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Ventura Rodríguez (1717-1785)

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Doble modelo de marcos decorativos para el palacio de Arenas de San Pedro 1783 INS.: “Dos generos, ó formas de molduras para guarnecer las colgaduras de las puertas del Palacio de S.A. de la villa de Arenas en su propia magnitud”. Firmado [ángulo inferior derecho]: “Ventura Rodríguez. Madrid 16 de 1783”. Lápiz, tinta y aguada/Papel verjurado. 300 × 425 mm

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No es una casualidad que la firma del famoso arquitecto de Ciempozuelos aparezca asociada a uno de los proyectos edilicios del infante don Luis Antonio de Borbón y Farnesio (1727-1785). A pesar de lo poco que sabemos sobre los pormenores que rodearon la construcción de los palacios de Boadilla del Monte (Madrid) y Arenas de San Pedro (Ávila), nadie duda en atribuir su planteamiento general al quehacer de Ventura Rodríguez. Para ello siguen siendo válidas dos noticias que le vinculan de forma inapelable con este mecenas: una nómina de su casa en la que figura con un sueldo de 18.000 reales (1781); y el magnífico retrato que en 1784 le pintara Francisco de Goya como maestro mayor de la villa de Madrid y “arquitecto del Ilmo. Señor Infante don Luis” (1). Pero lo cierto es que esta relación profesional –teñida, al parecer, de afecto mutuo— debió de comenzar años atrás, al tiempo que se mejoraba y ampliaba la residencia de Boadilla(2).

La vida de este atribulado personaje, que llevó el estigma de ser el hermano del receloso Carlos III, fue reconducida en 1776 con el matrimonio morganático que le unió a la joven María Teresa de Vallabriga y Rozas. Tras una efímera estancia en Velada y Cadalso de los Vidrios, don Luis, convertido en conde de Chinchón, quiso levantar su hogar definitivo en el paraje de la Mosquera de la villa abulense(3). Y para ello debió de contar desde el principio con el ingenio de su fiel arquitecto y la solvencia práctica de tres de sus más destacados colaboradores: en primera instancia, de Mateo Guill y, tras su renuncia por problemas de salud, de los hermanos Domingo e Ignacio Tomás. A este último le debemos un dibujo de la fachada del palacio, realizado en 1779 siguiendo –como resulta más probable— las directrices marcadas por Ventura Rodríguez. Tres años después Domingo firmaría tres plantas con la distribución exacta de sus habitaciones(4).

El dibujo que nos ocupa formaría parte de una serie decorativa que confirma esta vinculación del arquitecto con la fábrica de Arenas en un grado que, no por conocido, resulta hasta cierto punto llamativo. En 1783, cuando las obras del primer cuerpo del palacio parecían muy avanzadas, diseñó el mobiliario para sus habitaciones; en concreto, un elenco de seis mesas con los apoyos articulados según los órdenes clásicos(5). En ese mismo año dibujó estas dos soluciones de marcos para las colgaduras que adornarían las puertas del palacio. Es posible que fueran presentadas para que el infante don Luis o su esposa realizaran la elección definitiva. Y finalmente, en 1785, el propio Rodríguez firmaría un juego de plantas y alzados para decorar algunas cámaras de esta residencia(6).

La incursión del arquitecto en este campo del diseño no era nueva en su carrera. En 1779 había dibujado una colección de asientos para el madrileño palacio de Liria.

Ventura Rodríguez.
Proyecto de espejo y chimenea
para el palacio de Arenas
de San Pedro (1785).
Colección particular.
Ventura Rodríguez.
Proyecto de una consola para
el palacio de Arenas
de San Pedro (1783).
Colección particular.

En aquella ocasión, a petición de su poderoso comitente, había reproducido los últimos modelos de la moda francesa enviados desde París por el marqués de San Leonardo(7). Cuatro años antes, esta vez por encargo del cardenal Lorenzana, había presentado los marcos de estuco que servirían para cobijar los frescos del claustro de la catedral de Toledo, casi al mismo tiempo que preparaba una importante reforma decorativa en el interior del templo(8). Una forma de actuar, tan omnímoda como eficaz, que retrata el talante de Ventura Rodríguez y su preocupación por integrar en la planificación de sus fábricas todos los aspectos decorativos, por muy nimios que fueran.

1 José Manuel Arnaiz y Ángel Montero. “Goya y el infante don Luis”, en Antiquaria, n.o 27, Madrid (1986), p. 50.

2 Antonio Ponz, Viaje de España, t. VI, Madrid, 1988, pp. 299-300; y Gaspar Melchor de Jovellanos Elogio de D. Ventura Rodríguez, Madrid, 1790, p. 175.

3 Eduardo Tejero Robledo, Arenas de San Pedro y el valle del Tiétar. Historia, Literatura y Folclore, Ávila, 1990, pp. 111-163; y Francisco Vázquez García, El infante don Luis Antonio de Borbón y Farnesio, Ávila, 1990, pp. 411-446.

4 Carlos Sambricio. “Datos sobre los discípulos y seguidores de D. Ventura Rodríguez”, en Estudios sobre Ventura Rodríguez (1717-1785), Madrid, 1985, pp. 258-267.

5 Luis G. de Candamo, “Dibujos originales de Ventura Rodríguez”, en Arte y Hogar, n.° 50, Madrid (1949), pp. 15-20; El dibujo en España, Galería Caylus, Madrid, 1992, n.o 15; y Goya y el infante don Luis de Borbón. Homenaje a la “infanta” doña María Teresa de Vallabriga, Zaragoza, 1996, pp. 190-193.

6 Goya y el infante op. cit., pp. 172-175.

7 Ibídem, pp. 178-189; y José Manuel Pita Andrade, “La construcción del palacio de Liria”, en Anales del Instituto de Estudios Madrileños, t. IX, Madrid (1973), pp. 287-322.

8 José Manuel de la Mano, “Pintores de Cámara de Carlos III en la Catedral de Toledo: Maella y Bayeu al servicio del Cardenal Lorenzana”, en Reales Sitios, n.o 143, Madrid (2000), pp. 52 y 60; y Juan Luis Blanco Mozo, “La restauración como problema: El arzobispo Francisco Antonio Lorenzana y Ventura Rodríguez ante las reformas de la catedral de Toledo”, en Anales del Departamento de Historia y Teoría del Arte, t. XII, Madrid (2000), pp. 111-130.

 

 

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