncipes
de Asturias o la realización de cartones para tapices y
alfombras del palacio de El Escorial. Entre los encargos particulares
destacaron los retratos de Godoy, de Francisco Policarpo Urquijo
o de Luis Marino de Urquijo.
En 1808, con la llegada de José I al trono, Antonio Carnicero,
se vio obligado a elegir entre la antigua lealtad a la casa de
Borbón y la nueva lealtad napoleónica. A sus 60
años todo parece indicar que Carnicero, que permaneció
al servicio de Jose I como pintor de Cámara pero que se
cuidó muy mucho de no reconocerle lealtad, optó
por mantenerse en su oficio, ya demasiado mayor para la emigración
que conllevaba ligarse a Fernando VII, pero sin presentarse tampoco
como un fervoroso súbdito del nuevo rey francés.
En 1814, cuando el regreso de Fernando implicó la depuración
de los oficiales que habían estado al servicio de José
I, Antonio Carnicero es purificado apartándosele de su
oficio de pintor de Cámara. Tras la correspondiente súplica
del interesado, Carnicero no pudo disfrutar de su reincoporación
al cargo pues su muerte el 21 de agosto llegó ocho días
antes de la esperada amnistía de Fernando VII, el 29 de
agosto de 1814.
Sin embargo, la vida y obra de Antonio Carnicero, sin dejar de
ser ciertas estas observaciones, presentó una serie de
originalidades que merecen ser destacadas. Así, en primer
lugar, Carnicero marchó a Roma muy joven, a los doce años
(1760), cuando, tras concedérsele una beca a su hermano
Isidro, éste decidió compartirla con Antonio. Esta
estancia romana, que se extendío desde 1760 hasta 1766,
proporcionó a Antonio Carnicero un bagaje cultural y artístico
que desplegará durante su segunda etapa como alumno en
la Academia de Bellas Artes. Los premios conseguidos en diferetentes
academias romanas y la presencia de su hermano Isidro como profesor
en la Academia de San Fenando, le permitieron una posición
ventajosa en la misma, por lo menos en un principio.
Esta situación, junto a los sucesivos premios que consiguió
en la Academia madrileña, llevaron a Antonio Carnicero
a ganar el segundo premio del concurso auspiciado por la Academia
para la decoración de la iglesia de San Francisco el Grande
de Madrid (La coronación del rey Alfonso XI y la reina
María, su mujer, en la iglesia del monasterio de las Huelgas
de Burgos). Este premio le permitió trabajar en la decoración
de la basílica e iniciar así su carrera profesional
fuera de la Academia.
Otro aspecto original de la figura de Antonio Carnicero fue su
excelente relación con el príncipe de la Paz. Aunque
la concesión de título de pintor de Cámara
llegó tardíamente, en 1796, los encargos encomendados
a Carnicero por Godoy fueron numerosos y también abundantes
las representaciones que tuvo que hacer del propio duque de Alcudia.
Su buena relación con Godoy le llevó a ser maestro
de dibujo de los diferentes infantes y, sobre todo, del príncipe
de Asturias. En su relación con el futuro Fernando VII
es donde encontramos la otra característica peculiar de
la vida de Antonio Carnicero. Como profesor de dibujo de Fernando
VII, Carnicero estuvo inmerso en el "proceso de El Escorial",
la conspiración que en 1806 encabezó el príncipe
de Asturias para destronar a Carlos IV. El 7 de noviembre de 1807
Antonio Carnicero fue arrestado como integrante de la conspiración
no siendo liberado hasta el 18 de noviembre del mismo año
cuando se demuestre su inocencia.
A partir de este día se inició en la vida de Antonio
Carnicero y de toda la Monarquía el convulso período
que va desde 1808 hasta 1814 en el cual Carnicero pasó
de realizar encargos para los retratos oficiales del nuevo rey,
Fernando VII (para la Real Academia de la Historia y el Ayuntamiento
de Madrid), a establecerse entre los pintores de Cámara
de José I.
Esta doble perspectiva que, como venimos resaltando, había
marcado la vida de Antonio Carnicero, se hizo presente hasta en
su propia muerte el 21 de agosto de 1814, cuando, todavía
defenestrado por su propio discípulo -Fernando VII, por
el cual habia incluso sido arrestado en los ya lejanos días
de 1807-, no pudo reengancharse a la vida cotidiana de un pintor
de Cámara por su "tibio afrancesamiento".
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