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VENTURA RODRÍGUEZ

(14.7.1717-26.9.1785)

 
 

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Aunque fundamentalmente reconocido como arquitecto, la labor de Ventura Rodríguez Tizón (Ciempozuelos, 14.7.1717-Madrid, 26.9.1785) en el campo del dibujo técnico resulta también muy interesante. En su caso, además, el interés de este tipo de dibujos aumenta porque, por los avatares de su vida, muchos de su proyectos no se llegaron nunca a realizar.

La trayectoria vital y profesional de Ventura Rodríguez resulta bastante atípica en el mundo ilustrado hispano. Si bien tuvo cargos de responsabilidad desde muy joven, partir de la muerte de Fernando VI, en 1759, entró en un cierto ostracismo en la Corte, donde predominaban figuras como Sabatini o Juan de Villanueva, sin que Ventura Rodríguez terminara de establecerse como el gran arquitecto cortesano que apuntaba en su juventud. Aún así, sus edificios, los conservados, los destruidos y los proyectados, son de una importancia fundamental en el tránsito del barroco al neoclasicismo arquitectónico. Hijo primogénito del segundo matrimonio entre el maestro albañil, Antonio Rodríguez y Jerónima Tizón, Ventura Rodríguez entró en contacto con el mundo de la arquitectura cuando, desde el 2 de mayo de 1727, acompañaba a su padre en las obras que este realizaba en el Real Sitio de Aranjuez que estaban bajo la dirección de Pedro Caro Idrogo. A las órdenes de Caro Idrogo, Ventura Rodríguez, todavía un adolescente, actuará como delineante hasta que, a consecuencia del incendio del Alcázar en 1734, sea llamado por Juvara para trabajar como delineante suyo en el nuevo Palacio Real que estaba gestando. Tras la muerte de Juvara y la llegada de Sachetti, el papel de Ventura Rodríguez aumentará en importancia haciéndose imprescindible para el arquitecto italiano tanto por sus dotes como delineante como por sus valía como traductor. Prueba del importante papel que estaba realizando es el nombramiento real como Aparejador Mayor de Palacio concedido a Ventura Rodríguez el 28 de abril de 1741.

Con este nombramiento Ventura Rodríguez inicia una década que supondrá la de su consolidación en la elite de los arquitectos españoles culminada por su nombramiento como socio de mérito de la Academia de San Luca de Roma en 1747 y como Arquitecto Delineador Mayor del Palacio Real en 1749. Desde este nombramiento los cargos y las obras se suceden. En 1752 fue nombrado Director de Arquitectura de la Real Academia de San Fernando, institución que dirigiría en dos ocasiones posteriormente (1766 y 1775).

En lo que hace referencia a su producción, su primera gran obra, además de colaborar en la realización del Palacio Nuevo, será la Iglesia de San Marcos de Madrid (1749-1753) a la que continuarán edificios como el Trasparente de la Catedral de Cuenca (1752), la Capilla del Pilar de Zaragoza (1754) o el Proyecto para la Capilla de San Pedro de Alcántara en Arenas de San Pedro (1755).

Esta década prodigiosa terminó con el fiasco de la construcción de la Casa de Correos de Madrid en 1761. Tras realizar los planos para el edificio y contar con el beneplácito regio, la obra, finalmente, fue adjudicada al arquitecto francés Marquet. Tras este fracaso, la labor arquitectónica de Ventura Rodríguez descendió en categoría. La llegada y favor real que recibió Sabatini traslado a Ventura Rodríguez del círculo íntimo del monarca. Aún así, su labor arquitectónica continuó alrededor de los encargos que le encomendaba el Consejo de Castilla, algunos miembros de la familia real y el Ayuntamiento de Madrid del que fue nombrado Maestro Mayor de obras y fuentes en 1764.

En el desplazamiento de Ventura Rodríguez se mezclarán cuestiones personales con artísticas. La llegada al trono de Carlos III propició toda una serie de cambios en el mundo artístico de los que Ventura Rodríguez saldrá desfavorecido. Como Arquitecto Real no se le podrá defenestrar pero el rey muestra siempre una especial predilección por Sabatini frente a la que Ventura Rodríguez no podrá hacer nada. Desde un punto de vista artístico, la modernidad de Sabatini, con unos planteamientos neoclásicos puros, jugará en contra de Rodríguez, un arquitecto a medio camino entre el último barroco y el neoclasicismo que impondrá Sabatini durante su primacía.

A pesar de ser desplazado por los nuevos arquitectos, la carrera de Ventura Rodríguez seguirá hasta su muerte de forma continuada y muy abundante (se cifran en más de ciento cincuenta los trabajos realizados). Desde 1766 destacan entre sus obras edificios tan importantes como el Colegio de Cirugía de Barcelona (1760), el Sagrario de la Catedral de Jaén (1761-1764), el Palacio del Infante Don Luis en Boadilla del Monte (1763), el Palacio de Liria de Madrid (1773) o la Basílica de Covadonga (1779).

Además de los encargos los honores también se suceden: En 1768 es nombrado académico de la Academia de San Carlos de Valencia, en 1775 la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País le encomienda sus negocios arquitectónicos, etc.
Así pasan los años, con una actividad frenética hasta que le sorprende la muerte en Madrid el 26 de agosto de 1785, siendo sepultado en la bóveda central de su gran obra religiosa madrileña, la iglesia de San Marcos junto a su segunda esposa.

 


 
 
 
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