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La fuente esencial para conocer la biografía de Francisco Antolínez es el Parnaso Español Pintoresco Laureado que Antonio Palomino publicó en 1724, aunque, en lo referente a este pintor, con algunos errores subsanados por Ceán Bermúdez en el Diccionario Histórico de 1800 y por los investigadores posteriores. Algunas fuentes lo hacen hermano de José Antolínez, más famoso que él, y otras sobrino; en todo caso, fueron familiares. Sabemos por Palomino que fue hombre dedicado al estudio y al ejercicio de la abogacía, y durante los ratos libres practicaba su afición a la pintura, en que alcanzó extraordinaria habilidad, al menos para un aficionado, en escenas pequeñas con fondos de paisaje; tanta, que según Palomino vivía de dicho entretenimiento, pues vendía las obras en los entornos del alcázar de Madrid, donde se había trasladado en 1672. Siendo la pintura, por aquel entonces, oficio mecánico y servil, y por tanto peyorativo y gravoso para el que lo ejerciera, Francisco Antolínez prefería ser tenido “por letrado y no pintor”, por lo que ocultaba su ocio y no firmaba la mayor parte de sus obras. La que sirve de piedra de toque para clarificar su producción es la firmada y fechada, en 1678, Adoración de pastores de la catedral de Sevilla. El resto de su obra muestra la influencia notable de Murillo en escenas de pequeño o mediano tamaño, que en la mayoría de ocasiones formaban, en origen, series de seis, ocho o doce lienzos, de calidad desigual; la factura nerviosa y deshecha denuncia el fin último de las obras: ser vendidas con rapidez para satisfacer las necesidades básicas y pecuniarias del pintor. Palomino, que fue conocido suyo, afirma que “en la que se quería detener era muy superior cosa”. Lo cierto es que su “genio atronado” y extravagante, quizá un tanto maníaco, no le permitía medrar en terrenos de la abogacía, por lo que la pintura se convirtió en medio de subsistencia esencial, aunque también probó otros; tras enviudar pretendió ser sacerdote, aunque no lo consiguió, quizá por ese temperamento colérico. Murió en Madrid en 1700, y fue enterrado en la iglesia parroquial de San Millán.
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