José María Sánchez
Salvador

Alzado
imaginado de la fachada de la catedral de Jaén Circa 1791-1805
INS.: “Fachada de la Catedral de Jaen, sacada p.r la planta
y explic.n del viaje de d.n Ant.o Ponz” Firmado [ángulo
inferior derecho]: “Shz. Salvador” Lápiz, tinta
y aguada/Papel verjurado. 435 × 275 mm
También disponible
en PDF
No deja de ser paradójico el
resultado de esta especie de ejercicio práctico que tuvo
como lejano modelo de inspiración a la fachada de la catedral
de Jaén. Su autor levantó este alzado sobre la base
de la planta general del templo reproducida en el tomo XVI (1791)
del Viaje de España, con la única ayuda de la descripción
aportada por Antonio Ponz y, para su desgracia, sin conocer el
meritorio telón pétreo proyectado en 1667 por el
arquitecto Eufrasio López de Rojas. El fruto de esta arriesgada
combinación –sólo entendible, según
nuestro criterio, en el contexto didáctico de un taller
o de una academia de dibujo– dejó en evidencia los
parámetros estilísticos en los que se movía
el dibujante y la cuidada intencionalidad del texto que le sirvió
de guía.
Que al viajero ilustrado no le entusiasmó
la cara principal de la catedral jienense no es noticia. Despachó
su descripción en apenas unas líneas, en términos
muy poco entusiastas, más bien fríos, y con una
crítica a la escasa calidad de algunos de los relieves
escultóricos que decoran sus puertas(1). Sólo mencionó
la existencia de ocho columnas corintias, tres puertas de acceso,
los citados relieves, las nueve estatuas que rematan el primer
cuerpo y las torres que flanquean la entrada. Y por si fuera poco
ignoró la fachada a la hora de elegir las láminas
que ilustrarían su libro. Se decantó por reproducir
la mencionada planta del templo y un proyecto de Ventura Rodríguez
para el Sagrario, que de forma significativa nunca se llevaría
a la práctica al ser sustituido por otra traza del mismo
autor(2). Tuvo tiempo además para defender la eliminación
del coro, yendo más allá de la propia opinión
expresada por el citado arquitecto.
Conocido el gusto clasicista y desornamentado
de Ponz, resulta comprensible que no le agradara la disposición
general de esta sobrecargada fachada, en la que los requiebros
de las molduras, las decoraciones vegetales –carnosas y
con mucho relieve, según las formas introducidas por Alonso
Cano en la cara principal de la catedral de Granada– y los
elementos arquitectónicos formaban una máscara que
ocultaba el muro. Una profusión que apenas dejaba distinguir
los ecos de la idea original vandelviresca, con las torres como
principal reminiscencia, el esquema trasplantado del modelo que
creara Maderno para San Pedro de Roma o los recuerdos, con la
balaustrada y corredor del ático, de la basílica
escurialense(3).
Lejos pues de la inapelable realidad
de este monumento, el autor del dibujo –por lo demás,
no exento de gracia y calidad– delineó una versión
neoclásica de la fachada descrita en el Viaje de España,
en la que predomina el muro, las estructuras adinteladas, la simetría
de cada una de las partes y, en general, la claridad compositiva
del conjunto. Una arquitectura simple, limpia, que ha reducido
al mínimo su capacidad expresiva. Como rémoras del
barroco clasicista, permanecen las columnas corintias del cuerpo
inferior, al que se le ha privado del segundo nivel de ventanas,
y las esculturas monumentales que refuerzan los ejes verticales.
Llama la atención la introducción de tres grandes
claraboyas circulares en el segundo cuerpo –en el que no
se aprecia ningún retranqueo respecto al inferior–
que parecen recrear el uso que siglos atrás diera Vandelvira
a este elemento, por ejemplo, en el palacio ubetense de Vázquez
de Molina; o el que el mencionado Rodríguez planteara para
uno de los proyectos del citado Sagrario, también desechado,
que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.
Por lo demás, no exento de
gracia y calidad– delineó una versión neoclásica
de la fachada descrita en el Viaje de España, en la que
predomina el muro, las estructuras adinteladas, la simetría
de cada una de las partes y, en general, la claridad compositiva
del conjunto. Una arquitectura simple, limpia, que ha reducido
al mínimo su capacidad expresiva. Como rémoras del
barroco clasicista, permanecen las columnas corintias del cuerpo
inferior, al que se le ha privado del segundo nivel de ventanas,
y las esculturas monumentales que refuerzan los ejes verticales.
Llama la atención la introducción de tres grandes
claraboyas circulares en el segundo cuerpo –en el que no
se aprecia ningún retranqueo respecto al inferior–
que parecen recrear el uso que siglos atrás diera Vandelvira
a este elemento, por ejemplo, en el palacio ubetense de Vázquez
de Molina; o el que el mencionado Rodríguez planteara para
uno de los proyectos del citado Sagrario, también desechado,
que se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. Por lo demás,
las torres del dibujo poco o nada tienen que ver con las que flanquean
la fachada de Jaén, sobre todo por aparecer más
disociadas con los niveles del lienzo central y por carecer de
los matices propios que otorgan personalidad a su modelo. Sus
respectivos tramos exentos obvian la silueta del triple vano que
rememora el famoso cuerpo que Hernán Ruiz “el Joven”
planteara con tanto éxito en la Giralda de la catedral
de Sevilla.
A falta de conocer datos fiables sobre
la biografía de su autor, lo dicho hasta ahora y el tipo
de letra de la inscripción invitan a situar la ejecución
de este dibujo en los últimos años del siglo XVIII,
siempre después de 1791, o en los primeros del XIX, cuando
la arquitectura neoclásica reinaba en España.
1 Antonio Ponz. Viage de España,
en que se da noticia de las cosas más apreciables, y dignas
de saberse, que hay en ella, Madrid, 1791, t. XVI, pp. 178-179.
2 Thomas Ford Reese. The Architecture
of Ventura Rodríguez, Nueva York-Londres, 1976, t. I, pp.
148-150; María Luz de Ulierte Vázquez. “La
decoración del Sagrario de la catedral de Jaén”,
en Boletín del Instituto de Estudios Gienenses, Jaén
(1981), pp. 65-89; Juan Higueras Maldonado. El sagrario de la
catedral de Jaén (Notas Históricas), Jaén,
1985; y Joaquín Montes Bardo, “El sagrario de Jaén:
una capilla ilustrada”, en Espacio, Tiempo y Forma. Serie
VII. Historia del Arte, Madrid (1996), pp. 127-155.
3 Francisco Pinero Jiménez
y José Martínez Romero. La Catedral de Jaén,
Jaén, 1954, pp. 28-37; Fernando Chueca Goitia. Andrés
de Vandelvira. Arquitecto, Jaén, 1971, p. 180; Guillermo
Álamo Berzosa. Iglesia catedral de Jaén. Historia
e imagen, Jaén, 1971, pp. 63 y 82; y Antonio Galera Andreu.
Arquitectura de los siglos XVII y XVIII en Jaén, Granada,
1977, pp. 161-171.
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